Todavía quedan gauchos en la Pampa

Por Luis Ventura

Lo bueno de todo esto es que lo podemos contar. Muchos no le darán importancia pero la tiene, sobre todo para quienes debimos pasar por el trance de un accidente automovilístico y quedamos expuestos a la buena voluntad de la gente o supeditados al servicio eficiente o deficiente de las empresas que deberían asistirnos en la urgencia de un accidente automovilístico, como le pasó a mi familia. Puntualmente a mi esposa Stella Maris Muñoz y a mi hijo menor, Nahuel Luciano Ventura que durante tres horas y media estuvieron a la vera del drama y la angustia.

El lunes 26, al mediodía, la mitad de mi familia viajaba al ranchito que tenemos Los Titanes, nuestro remanso de paz en los veranos. En la Ruta 23, de la República Oriental del Uruguay, kilómetro 110, el auto que manejaba mi esposa se fue de la carretera y dio varios tumbos sobre sí mismo. El vehículo quedó abollado por todos lados, y tanto mi mujer como mi hijo se salvaron porque iban con sus cinturones de seguridad que activaron el sistema de "airbag" que protegió sus vidas.

También se salvaron los tres perros que alegran nuestra existencia, Roco, Angra y Patán… Pero ahí comenzó otra historia, y me refiero a una historia lamentable y que convive alegremente entre nosotros sin que tomemos conciencia de la realidad.

¿A qué viene esto? A una nueva experiencia sufrida porque quienes deben asistirnos en un accidente o tragedia no lo hacen como sí te quieren hacer creer, promocionan y llenan sus extensos "spots" publicitarios para inculcarte que el "Automóvil Club Argentino", las 24 horas del día y en cualquier lugar del país, te asiste en tu necesidad, ergo accidente.

¡Es más! También promocionan que te resuelven la vida en el Uruguay… ¡Cuánta hipocresía! Que no te mientan más, ellos no te resuelven nada. Sólo te cobran la cuota mensual y después el servicio del problema que sufras, tras el largo peregrinar por los contestadores automáticos, cuando lo único que querés escuchar es una voz de carne y hueso que te contenga.

Eso sí, te lo resuelven si vos tenés los billetes en el bolsillo, de lo contrario, ¡minga! Llames a quien llames, las reglas de juego son éstas. Aunque no te las anticipen cuando te quieras inscribir y hacer socio… Te mienten todo el tiempo.

"Señora, tiene que pagar 37 pesos uruguayos por cada kilómetro de remolque del auto, los tiene que abonar por anticipado para que levantemos el auto accidentado y no le podemos cambiar dólares ni pesos argentinos, tiene que pagar en dinero uruguayo…", esto fue lo que dijo la energúmena que atendió el teléfono del "Automóvil Club Uruguayo" cuando mi esposa solicitaba en el medio del campo del departamento de San José que la ayudaran, teniendo pesos argentinos, dólares, pero nada de cambio en pesos uruguayos… Jamás dijo de no pagar, sólo pidió cambio… ¡Cambio de moneda!

No hubo caso, nadie la entendió ni en Argentina ni en Uruguay. Tampoco le preguntaron si estaba bien o mal. Ni por mi hijo, ella sólo quería que le pagaran por anticipado y en pesos uruguayos.

Qué bueno sería que cuando arman las promociones del "Automóvil Club" se lo comunicaran a los potenciales clientes, así no se sorprenden y angustian cuando le pasan las cosas o se accidentan.

Entonces, cuando alguien como yo tiene acceso a los medios y cuenta con vocabulario para explicar claramente lo que ocurre, lo que llegan son las disculpas, los llamados amorosos… Pero, tarde.

Porque ocurre cuando está todo resuelto, cuando el drama te lo chupaste enterito y sin dobleces… ¿Para qué?

Por eso le quiero marcar a los ejecutivos y al personal de los "Automóvil Club", de Argentina y de Uruguay, a uno por uno, a Federico, Ayelén, Daiana, Valentina, Horacio, Jorge, Mario y Carlos… que tiene apellidos y algunos los anoté y los pongo a disposición para que los sepan, las casi cuatro horas que me hicieron sufrir para enterarme de la bazofia de empresa para la que trabajan. Porque lo único que les parecía importar es el dinero, pero en pesos uruguayos y por kilómetro recorrido. Las vidas humanas, no.

Y al oficial Acosta, de la Policía Caminera de San José, y al subcomisario Casto Rodríguez, y al paisano uruguayo que no tengo el nombre que sólo pidió un tanque de gasoil para llevar a mi familia, a mis tres perros y a lo que quedó del auto a destino, muchas gracias. Gracias por ser gente ante todo, por su solidaridad y por dejar en mi corazón la convicción que en el Río de la Plata todavía queda gente de bien y como uno, todavía quedan gauchos en la Pampa. Chau, hasta el próximo Sábado… Show.

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