Un revolucionario del sexo

| El 5 de enero de 1948 la cultura americana cambió irrevocablemente. Ese fue el día en que W.B. Saunders, un aburrido y conservador editor de temas de medicina, publicó "La Conducta Sexual del Hombre" y, en cierto modo, ese fue el día en que América empezó a hablar de sexo.

El libro no sólo fue un número 1 en ventas y una sensación para los medios de comunicación, sino también la chispa que más tarde haría estallar la revolución sexual de los 60 y pondría en marcha una tolerancia sexual que iría en aumento en las próximas décadas. Por entonces Kinsey fue llamado el "Freud americano" y comparado con otros científicos pioneros como Galileo y Darwin.

Esa historia fue la que atrapó al escritor y director Bill Condon, quien aceptó el reto planteado por la productora Gail Mutrux, la cual había estado buscando al director ideal para desarrollar la vida de Alfred C. Kinsey. "Kinsey cambió la manera de pensar en el sexo y de la manera que hablamos de ello en América, aunque como hombre ha sido mayoritariamente olvidado", dice Condon. "Detrás de todos los avances y polémicas, había una idea básica que no estoy seguro de que la gente oyera claramente entonces".

Después de haberse pasado veinte años alrededor de un millón de insectos, Kinsey descubrió que ninguna de estas minúsculas criaturas era idéntica a otra. Tomó este concepto biológico de variación individual y lo aplicó a la sexualidad humana. Kinsey fue el primero en decir que la formación sexual de cada persona es única, y que por lo tanto el termino "normal" carece de importancia cuando se trata de sexualidad humana. Sólo existen "común" y "poco frecuente". Esta es, todavía hoy, una noción radical.

Para llevar adelante su investigación, Alfred Kinsey (interpretado en la película por Liam Neeson) entrevistó a miles de personas acerca de los aspectos más íntimos de sus vidas, liberándoles de una carga de confidencialidad y vergüenza en una sociedad en la que las prácticas sexuales estaban mayoritariamente escondidas. Su trabajo provocó uno de los debates culturales más intensos del siglo pasado, en el que las llamas todavía perduran hoy. Utilizando la técnica de sus propias entrevistas de sexo, el film relata el extraordinario trayecto desde la oscuridad a la fama mundial.

Hijo de un profesor de ingeniería y en ocasiones predicador escolar los domingos, Kinsey se rebela contra la rígida devoción de su hogar, y atraído por el mundo de los sentidos, se convierte en un zoólogo de Harvard especializado en el estudio de una especie de avispas. Tras haber sido contratado para enseñar biología en la Universidad de Indiana, Kinsey conoce y se casa con Clara McMillen (Laura Linney), una brillante estudiante liberal. Durante el curso, descubre una falta asombrosa de datos científicos en la conducta sexual. Cuando algún alumno le busca para pedirle consejo sobre alguna inquietud o problema sexual, se da cuenta que nadie ha realizado el estudio clínico que produciría respuestas fiables a sus preguntas. Inspirado para explorar el siempre cargado de emociones tema del sexo desde un punto de vista estrictamente científico, Kinsey contrata a un equipo de investigadores que incluye a Clyde Martin (Peter Sarsgaard), Wardell Pomeroy (Chris O’Donnell) y Paul Gebhard (Timothy Hutton). Con el tiempo perfeccionan una técnica de entrevistas que ayuda a la gente a superar sus penas, miedos y sentido de culpabilidad permitiéndoles así hablar libremente sobre sus historias sexuales. Kinsey intenta también crear un ambiente sexual abierto entre su equipo y sus esposas, animándoles a relaciones extramatrimoniales e intercambios de parejas, años antes de la revolución sexual de los sesenta.

Cuando Kinsey publica su estudio del hombre en 1948, la prensa compara ese impacto al de la bomba atómica. Kinsey pronto accede a ser portada de cada gran publicación, y se convierte en tema de canciones y dibujos animados, editoriales y sermones. Cuando el país entra en la más paranoica era de la Guerra Fría de los años 50, la segunda parte del estudio de Kinsey —esta vez sobre la mujer—, es visto como un ataque a los valores básicos de América. Este escándalo y el desprecio hacen que los benefactores de Kinsey le abandonen al mismo tiempo que su salud empieza a deteriorarse. A la vez, los celos y la amargura causados por el intento de Kinsey de crear una utopía sexual privada, amenazan con destrozar el equipo de investigación exponiéndolo a un escrutinio poco grato. Antes de su muerte en 1956, Kinsey pasa sus últimos días intentando en vano asegurar sus finanzas. Teme que su vida laboral haya sido un fracaso, pero con motivo de una entrevista final ve el efecto positivo que causó y empieza a entender que la pregunta básica de dónde termina el sexo y empieza el amor, nunca podrá ser contestada al completo por la ciencia.

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