El Cuarteto de Nos cumplió 21 años y lo celebró con una fiesta inolvidable. Grandesitos como están, los cuatro músicos se presentaron elegantemente ataviados ante un Teatro Plaza colmado de fanáticos. Enfundados en la sobriedad de sus trajes, delante de una pantalla sobre la que proyectaban fragmentos de viejas películas y un logo retro inscripto en el bombo de la batería, los tipos reforzaban desde el escenario la impronta clásica que tienen en su música.
Notoriamente cuidado en todos los detalles, el show recorrió la dilatada trayectoria de la banda, que incluye 21 años de historia, 10 discos editados y centenares de conciertos a cuestas. El Cuarteto se encuentra en plena madurez artística. Tiene un sonido diáfano y preciso, al mismo tiempo potente y climático, y una obra que está grabada estrofa por estrofa en la memoria de miles de fanáticos que tienen entre 50 y 12 años. El otro día abundaron los de uno y otro extremo.
La velada fue tan emocionante que anudó la garganta de alguno de los músicos, como cuando Alvaro Pintos cantó Albin, una canción que cuenta los padecimientos de un baterista. Pero si la fiesta fue redonda es porque invitados y anfitriones se entregaron con auténtica generosidad. A diferencia de lo que sucede habitualmente en los conciertos aniversario con una multitud de invitados, en el del Cuarteto los huéspedes no cumplieron un papel meramente ornamental y figurativo, como de buena onda y nada más. Por el contrario, la participación de cada uno de ellos fue escogida en favor del espectáculo, con inteligencia y humor. El primer invitado de la noche fue Tabaré Rivero, antiguo camarada del grupo, que interpretó Ya te vas a mejorar, de su viejo amigo Riki Musso. A él le siguió Dani Umpi, que trepó al escenario para intervenir —performáticamente, plástica y musicalmente— Siempre que escucho al Cuarteto. Diminuto, andrógino, a mitad de camino entre chico malo y niña ingenua, el invitado estuvo a sus anchas en esta feroz humorada infantil de Santiago Tavella.
Los siguientes convidados fueron Leo y Tito Sónico, que subieron para poner sus guitarras en Soy un capón. Sus guitarras y su show. Como todos esperaban, los hermanos Supersónicos hicieron la clásica montadita en la que Tito, a caballito de su hermano, puntea como si tuviera un repentino ataque de Parkinson. El siguiente turno de invitados trajo a Emiliano Brancciari y Pablo Abdala, cantante y baterista respectivamente de No Te Va Gustar. Junto a Roberto Musso se encargaron de Yo me amo. Dos guitarras acústicas y una pandereta dieron una lección de economía musical y fina ironía: esta canción narcisista y vanidosa en boca de uno de los galanes del rock uruguayo (Brancciari, se entiende) fue un guiño delicado.
Igualmente refinado fue el chiste de que el grupo Astroboy en pleno y solitario, subieran a tocar No somos latinos. Esos pibes de flequillo, remeritas ajustadas y pantalones oxford que tocan magníficamente bien rock británico definitivamente están lejos de todo trópico. El siguiente invitado fue Guillermo Peluffo. Pionero del rock posdictadura, insignia de Estómagos y Buitres, es una leyenda del rock nacional. Aceptó bromas (lo hicieron leer un papel en el que decía que el Cuarteto era el mejor grupo uruguayo) y emprendió con un clásico de los ’80: Andamio Pijuán. Derrochó toda su estrella bailando e interpretando un tema que volvió propio: fue gracioso verlo con su rigurosa vestimenta negra cantando "pobre Andamio Pijuán se baña siempre en alquitrán". Por cinco minutos, el show fue todo suyo. Uno de los mejores momentos de la noche.
Otra cumbre fue marcada por Juan Campodónico. El productor del último disco del Cuarteto le puso una guitarra poderosa y endemoniada a El primer oriental desertor, una enorme canción de Roberto Musso. Pero lo mejor llegó inmediatamente después. A Campodónico se sumó L Mental, ambos del desaparecido Peyote Asesino, con quienes el Cuarteto hizo una versión hip hop de Al cielo no, un tema que L Mental, a fuerza de rap, le exprimió hasta la última gota de veneno.
El concierto terminó en lo alto, con todos los invitados cantando juntos Bo cartero, con una confraternidad y emoción de las que se duda que haya registros en otro concierto de rock uruguayo. Todos estaban felices y exultantes en este cumpleaños, que hasta terminó con Riki Musso montado a los hombros de Leo Sónico tocando la guitarra y conteniendo el vértigo. Fue inolvidable y parece que irrepetible. Como diría algún cronista deportivo, ganaron todos, ganó la música.
CRITICA I GUSTAVO LABORDE
Cuarteto de nos
Sala. Cine Plaza
Fecha. 14 de abril