HUGO GARCÍA ROBLES
La convergencia de la música con el marco donde suena tiene importancia como la tiene siempre el ámbito de la actividad humana. En las catedrales y sitios históricos de Europa es común que la presencia de grandes y famosos intérpretes se desarrolle en lugares que, como Nôtre Dame en París o la Catedral de Colonia en Alemania, son patrimonio cultural de larga data. Alguna vez el gran Vittorio Gassmann desarrolló bajo el sello de la RAI un ciclo en el cual recitaba Dante en espacios como las Termas de Caracalla, el Coliseo, es decir, asociando el pasado romano a la poesía.
El pasado miércoles 4 de noviembre un recital en la Quinta Vaz Ferreira apuntó a una fórmula semejante. La venerable casona fue hogar del filósofo y gracias a la Comisión de Amigos y sobre todo a los esfuerzos de la Fundación Vaz Ferreira está en un proceso de recuperación y mantenimiento importante y visible. En una sala reducida, con la presencia de parte de la biblioteca, el barítono Carlos Carzoglio acompañado por la pianista Andrea Cruz Fostik, ofrecieron canciones del "Cuerno Mágico del Niño". Esta colección de texto tradicionales alemanes, de capital importancia para los músicos del período romántico puesto que en ellos se reunía el lirismo con el espíritu nacional, ha alcanzado más allá de Mahler, hasta Ricardo Strauss y Arnold Schönberg.
El programa interpretado se paseó por la historia porque reunió los nombres de Mendelssohn, Schumann, Brahms, Ricardo Strauss y Schönberg en la primera parte, dedicando la segunda a canciones de Mahler sobre los textos citados.
Lil Bettina, vinculada familiarmente a los Vaz Ferreira hizo la presentación del recital. Éste se desarrolló en un clima de envidiable intimidad, cálidamente instalado en un espacio que exhibe manifiestamente los años en los detalles del mobiliario y de la propia casa.
Carzoglio que es dueño de una voz de gran caudal pero que sabe manejarla con la flexibilidad de su fino instinto estilístico, hizo de cada canción un capítulo perfectamente delimitado. Su línea de canto es irreprochable, tanto como su infalible afinación. Al mismo tiempo sabe manejar el nivel dinámico desde "pianissimi" apenas audibles hasta el impresionante "forte" cuando es necesario. No es un cantante que pone el virtuosismo al servicio del ego, por el contrario, en todo instante está al servicio de la obra.
Corresponde elogiar el excelente acompañamiento de Andrea Cruz Fostik, de fina musicalidad y técnicamente solvente, que supo mostrar el valor del piano como instrumento ideal en el canto de cámara.
En resumen, por el marco elegido, la calidad de los intérpretes y el programa, sería de desear que la Quinta de Vaz Ferreira mantuviera continuidad en actividades de este estilo.