Arthur Miller ocultó a su hijo Down

Secreto. El dramaturgo escondió toda su vida a Daniel, que hoy tiene 40 años de edad

Durante su carrera teatral, que se extendió por medio siglo, fue el portavoz de la conciencia moral de los Estados Unidos. Ahora asomó el lado oculto de Arthur Miller, cuando se hizo público que toda su vida ocultó que tuvo un hijo con síndrome de Down.

La historia era conocida por sus amigos más próximos y por algunas personas del ambiente teatral norteamericano. Sin embargo, hace unos días la revista Vanity Fair publicó un artículo de Suzanna Andrews titulado El acto borrado de Arthur Miller, donde revela que el descomunal dramaturgo ocultó a todo el mundo a su cuarto hijo, Daniel, quien por haber nacido con síndrome de Down fue internado poco después de su nacimiento en una residencia para discapacitados en Southsbury. El hecho fue silenciado totalmente por Miller.

Lo ocurrido fue hasta tal punto escondido por el autor de La muerte de un viajante que no lo menciona ni siquiera en su autobiografía Timebends (Vueltas al tiempo, editada en español por Tusquets en 1988). Y según Andrews, el escritor no se encargó ni de apoyarlo económicamente, ni tampoco lo visitó nunca.

El olvidado Daniel tampoco ocupó el menor lugar en el testamento de Miller, quien falleció el 10 de febrero de 2005. Pero curiosamente, el escritor sí firmó un fideicomiso (es decir, una disposición por la cual el testador deja su hacienda o parte de ella encomendada a alguien para que la transmita a otra persona) en el que dejaba a Daniel una cuarta parte de su fortuna. Ese sorpresivo reconocimiento público revela hasta qué punto Miller cargaba con gran intensidad su culpa.

Daniel, que hoy va camino a cumplir 41 años, fue el segundo hijo del matrimonio del dramaturgo con la fotógrafa austriaca Inge Morath. El escritor, que ya tenía dos hijos de su primer matrimonio, se casó con Morath en 1962, un año después de su divorcio con Marilyn.

La primera hija de su segundo matrimonio, Rebecca, nació ese mismo año (1962), y su belleza era tal que la pareja vivía encandilada por ella. Cuatro años más tarde nació Daniel, en un momento en que los felices padres vivían felices. Pero un día después del nacimiento llegó la noticia funesta. Según el productor Robert Whitehead, Miller se sintió devastado: "Hasta usó el término `mogólico` para referirse a la criatura, y dijo inmediatamente que iba a tener que deshacerse de él".

Pese a los esfuerzos de la madre por retenerlo, el bebé fue internado días después y cuando cumplió tres años, la madre hizo un intento por traerlo nuevamente al hogar, pero el dramaturgo se opuso radicalmente. Según la escritora Francine du Plessix Gray, amiga de Miller, la madre de Daniel visitaba al niño los domingos, pero Arthur insistía en ignorarlo.

Ante la difusión pública del hecho, las reacciones han sido múltiples. Unos hablan de cinismo, mientras otros sostienen que el episodio da cuenta de la complejidad del dramaturgo, que tan bien proyectó sobre sus personajes.

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