Estrenada en 2011, Reus no pasó desapercibida en la cartelera uruguaya. La película dirigida por Pablo Fernández Crosa, Eduardo Piñero y Alejandro Pi se mantuvo tres meses en cartel y vendió cerca de 50.000 entradas. Fue en un año que el cine nacional atrajo a 300.000 espectadores gracias a Reus, Artigas: la redota y La casa muda.
“No suele haber esa recepción hacia nuestras películas”, comenta Fernández Crosa a El País.
Luego, este policial sobre el enfrentamiento entre dos comunidades que habitan ese barrio montevideano continuó en pantallas itinerantes, también en liceos, centros culturales y hasta en la Universidad. De esas proyecciones surgió la pregunta que fue desencadenante para Reus 2: la vuelta al barrio que llega hoy a los cines.
“Había un pedido de la gente por conocer cómo seguía la historia porque Reus tenía un final abierto: un niño, Maykol, solo en la azotea. ¿Qué le sucede a ese chico?, ¿termina en el INAU, se hace delincuente, adicto?”, esas fueron las preguntas del público que sirvieron de disparador para Fernández Crosa quien también es guionista y productor de esta saga policial uruguaya.
Si en Reus la acción se centraba en el enfrentamiento entre El Tano (Camilo Parodi) y Don Elías (Walter Etchandy), la continuación lo hace una década después con sus hijos: Maykol y Leonardo (una vez más interpretados por Gabriel Villanueva y Diego Zalovich). Mientras Maykol revende remeras y hace algunas tranzas para conseguir dinero para comprarse un auricular para poder escuchar, Leonardo intenta continuar con la visión de su padre de reconvertir el barrio, cueste lo que cueste.
La salida de la cárcel del padrino de Maykol, El Negro (Luis Alberto Acosta) permite mostrar cómo ha cambiado el barrio en estos 10 años. La libertad del mano derecha de El Tano es lo que le trae algo de alegría esa gris vida que llevan con su madre. También esta nueva figura paterna es quien le comienza a dar consejos: “El odio y la venganza no es para un pibe de tu edad”, “¿vos querés caer en cana como yo?”. Esas preguntas serán las que irá procesando Maykol, y hará que se debata entre continuar la batalla contra Don Elías, o seguir con su vida en el barrio.
Una película hecha pura garra
Definida como un policial sin policías en un barrio de película, esta continuación no fue sencilla de hacer.
Se comenzó a trabajar en el guion en 2015 y luego iniciaron el trabajoso proceso de conseguir financiación. “En un momento se iba a filmar en Argentina o Brasil porque el dinero del fondo venía de allí. Llevé al equipo a Brasil, pero no podía ser que la primera saga uruguaya se filme en otro país. Al final los convencí para que vinieran. Fue un proceso largo pero llegamos al puerto”, dijo.
Luego vino la etapa de rodaje que llevó más tiempo del esperado. “Se fue filmando a partir de los fondos que fueron surgiendo. Por eso llevó tres años completar el rodaje. Todas las películas uruguayas son un milagro, y Reus 2 creo que es un milagro de un milagro”, comentó el director.
Una vez más se utiliza el barrio como escenario, cual neorealismo italiano. “Me tuve que basar en eso y usar locaciones naturales porque no quedaba otra”, dijo.
Si en la primera entrega había una intención por mostrar el lunfardo de los jóvenes y su forma de comunicarse, eso no está tan presente en esta segunda parte. “Ahora, como se centra en Maykol, hay otro tipo de película. Obviamente su madre grita y putea varias veces, pero buscamos el naturalismo y a no forzar decir una mala palabra. Quisimos subir el grado, hacer una película de género, pesada, imitando películas de referentes que no prefiero nombrar por vergüenza, donde la trama se entreteje entre familias. Vale aclarar que es un policial de ese tipo”, dijo.
Si bien para un policial alcanza con que haya un arma escondida. Reus 2 no es un policial de acción, de autos, o de policías investigando un crimen, sino que es uno más al estilo neoyorkino, donde lo que se busca es mostrar ese conflicto familiar que sucede en cualquier barrio.
—Nuevamente se hace un paralelismo entre esas dos sociedades que son presentadas como mundos distintos.
—Exacto, son como subgrupos. Aunque a nivel sociológico hay que entenderla como que es algo que pasa en cualquier familia, en cualquier lado. Acá no hay ni buenos ni malos, ningún culpable. Incluso los chicos que vemos como culpables como los pastabaseros o los chorros, todos somos parte de una circunstancia, y en ese hecho, en la segunda parte es donde esta nueva generaciones tienen que enfrentar esto, y al final lo hacen. Ese es el mensaje que tenemos.