"Sirat: Trance en el desierto" es el triste viaje de un padre en una película imaginativa que va por dos Oscar

Se estrena en cines la nueva película del gallego Olive Laxe con Sergi López como un padre que busca a su hija en el circuito de las raves del norte de Africa

Sirat
"Sirat: Trance en el desierto"

Con dos nominaciones al Oscar —a mejor película internacional y mejor sonido, uno de sus rubros fundamentales—, Sirat: Trance en el desierto es saludada con el beneplácito de la crítica, aunque también con incomodidad del público y algo de sorna en las redes sociales.

Esto último se debe, principalmente, a acusaciones de esnobismo al que ayuda la presencia pretenciosa de su director, Oliver Laxe todo un personaje objeto de parodias y memes.

Entre los elogios hay que sumar que la película se llevó el Premio del Jurado en Cannes, un festival que siempre ha sido amable con Laxe, un gallego nacido en Francia en 1982. Sus tres primeros largometrajes ya se habían ido de la costa francesa con premio: Todos ustedes son capitanes (2010) —el único que hasta ahora se había exhibido en Uruguay— obtuvo el Premio Fipresci de la Quincena de Realizadores; Mimosas (2016) se llevó el Gran Premio de la Semana de la Crítica y Lo que arde fue galardonada con el Premio del Jurado de la sección Una cierta mirada en 2019.

Sirat, que al igual que sus dos últimas producciones es una colaboración de Laxe con el guionista argentino Santiago Fillol, lo ha terminado de confirmar como uno de los directores más relevantes de la actualidad cinematográfica. Revistas canónicas como Film Comment y Sight & Sound la eligieron entre las cinco mejores películas de 2025.

Luis (interpretado por un Sergi Lópeznotable como acostumbra y uno de los pocos actores profesionales en el reparto) recorre junto a su hijo Esteban (Bruno Núñez) y su perro, una rave, esa clase de baile electrónico en modalidad de trance alucinógeno. Su objetivo es repartir entre los bailarines fotos de Mar, su hija perdida. Tiene idea que ella forma parte de las caravanas de ravers que recorren el desierto de Marruecos, locación que ya fue el escenario principal de Mimosas, la segunda película de Laxe.

Nadie parece haberse percatado de la presencia de Mar hasta que Jade (Jade Oukid), de aspecto punk y desaliño nómade, cree reconocerla y sugiere que probablemente esté en camino a una rave al otro lado del desierto, en Mauritania.

Cuando llega el ejército a aguar la fiesta, Luis y Esteban deciden unirse a Jade y los suyos: una troupe tullida y posapocalíptica en plan Mad Max, con un marcado gusto por el baile y buena vibra a pesar de su aspecto amenazante. Ahí están Steffi (Stefanian Gadda), Josh (Joshua Liam Henderson), Tonin con su pierna prostética (Tonin Janvier) y Bigui (Richard Bellamy), un hombre manco. Son todos ravers en la vida real ya que Laxe trabaja principalmente con actores no profesionales o, como le dijoel coguionista Fillol a El País, “gente que viene ensayando sus personajes desde que nacieron.

La pandilla va de fiesta en fiesta en unas motorhomes herrumbradas pero confiables. La minivan familiar de Luis no está para esos caminos.

Sirat: trance en el desierto
El actor Sergi López y el director Oliver Laxe en el rodaje de "Sirat"

La película transcurre en el marco de una distopía posible, situada en una tercera guerra mundial de la que apenas se dan señales externas. El camino y el desarrollo de la película resultan impredecibles; hay sorpresas y algún giro que puede percibirse tanto de forma imaginativa e inevitable como, en ocasiones, un golpe bajo. Es una cuestión a gusto del consumidor, pero a Laxe la fórmula le funciona y la película se convierte en algo tan impredecible como atravesar el desierto sin rumbo fijo en plena crisis existencial. Está cerca del Michelangelo Antonioni de Zabriskie Point y El pasajero.

Hay cierto regodeo en lo terrible y un giro imprevisto que algunos definen como golpe bajo, por lo que puede resultar incómoda para públicos que confunden cine con esparcimiento.

Sirat, es el nombre árabe para el puente apenas perceptible entre nuestro mundo y el paraíso y que atraviesa el abismo del infierno. Los personajes parecen perdidos en un purgatorio existencial.

“La película es un viaje, un rito de pasaje”, le contó Laxe a la revista Variety. “Tiene algo del viaje del héroe, este héroe despojado, aniquilado, que debe mirar hacia su interior. Conecta con las tradiciones del Santo Grial y leyendas que provienen de la India y Persia. Estas historias siempre tienen dos capas: la física y la metafísica”.

Ambas capas congenian en la intención de convertir a Sirat en una experiencia total. Conviene avisar que el trayecto completo debería hacerse en una sala de cine (se estrenó solo en Alfabeta y Cinemateca Uruguaya), pues es una construcción tan visual como sonora. Hay grandes escenas.

La fotografía de Mauro Herce, habitual colaborador del director, se despliega en plan documental psicodélico, mientras que la mística del ambiente de rave la aporta la música del francés David Letellier, conocido como Kangding Ray. El sonido combina ritmos, ruidos de viento, aires industriales y es una parte fundamental de la estructura emocional de la película.

Finalmente, el trabajo de López -un veterano de tantas batallas- resulta en una presencia poderosa que conjuga la desesperación de un hombre que debe rearmarse en las peores circunstancias. La película -que también es sobre la familia que tenemos y la que conseguimos- es su viaje triste.

Sirat: Trance en el desierto (* * * * *)
Francia, España, 2025. Director: Oliver Laxe. Guion: Santiago Fillol, Oliver Laxe. Fotografía: Maruo Herce. Música: Kangding Ray. Con: Sergi López, Brúno Nuñez, Stefania Gadda, Joshua Liam Henderson, Tonin Janvier, Jade Oukid, Richard Bellamy. Duración: 115 minutos. Estreno: 5 de febrero en cines.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

Oscar 2026

Te puede interesar