CARLOS REYES
Reconocido por ser el creador del llamado teatro de los oprimidos, por haber estado al frente de la histórica compañía teatral teatro de la arena (que dirigió desde 1956 a 1971), por haber sido un revolucionario de la escena latinoamericana, por sus escritos teóricos, y por su actividad práctica, augusto boal falleció el sábado a los 78 años.
Así lo informó el Hospital Samaritano de Rio de Janeiro, afirmando que la causa fue una insuficiencia respiratoria, que terminó con una larga lucha contra la leucemia. Los restos mortales del artista fueron cremados en la tarde del domingo en el Cementerio de Caju, mientras el presidente Lula da Silva lamentó su fallecimiento, calificando al dramaturgo como "un hombre apasionado por la vida y por lo que hacía".
"Para los brasileños, y para los amantes del teatro y de la promoción de la igualdad entre los hombres, Boal deja una marca que jamás será olvidada, además de un ejemplo de un compañero que dedicó su vida a la transformación social por medio del arte", declaró el mandatario.
El trabajo de Boal al frente de su Teatro de la Arena había sido presentado en Montevideo, en el Teatro El Galpón, en 1971, con la puesta en escena de Arena conta Zumbi. Considerado por la crítica como una de las mejores obras extranjeras que llegaron en aquella temporada, se trataba de un teatro que fundía lo corporal, lo testimonial y el humor, al servicio de un revisionismo de la historia del Brasil.
El Teatro de la Arena había sido fundado por Boal y Gianfrancesco Guarnieri (fallecido en 2006) en San Pablo en 1958, con fuerte oposición al teatro comercial. Con una dramaturgia localista y política, la compañía (que debía su nombre al objetivo de rescatar un teatro arcaico, de ritual y de combate) conjugaba los logros del Actor`s Studio neoyorquino, con una mirada hacia el Brasil profundo, su historia y sus aspectos políticos y económicos.
Formado en arte dramático en la Universidad de Columbia de Nueva York, Boal creó en ese contexto y a comienzos de los años 1960 el Teatro de los Oprimidos, que inspirado en los postulados del pedagogo Paulo Freire, buscó establecer un diálogo entre el público, el dramaturgo, el director y los actores, alentando el activismo político.
"Así como los enfermos no fueron hechos para la medicina, sino la medicina para los enfermos, el teatro debe ser hecho para los espectadores y no éstos para el teatro", había declarado Boal en una oportunidad, principio que refleja su visión de la comunicación escénica.
Desde esa óptica, su aporte a un teatro popular de corte experimental lo ubica como uno de los grandes directores latinoamericanos del siglo XX. Esa actitud combativa le valió ser considerado una amenaza por la dictadura que gobernó Brasil entre 1964 y 1985, situación que lo condujo a la cárcel y la tortura, antes de conseguir exiliarse en Argentina (1971 a 1976), luego en Lisboa (hasta 1979) y finalmente en París, donde creó el Centro de estudio y difusión de técnicas activas de expresión.
De regreso al Brasil tras la caída del régimen, alternó su trabajo de director en su país natal con montajes en Europa, haciendo entre otros espectáculos, Mala sangre, de Griselda Gambaro, en Nuremberg. Candidato al Nobel de la Paz en 2008, obtuvo innumerables tributos, entre ellos el haber sido nombrado por la Unesco como Embajador Mundial del Teatro, en marzo pasado.