GUILLERMO ZAPIOLA
El primer dato llamativo es el cambio de aspecto, y especialmente el aumento de peso, pero eso no es lo único que caracteriza la labor de Matt Damon en "El desinformante", film de Steven Soderbergh que se estrena mañana.
El actor tuvo que aumentar varios kilos y modificar su apariencia, utilizando lentes y bigotes, para encarnar a Mark Whitacre, el protagonista de esta historia basada en hechos reales. El personaje es un directivo de una empresa de productos biológicos norteamericana (la Archer Daniels Midland) que acumuló una considerable fortuna a base de operaciones ilícitas. En determinado momento, el hombre comenzó a facilitar información al FBI acerca de los manejos turbios de su empresa y otras para proteger su propia cabeza.
Guionista ganador (junto a Ben Affleck) del Oscar por En busca del destino de Gus Van Sant, actor con olfato para elegir sus papeles que volvió a trabajar con el mencionado Van Sant (Descubriendo a Forrester, Gerry), pero también con Steven Spielberg (Rescatando al soldado Ryan), Anthony Minghella (El talentoso señor Ripley) y Martin Scorsese (Los informantes), super-estrella popular gracias a la trilogía de Jason Bourne, e intérprete frecuente para Steven Soderbergh, bajo cuyas órdenes actuó en la saga de La gran estafa y sucesoras, y en un papel secundario en las películas sobre el Che, Damon presenta otra faceta inesperada en El desinformante: se trata de una de sus pocas incursiones en el género de comedia.
Casi unánimemente, la crítica internacional ha elogiado la labor de Damon, quien debe evolucionar desde una imagen inicial de nobleza e inocencia hasta transformarse en un individuo manipulador y calculador que es también un mentiroso compulsivo.
A Damon le atrajo el desafío. Sostiene que se necesita mucha energía para mentir, y que por eso no suele hacerlo muy a menudo en la vida real. Y añade que el personaje lo divirtió. Nunca se equivoca en sus mentiras, y si llega a hacerlo continúa con ellas hasta el final, o hasta que alguien lo detiene. El individuo exhibe una absoluta coherencia.
Burlonamente, Damon sostiene que componer al personaje tuvo una ventaja adicional. Tuvo que engordar para encarnar al protagonista, y ello le permitió comer todo lo que se le antojara, sin atarse a los regímenes a los que está habituado para mantenerse "en línea".
La historia había sido contada en el libro The Informant (A True Story) de Kurt Eichen-wald, que llegó a manos del director Soderbergh hace siete años. De inmediato el cineasta pensó en Damon para encarnar al protagonista, pero por un motivo u otro (financiación, problemas de agenda) el proyecto se fue postergando y el rodaje recién se llevó a cabo en el año 2009. Damon cree que hay otro motivo por la cual la película pudo hacerse: la crisis financiera ha redoblado el interés de la gente (y por lo tanto de los productores) por un asunto que ocurrió quince años atrás pero que recupera actualidad al hablar en clave cómica e irónica, justamente, de prácticas económicas indebidas.
Lo sorprendente es que, al parecer, no fue necesario hacer retoques al guión para adaptarlo a los nuevos tiempos. Damon está convencido de que era excelente desde el principio y lo sigue siendo, y tuvo siete años para conocerlo. Ello explica que la película haya podido filmarse tan rápido, en apenas treinta días.
De hecho, el actor considera que el tiempo pasado ha sido provechoso. Tiene siete años más que cuando Soderbergh le acercó el proyecto por primera vez, y considera que ahora está más maduro (y hasta tiene una edad más adecuada) para interpretar a Mark Whitacre.
En su vida personal, Damon se muestra como un individuo interesado en causas benéficas, desde el apoyo a sindicatos en conflicto hasta la lucha por el mejoramiento ambiental. Dice que lo heredó de su madre, profesora y `hippie`.
También se preocupa por el contenido del cine que hace, y ha rechazado libretos en los que consideró que había un empleo gratuito de la violencia. Por supuesto, un actor que ha trabajado con Scorsese y que ha sido (y va a volver a ser) Jason Bourne no niega el papel dramático que la violencia puede cumplir en el cine. Lo que rechaza es su abuso. Actualmente se prepara para actuar en Invictus, el film de Eastwood sobre Mandela.
Soderbergh: reivindicación de la mentira blanca
Durante la presentación del "El desin-formante" en el festival de Venecia, Matt Damon y Steven Soderbergh insistieron en que el tema central del film era la mentira. Y el director de Sexo, mentiras y video, Erin Brockovich, Traffic, la saga de La gran estafa y las dos películas del Che con Benicio del Toro reivindicó incluso la mentira, en todo caso en su variante "blanca".
El protagonista inventa una mentira tras otra para seguir adelante (en la vida real, eso influyó en su cambio de estatus, de colaborador del FBI a acusado por fraude fiscal), y Soderbergh afirma que decir algunas mentiras es lo que le permite permanecer delgado. Está convencido de que si no nos mintiéramos un poco los unos a los otros, terminaríamos matándonos entre todos. Más aún: si dijéramos permanentemente verdaderamente todo lo que pensamos, alguien nos mataría. La mentira tiene una importante función social, sostiene el director.
Admite empero que el problema se suscita cuando se pasa a un nivel superior, como sostener que el gobierno de Irak tenía armas de destrucción masiva en el año 2003, o el escándalo de la fijación de precios, o las guerras que estallan porque alguien le hace creer a sus gobernados lo que no es cierto. En todo caso, para que funcione la mentira se necesitan dos personas: quien la dice y quien la cree. Uno de los resultados se conoce con el nombre de política. "Pero decir que toda mentira tiene que ser eliminada es no conocer al ser humano", insiste.
El hecho es que todo lo que dice la gente hay que tomarlo con pinzas. Incluido Soderbergh. Había afirmado que tras el fracaso de sus películas del Che dejaba el cine, pero no lo hizo.