Televidentes sin pantalla de por medio

Alejandro Gayvoronsky dirige Men. Los viernes a las 23:30 en el Museo Torres García.

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MARIEL VARELA | FOTOS: NONI RÍOS

Se acomodan en las butacas, empieza la función y cambian de rol, de espectadores a televidentes. "Es como si prendieran la televisión, te están dando una información donde vos decís, `sí, es verdad, es bizarro, qué está pasando acá, se va al carajo`", describe Alejandro Gayvoronsky, autor y director de Men. Este cambio de papel tiene una explicación. La obra es la segunda parte de una trilogía que se completará el año próximo cuando se estrene una versión bien distinta de Romeo y Julieta. De entrada se elucubró como una saga de tres partes. "Pensé primero en hacer Women, luego sabía que iba a hacer otra historia que se llamaría Men pero no sabía de qué iba a tratar". Un día encendió la tele, escuchó que había terroristas en Uruguay y dijo, `ta, esto es Men`. Agarró la pluma, se nutrió de esa fuente inagotable de recursos narrativos que suponen los informativos y construyó esta historia.

Alejandro trabaja con amigos. A algunos los conoció en el Instituto de Actuación de Montevideo (IAM), con otros compartió elenco, horas de ensayo y escenarios. A varios de los protagonistas de Men ya los había dirigido en Women. Elige rodearse de un grupo capaz de apoyarlo porque intuye que es la mejor forma de crear. Necesita que le tiren información para elaborar sus textos porque "soy muy malo para las ideas" y suele tomar prestada mucha data de su amigo y actor Bruno Pereyra, que interpreta a Alberto en Men. Incluso saca piques de las reuniones y salidas. Sin ir más lejos, el significado de la sigla Men nació en una de esas juntadas.

"Estábamos con unos amigos tomando unas cervezas, les conté sobre el texto, por dónde venía la mano, que se iba a llamar Men y uno de ellos me dice, `ah, mirá, mejores ejemplares nacidos, hombres`. Libreta y a anotar". La primera impresión puede sonar machista pero la trama está llevada a un extremo tal que lo permite. Lo dicen tres soldados que se incorporan a la historia del sargento Alberto y esas tres hermanas que protagonizaron Women. Estos soldados tienen al presidente secuestrado e integran una red cuyo objetivo es salvar al país de la delincuencia. En el medio se cuela el debate sobre la tenencia de armas, la disciplina militar y la influencia de los medios de comunicación en la sociedad. Todos estos tópicos tratados desde el absurdo y con una carcajada como cómplice. Alejandro no sabe si ese presidente es Mujica. No se dice el nombre pero varios le han comentado que piensan en el actual primer mandatario uruguayo cuando ven la acción.

El autor y director no se planteó ir a fondo con cuestiones políticas pero le hicieron una devolución sobre la dictadura y cómo quedan parados los militares que lo llevó a reflexionar acerca de asuntos que no había tenido en cuenta, releer el libreto, prestar atención a ciertas partes, anotar cosas. "Mi intención no era arruinar a los militares ni a nadie. Si se ve así, bárbaro, no tengo ningún problema". Es cierto que hay pasajes que hacen alusión a la dictadura ("cómo los militares entran a un lugar y se apropian de él o una frase que dice, `la única guerra que hubo acá se terminó gracias a Dios y aún buscan a los hijos de p... que la empezaron"), pero Alejandro recién los reconoció como tales a raíz de comentarios del elenco o de la crítica ya que no lo había pensado desde ese ángulo durante el proceso de escritura.

Alimento. Tardó apenas dos meses en redactar Women: "Lo tiré todo de una pasada". Con Men estuvo un año porque tenía muchos detalles e información que debía dilucidar. Andaba con un grabador y una libreta a cuestas para que no se le escapara nada. "Miraba los informativos de mañana, al mediodía y de noche. No podía creer, no acreditaba lo que decían. Es una fuente genial para escribir no sólo una obra sino para hacer una película". Está seguro de que volverá a recurrir a la TV para recolectar material pero estima que no es productivo para la gente que escucha esas noticias, se las cree y las repite como un loro.

Terminó de escribirla en Buenos Aires junto a su profesor Alejandro Tantanian y la televisión de la capital porteña lo inspiró aún más. "Es mucho más sensacionalista. Asaltan a una mujer y te ponen que le cortaron un dedo y le sacaron el hígado. ¿Cómo no se va a morir de miedo la gente con una cosa así? Se lo creen, lo repiten y terminan diciendo cualquier disparate (...) Eran tales las atrocidades y obscenidades que escuchaba que me pareció que estaba bueno darle una buena patada a lo que no se tiene que decir". Las noticias le despertaban ideas. Un día escuchó que a un hombre se le escapó un tiro y mató por error a su hija y "disparé para cualquier lado. En la obra se da la situación de que le pegan un tiro a un soldado y entra un médico (Pablo Sintes) a decir un monólogo de por qué la gente tiene armas en su casa".

