The resistance muse

| Discos | Martín Cajal

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Demasiados préstamos. Demasiado maquillaje. Estos son los problemas centrales del último álbum de Muse, banda inglesa caracterizada por las altas ambiciones a la hora de componer. En su quinto trabajo, la (siempre válida) adopción de influencias se aproxima al pastiche, a la apropiación de referencias musicales sin una destilación personal. El cantante de la banda, Matthew Bellamy, no sólo posee un color de voz similar al de Thom Yorke de Radiohead - un parecido natural, irreprochable -, sino que en varios momentos canta exactamente igual, con ese mismo vuelo de melancolía dolida. Y eso ya es más reprochable, porque no se evidencia una personalidad suya a la hora de interpretar sus propias palabras. Por otro lado, se nota un casi plagio en la canción anti-bélica United States Of Eurasia, donde hay un pasaje demasiado parecido a Bohemian Rhapsody de Queen. Comienza con un piano y melodía de voz suaves hasta que esa tranquilidad se quiebra y aparece ese ascenso glorioso recurrente en la banda de Freddy Mercury, caracterizado por una intensidad coral casi de ópera y por un punteo de guitarra sostenido. Hacia el final del tema y basándose en el escritor George Orwell, Bellamy canta: "Pero pronto veremos/ que podrá haber sólo un/ Estados Unidos/ Estados Unidos de/ Eurasia". A continuación, para acentuar el contenido utópico de la canción, la banda cita la reconocida pieza Nocturne In E Flat Major de Frédéric Chopin, una composición de notable pacifismo y belleza. A Muse parece fascinarle esa mezcla de secciones melódicas inspiradas en la música clásica con secuencias de riffs de guitarra y sintetizadores. De hecho, las últimas tres piezas del disco se titulan Exogenesis y se dividen en tres `sinfonías` - Overture, Cross-Pollination y Redemption -, que otra vez se tratan de préstamos, en este caso algo disimulados, al estilo romántico de Chopin o Liszt.

The Resistance suena portentoso, tiene temas de potencial hitero como el seudo-subersivo Uprising, y se evidencia una intensa elaboración y producción en todo el material. El problema del trabajo (y de Muse en general) consiste en ese rock grandilocuente, en esa frecuente opulencia de arreglos electrónicos y orquestales que resulta, la mayoría de las veces, demasiado gratuita, sin una notoria funcionalidad expresiva. De ahí que pueda sonar ambicioso y hasta espectacular si se quiere, pero parece ante todo una obra efectista, de mero (y rápido) impacto.

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