Sumergidos

Personajes extremos luchan por sobrevivir. Snorkel muestra con crudeza y naturalismo la realidad a la que estamos expuestos a diario.

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Por: Mariel Varela

No se iba a llamar Snorkel. Su destino tampoco iban a ser las tablas. "La motivación no fue hacer una obra de teatro. De hecho, cuando empecé a escribir no lo planeaba", cuenta Federico Guerra, autor y actor de Snorkel.

Primero fue un puzzle difícil de armar. "Soy muy inconstante. Nunca tuve como objetivo sentarme a escribir una obra. No funcionó así el proceso". Un día se encontró con un collage de manuscritos y advirtió que si los juntaba podía salir algo. "En un momento dijimos, cómo unimos todo esto, pero salió".

Había que afinar el texto. Ahí entró Bernardo Trías, director y actor de Snorkel. La primera vez que lo leyó, le hizo ruido. No tenía ganas de caer en el lugar común. Y lo dijo sin anestesia: "No quedé satisfecho con la primera lectura, necesito escucharlo". Y algo cambió. Los diálogos en boca de los actores hicieron que lo viera con otros ojos y le dio una chance.

Bernardo dirige e interpreta dos personajes: Ernesto, un policía corrupto, y Queso, un adicto. No está tan cómodo en ese doble rol. "Existía la necesidad de que yo dirigiese y no querían llamar a otro actor por cuestiones internas -habían integrado mucha gente de afuera de El Galpón-. Hubo una insistencia de que asumiera los dos roles y lo hice".

-No te favorece el combo actor y director...

-Capaz que no tengo la experiencia suficiente para hacerlo. Cuando entraba como actor mi cabeza estaba más puesta en el trabajo de los demás o en las cosas que tenía que solucionar en la dirección que en mi personaje. Postergué mi trabajo como actor hasta el final.

Fernando la escribió y encarna otros dos: Juan, un hombre abandonado, y Rodolfo, panelista de un programa de TV.

-¿Cuán positivo es haber escrito el texto y actuarlo?

-Lo escribí yo así que lo comprendo y sé lo que buscaba de él. Cuando no es tu humor te cuesta más adaptarte. No tuve que pasar por eso. Lo manejo bien.

Director y guionista se sentaron en la misma mesa de la cafetería de El Galpón pero con dos horas de diferencia. Contaron por separado a Sábado Show detalles de esta obra que llena la sala 0 cada viernes y sábado a las 22:30 horas.

trama. Federico dice que es difícil explicar qué cuenta Snorkel. "No importa mucho lo que trata sino cómo lo trata". A Bernardo le sale espontánea la descripción. "Es un caleidoscopio de situaciones y personajes que te chocan y están tratados con crudeza".

Violencia, drogas, homosexualidad, corrupción y cáncer: tópicos que saltan de este collage. Personajes extremos en situaciones extremas que buscan sobrevivir. Federico dice que, en parte, es su visión de la vida: "Tengo una visión bastante negra".

Había que jugársela. Asuman riesgos fue la orden que dio Bernardo a los 9 actores (incluido él) que interpretan 21 personajes. "Querés hablar de drogas, tiene que ser real. Querés hablar de sexo, tiene que haber sexo", dice Bernardo. Y lo hay.

"Nos teníamos que creer absolutamente todo lo que hacíamos y decíamos. Detesto cuando veo a un actor que se regodea en si mismo. Cuando hay una conexión interna aparece una emoción auténtica, verdadera. Para mí eso es lo que vale en el teatro", agrega.

-Imágenes o palabras, ¿qué choca más?

-F.G: Tienen que ir juntas. Si las imágenes fuertes no van acompañadas de algún contenido, es sólo un disfraz y no sirve para nada. La estética en el arte es importantísima pero tiene que tener sustento ideológico, sino cae y es plástico puro.

puja. Bernardo es bailarín y ve cada espectáculo como una danza. Armó Snorkel con los tiempos y ritmos de una coreografía. "Federico la escribió pensando en el teatro convencional. Todos sentimos la necesidad de armar un entretejido porque sino quedaba como si fuesen pequeñas viñetas una detrás de la otra".

