CARLOS REYES
- ¿Cómo nació "La viuda"?
- Higinio Mena es el autor de las canciones. Era un músico argentino que yo conocí en 1970 y durante años nos mostramos nuestros trabajos, intercambiamos experiencias, y cuando él murió, en 1998, yo tenía un casete con su música, que ahora presentamos con una sonoridad muy particular. Es un sonido bastante picaresco, porque tiene mucho violín, clarinete y armónica. Hay mucha alegría y ritmos como de bombo, como de banda de pueblo. Algunas canciones me hacen acordar a Kusturica. Era un tipo raro, con un lenguaje decimonónico, como de escritor viejo, pero con una energía muy nueva, una música nueva.
- ¿Y las letras por dónde van?
- Pasan por muchas cosas: el despertar del amor, cómo un chico descubre lo erótico, la naturaleza, el olor de la primavera. Otras son canciones políticas, aunque no partidarias, claro: `De los bichos que avisan, viva el chajá, que me avisa si viene, la autoridad`. U otra: `De las aves que bailan no me gusta el cuervo, porque baila en sotana, chambergo negro`. Es muy rebelde, aunque sin hacer planteamientos políticos: `Y tenía un hijo y una compañera, un obrero, hermano, no anda con vueltas. Al mundo hay que cambiarlo, trabajaba en eso, las ruedas de la historia, son de carne y hueso`.
- ¿Son sobre personajes reales?
- Vos sabés que son reales y yo no sabía. Porque con Higinio hablábamos de las canciones, pero nunca hablamos realmente si esos tipos existían. Y el sábado pasado, en una presentación que hice en el Ateneo, en Buenos Aires, recibí cuando me faltaban unas tres o cuatro canciones para terminar, una tarjeta de una señora, Doña Olga, que era la madre de Higinio, que tiene 92 años, y después me contó las historias de algunos de los personajes. Ellos vivían cerca de La Plata, en una casa sobre pilotes, y allí aparecen personajes especiales, como un misterioso contrabandista, o los jóvenes abriéndose a la vida. Yo escribí mucho sobre la infancia y la juventud, y creo que con Higinio tenía una gran afinidad en eso. Por eso este disco.
- Como un homenaje
- Vamos a no decir homenaje, sino que él me pasa letra. Porque homenaje suena medio formal, y éramos tan informales. Incluso cuando murió, él estaba en París y yo aquí, y después pensé que fue mejor, porque éramos tan informales que para qué despedirnos. No creíamos en ritos ni en ceremonias. Hay un personaje suyo, que es un loco que va con su circo de una sola persona, con un loro y perros que bailan, y yo en ese personaje me lo imagino a él. Creo que lo representa bien, porque entre los amigos le decíamos El Loco.
- ¿Cómo surgió aquello de evocar la infancia como materia musical, allá por fines de los `60?
- Esa época fue muy fuerte en música. Acá teníamos el tango, la música campera, pero entró el rock, el verdadero, en inglés, y nosotros éramos unos chiquilines, de 14 o 15 años, y veíamos en el cine cómo se bailaba y tratábamos de hacer todas esas cosas. En realidad soy un roquero frustrado, porque no sabía inglés y no sabía tocar bien la guitarra. Claro, si hubiera sabido no sé si hubiera hecho las mismas canciones. Capaz que me salvé: porque hubiera hecho rock y no mi propia música. Además yo tenía muy poca voz, bueno, sigo teniendo, lo que pasa es que después aprendés a manejarla, y con los años el caudal crece.
- ¿Cómo fue esa fusión musical?
- Es que entonces no había textos de pueblos: había textos ciudadanos, que era el tango, o textos del campo, la música campera. O sea que se trataba de la china y el caballo, o el guapo y la percanta. Y fue esa generación uruguaya la que empezó en el Río de la Plata a hablar de la gente de championes y vaqueros, que se levantaba temprano para ir a trabajar. Cosas normales que pasaban en los barrios. Nuestro acierto fue no pintar héroes, como los de las canciones gauchescas, los duelos, nada de eso. Eran todo costumbres.
- Como "Los panaderos"
- ¡Los panaderos! Yo no sé, es rarísimo, porque yo siempre la traté como si fuera una canción infantilota, y me veía medio tonto escribiendo esa canción, y después resultó bastante linda. Incluso Chiquillada: yo quería escribir un cuentito y me salió una estrofa (`Pantalón cortito...`) y la empecé a desarrollar y salió. Te juro que no sé ni cuántas estrofas tiene: la tendría que cantar para contarlas. Era muy joven y no tenía ninguna pretensión de nada. Y anduvo, anduvo hasta ahora: 40 años.
