En México: Gonzalo Sobral
La Tierra ya no luce como la conocemos. Hace 700 años los últimos humanos abandonaron el planeta, inicialmente por cinco años, mientras un grupo de robots se dedica a juntar la basura acumulada, compactarla y apilarla en moles de desechos que se alzan a la misma altura que algunos de los rascacielos que aún quedan en pie. Pero las cosas no funcionaron bien y los pocos humanos sobrevivientes deambulan por la galaxia en enormes naves esparando volver.
Con este panorama desolador es que comienza Wall-E, el nuevo producto de Pixar, que se juega su prestigio y una producción millonaria a su historia más madura, pensada para atrapar algo más que la platea infantil que la llevó a posicionarse como la gran productora de animación digital y obligó a Disney a comprarla en 2006 en 7.400 millones de dólares.
Es que el estudio de Toy Story y Nemo ha decidido dar un paso más allá, tomando riesgos, escapando a la fórmula humor + personajes entrañables= taquilla millonaria, que tanto les ha rendido en casi dos décadas de historia, con la certeza de haber creado el mejor producto cinematográfico que alumbró la portátil que tienen por logo.
Los niños seguramente queden atrapados con los devaneos amorosos y las aventuras espaciales de Wall-E (Waste Allocation Load Lifter Earth-Class, algo así como cargador de basura), un autómata divertido que gracias a la energía solar ha seguido realizando la tarea para la que fuera programado, además de haber acomodado su vida (y la de su único amigo, una cucaracha) dentro de un container, donde colecciona los objetos más insólitos, algunos de ellos escapados de anteriores producciones de Pixar.
Su rutina de 700 años se ve interrumpida cuando una nave llega a la Tierra y de ella desciende Eva, una robotina programada con la misión de buscar algún indicio de vida, que permita a los humanos volver a repoblar el planeta. Rápidamente conquista al solitario Wall-E, quien decide seguirla por todo el universo, desatando una aventura romántica que mezcla el lenguaje gestual de Chaplin con referencias a algunos clásicos de la ciencia ficción (2001 Odisea del espacio, Blade Runner y Metrópolis, los más obvios), así como a los romances surgidos de musicales como Hello Dolly.
Wall-E no es un proyecto nuevo para Pixar y mucho menos para el director Andrew Stanton, quien comenzó a pensar en la historia hace catorce años, cuando la compañía no llegaba a los 10 empleados y él estaba lejos de dirigir Bichos, su primer largometraje.
De aquellos experimentales 90 al presente de la compañía han pasado muchas cosas en la vida de Pixar y en particular en la de Stanton, quien llega a Wall-E con dos largometrajes como realizador y un Oscar por Nemo.
"El tiempo normal de desarrollo de un largometraje de animación digital es de cuatro años, básicamente invertidos en el diseño con las computadoras. Entonces, nuestra rutina de un estreno al año nos lleva a tener cuatro proyectos desarrollándose al mismo tiempo, es más, en poco tiempo con Andrew ya estaremos metidos en John Carter of Mars, la historia de un veterano de la Guerra Civil norteamericana que termina en Marte, que vamos a estrenar en 2012", explica a SÁBADO SHOW Jim Morris, productor de Wall-E y responsable máximo de todos los equipos de producción de Pixar, durante el lanzamiento regional de la película en Ciudad de México.
DE ENTRE CASA. El cariño de Stanton por el robot queda claro en las apariciones menores que el mismo ha tenido en los largometrajes Toy Story y Cars. Justamente existen otros guiños a la producción previa de la empresa, como el camión de Pizza Planet o la presencia, una vez más, del número 113 en homenaje al salón de clases de los ejecutivos de Pixar, Bird y Lasseter, en la Universidad Cal Arts.
Para Pixar estos han sido los años del despegue y de su posterior fusión con Disney en una de las sociedades más exitosas dentro de Hollywood y por la que nadie daba mucho crédito. De 2006 para acá la nueva Pixar ha desarrollado tres largometrajes, dos de ellos ganadores del Oscar en su categoría.
Wall-E, que se estrenó la semana pasada, quedará en la historia de la compañía por al menos dos razones: la relativa, que al momento es la que tuvo mejor día debut en el mercado norteamericano con U$S 30 millones en taquilla el primer viernes, y la absoluta, que será la última película de Pixar en dos dimensiones.
"Estamos ansiosos por correr los límites del 3-D y la tecnología computarizada para contar nuestras historias en el mejor modo posible", afirmaba en marzo John Lasseter, principal de Pixar.
El año que viene se reestrenará el primer Toy Story en versión 3D y a principios de 2010 ocurrirá lo mismo con Toy Story 2 , para preparar la llegada (junio de 2010) de la tercera aventura de Woody y Buzz Lightyear.