Federico fue bastante "celoso" del texto. No le gustaba que se hicieran cambios o que las escenas se fueran por otro camino. A Bernardo no le importaba alterar la letra en pos del realismo y credibilidad que se pretendía alcanzar.

Dirigir al escritor "tuvo sus bemoles". Él tenía una pre concepción de lo que quería hacer y decir con el texto. A su vez, yo también iba descubriendo cosas que me interesaban. Había ese enfrentamiento que es natural y enriquecedor", asume.

La presencia del autor fue clave por el compromiso "visceral" que tenía con el guión. "El problema es cuando te bloqueas antes de probar", dice el director.

Federico asegura haber cedido bastante pero en la escena del cáncer no dio el brazo a torcer. Los actores pusieron resistencia y dijeron que no querían hacerla porque no era parte de la obra, pero el guionista no pensó jamás en descartarla. Y Bernardo estuvo de acuerdo: "Nunca dije de sacarla pero tenía que salir bien. Es una escena que se diferencia del resto. Te baja, te saca, te choca. Todo lo demás está teñido por la sátira y esto es un puñal doloroso".

-Se mezcla crudeza y humor, ¿cuánto aporta éste?

-F.G: A través del humor comunicás cualquier cosa y podés hacer las mejores críticas. Es un estilo de humor en el que te estás riendo de las minorías, del desgraciado: el que lo deja la novia, la mujer golpeada, el gay.

B.T: Para poder hablar de estos temas sin caer en una dimensión trágica y solemne, el mejor vehículo es el humor. Reírse de uno mismo es lo mejor en estos temas. Reírse de la desgracia ajena es reírse de la propia.

anti snob. Federico evitó las historias rebuscadas y eligió diálogos cotidianos. "No hay que menospreciar al espectador y eso lo hace mucho el teatro. `Uh, la gente no entiende porque mira Tinelli`. Si la gente no entiende es porque algo hiciste mal en tu espectáculo y se aburrieron. Tiene que ser entretenido, atrapar. Si es un desafío intelectual, prefiero quedarme armando un puzzle. Para que te haga pensar, primero te tiene que mantener cautivo, sino no tiene gracia".

-¿Qué sensación buscaste despertar?

-F.G: Quise molestar a mucha gente, que las escenas shockearan. Me pasó con chicos de un liceo católico. Escribieron en un foro que la obra era obscena y traumática. Igual me encantó la crítica: si les generó todo eso, vamos por buen camino. Lo peor que te puede pasar es que te digan, me aburrí.

B.T: Si el espectador se siente cómodo, no funciona. No te podés aflojar nunca, tenés que estar siempre con el nervio tenso. El vértigo que no da respiro es una fortaleza del espectáculo.

dualismo. La obra plantea dos polos: mundo real y virtual (representado por un talk show). Entre escena y escena se cuela la TV. "Golpean a un personaje y aparece la TV hablando de la violencia de una forma muy estúpida y absurda", cuenta Federico.

"En la TV jugamos a la sátira, lo grotesco. Y en la realidad apostamos a la crudeza", dice el director. Y se hace a través de la burla: cómo trata ciertos temas este tipo de programa, quiénes van a opinar. "Es una manera de ridiculizar las vivencias serias de los personajes", complementa el autor.

-En el mundo real se dice todo tal cual es, ¿cuál es el límite con el lenguaje?

-Se habla así y no sólo en un nivel lumpen. Habla así cualquier grupo de amigos tomando un vino en botella sobre dos minas. Tenía que usar ese lenguaje para que el realismo al que aposté surtiera efecto. La gente escucha malas palabras todo el tiempo y le choca más cuando lo ve en el escenario porque todo se potencia. Se desnuda uno en el teatro y es, uhh. Ven una cola en la TV y es lo más normal del mundo.

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