En Women la trama era más policial y bajada a tierra, "Men se va al carajo", asegura Alejandro. Llega a instancias delirantes, está cargada de momentos bizarros, descacharrantes. No es en vano. "¿Por qué quise llevarlo a un extremo? Porque la televisión te genera eso, te provoca llegar a un estado tal que podés salir a la calle y caminar corriendo y correr caminando a la vez", compara y advierte que sus ideas están un poco entreveradas, por eso le resulta difícil explicar "pero yo me entiendo". Y agrega que "quería llevar al espectador a otro lugar" incomodarlo un poco mientras se lanzan cosas "que no tendría que escuchar al punto que decís, `esto se fue..."".

Sin ataduras. Se sentó con el elenco para pensar juntos qué querían contar y concluyeron que "comienza la función y somos la televisión. Es como una patada a los malos medios de comunicación que generan esa bola de bosta". Men se armó en cooperativa. Alejandro otorgó tanta libertad a los actores que al ver el resultado percibe "que una parte del espectáculo fue creada por ellos". Proponía y aceptaba devoluciones, quitar o agregar fragmentos, frases porque "sin intercambio no funciona". Se logró tal grado de apertura y retroalimentación que el director decidió armar la obra como el elenco eligiera en pos de que se sintieran cómodos. "Cuenten esta historia, me la cuentan como ustedes quieran, en paro de mano, arrodillados como un buda".

La técnica con la que operó quizá se deba a que no se siente un dramaturgo. Es actor y piensa como tal cuando escribe. Tantanian le aconsejó dejar de hacerlo pero le resulta muy difícil moverse de ese lugar. Se siente un director de actores y no de espectáculos porque piensa con la cabeza de un actor. No le interesa leer la mente del espectador pero le gusta ponerse en la piel del público, intuir qué piensa y hacer que los propios personajes sean quienes digan eso "que le puede estar pasando por la cabeza al espectador". Por ejemplo, el personaje de Alberto genera una risa inmediata apenas abre la boca por su forma peculiar de hablar y uno de los soldados interpretados por Santiago Sanguinetti se lo dice de frente, `sos un tipo que hace reír`. "Eso no estaba en el texto, no sé si lo agregó Santiago o lo dijimos de afuera. `¿De qué me río?` Te lo va a responder ese personaje, `sos un tipo gracioso, hacés reír a la gente`".

Alejandro los habilitó para que cada uno construyera su propia dramaturgia al dejarlos volar con la letra. "Creo que eso permite resolver ciertos problemas de un personaje a la hora de trabajar la dramaturgia del actor". Por ejemplo, Santiago sale de escena, vuelve comiendo algo y se lo cuenta al público: "Fui a comprar una merienda al kiosco". Él lo propuso, le pareció que al abandonar el escenario hacía esa acción y la respuesta del director fue "sí Santi, esa es tu dramaturgia, decilo, me encanta y está bien porque ese personaje se lo permite".

Dream Team. Amigos y familiares se ven reflejados en las obras de Alejandro porque "en parte están ellos ahí, hay ganchos y pequeños guiños donde se sienten identificados porque mi grupo de amigos y mi familia son una gran obra teatral. Son tan increíbles las historias que han ocurrido que inspiran". Desde los hechos hasta los sobrenombres que aparecen. Por ejemplo tiene un compañero que le dicen "Bebote", a otro "Teta" y ahí sacó los apodos para los soldados que encarnan Santiago Sanguinetti y Fernando Amaral. En una charla con Valeria Fontán, que interpreta a Lorena Zapata, Alejandro le comentó que le faltaba el nombre de uno de los soldados. `Juan José Tetamanti`, me dice. Perfecto, quedó. "Todo surge de la espontaneidad de los amigos que me ayudan porque solo no puedo".

Dirigir a sus amigos es "lo mejor". Conocerse desde el lugar más visceral potencia porque "te decís todas las verdades y para el actor trabajar desde la sinceridad es la cosa más linda y lo más beneficioso para lograr un producto final rico y quedar conforme con el resultado".

-¿Hay un código compartido?

-Hay una vida compartida: hubo ensayos previos, otros espectáculos, una cerveza en la Rambla, comidas previas, almuerzos, cenas, una charla, hubo discusiones porque si no hay una pelea con un amigo, no hay intercambio. Creo que desde ahí uno puede entender qué le pasa por la cabeza al otro.

-Hay mucho diálogo en Men, todo lo que se dice pesa y los personajes no tienen filtro, ¿qué importancia le das a la palabra?

-Intento darle peso a todo lo que se dice en mis textos. Acá lo dicen todo sin filtro y creo que está sostenido por los actores. Si ves algo en falso ya se quiebra el sostén de ese monólogo o esa frase, debe ser tal el peso que tienen estos tipos para decirlo que no debe haber margen de error. Eso no quiere decir saberse la letra, para nada, el actor debe contaminarse de esa palabra para poder transmitirlo.

-La risa también tiene su peso, es una constante a lo largo de la obra...

-Cuando se la di a leer a Alejandro Tantanian me dijo que notaba un único error, que la risa era tal que por momentos no se iban a sostener las pausas. Lo mismo pasó con el elenco. Cae en un lugar tan cómico que hay que sostenerlo con volumen, no tentarse. Tuvimos un gran problema: hasta dos semanas antes del estreno, los actores se seguían tentando. Y yo insistía, `por favor, no se rían, piensen en lo que sea`.

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