-¿Cómo evalúa usted la dimensión popular que tomaron sus canciones con el tiempo?
-Sí, es rarísimo. Hay tres canciones mías que creo que me van a sobrevivir por mucho tiempo: Chiquillada, La sencillita y A mi gente, y capaz que alguna más, que están en los colegios y son material de estudio. Y es curioso que luego fueron rebautizadas por la gente: Pantalón cortito, La villa Pancha y Sentados al cordón de la vereda.
- Pocos años después vino la dictadura y se cortó todo eso.
-Sí, pero yo seguí escribiendo. Hasta ese momento yo había hecho canciones costumbristas y alguna de protesta, porque no estaba fuera de la realidad. Y después seguí afuera, aunque esa etapa de aquella narrativa que recordaba la infancia ya la había agotado un poco. Entonces empecé otra etapa, donde hablo más del amor, del desarraigo, del borracho pero con flores, que era en realidad una canción muy triste, más allá de que la gente se divierta mucho con ella. Estaba padeciendo el exilio: `Voy de país en país, cantando`.
- ¿Actualmente trabaja todos los días?
-No, soy un informal. Trabajo todos los días armando giras y ensayando, pero canciones ya casi no hago, y está bien que no haga porque si no tengo ganas, ni mucho para decir, si no me sale espontáneamente, sería forzar algo que podría resultar un producto sin la contundencia de esas canciones que hice cuando era un inconsciente, cuando las hice porque me salían.
- ¿Y no trabaja sobre las canciones viejas?
-Eso sí, lo que hago es arreglar (o desarreglar) un poco las letras, desdramatizándolas. Algunas son un poco barrocas y trato de alisar un poco el lenguaje para hacerlas más sencillas, para poder regrabarlas algún día, no sé cuando.
- ¿Cómo va a ser el espectáculo para presentar este disco?
-Yo trabajo mucho en el armado del espectáculo, y me han hecho notar que estoy como más teatral, más tipo café concert. De pronto si tuviera una gran voz, les diría a los músicos `larguen` y me pongo a cantar. Pero si tenés una voz más o menos escasa, tratás de sensibilizar y seducir con lo que tenés, y metés acá la palabra, allá una luz. Algo de eso es el espectáculo que voy a dar.
Perfil
Nombre: José Carbajal
Nació: Juan Lacaze, en 1943
Edad: 63 años
Otros datos: escritor y cineasta aficionado
"Las grandes cosas se hacen con piedras y palitos"
Según Carbajal, lo que más marca a la gente es la infancia. "También la juventud, el amor, son experiencias muy fuertes, pero creo que el vínculo con la madre, el padre y hermanos no se puede diluir nunca. Uno es lo que fue en la infancia", sentencia El Sabalero, quien grabó su primer LP en 1969, que incluía algunos de los mayores éxitos de su carrera: Chiquillada, La Sencillita y A mi gente.
También sus declaraciones públicas han calado hondo en la gente, como cuando años atrás realizó duras afirmaciones contra el ejército.
"Mi intención no era armar lío. Yo desprecio mucho al poder, y quizá lo malo fue decirlo, no pensarlo".
Otra de sus pasiones -junto con el cine y la escritura- es la escenificación: "Las grandes cosas se hacen con piedras y palitos. Como una imagen en contraluz azul que utilicé en el Solís: la había sacado de las cajas de fósforos Luna, y era una figura recortada en una luna de fondo. Nadie tiene ideas originales: eso estaba en una caja de fósforos y yo la puse en el Solís".
Músico con ganas de escribir un gran cuento
La literatura ha estado presente desde siempre en las canciones de El Sabalero, que conjugan letras poéticas con melodías pegadizas. Sin embargo, un día sintió la necesidad de escribir un relato, y desde entonces busca realizar un cuento magistral. En el exilio empezó a escribir sobre animales, porque notó cuando viajaba por Suecia o Dinamarca, que muchas veces los niños no conocían a la gallina o al pez vivos, sino ya convertidos en alimentos. Escribió entonces para los hijos de los uruguayos en el Exterior un conjunto de cuentos.
"Cuando murió mi padre, en 1978, todo eso lo convertí en una aventura con mi padre, y entonces quedó gracioso, porque mi padre, pobre, quedaba como Superman, haciendo miles de trabajos. Porque yo no soy del campo, soy de pueblo, pero muchas cosas de campo las conocí con él, como deschalar o cortar maíz. Cosas que en el momento no les das la importancia que tienen después, cuando las escribís".