Por: Mariángel Solomita
No es fácil ganarse la vida como director, incluso con la moda del cine mexicano". René Villareal, realizador de ese país, llegó a Uruguay invitado por el Festival de Punta del Este -que finaliza hoy-, para presentar en la competencia oficial Cumbia callera. Con su ópera prima este cineasta logró darle un nuevo empujón a obras localista de su país, que se viene desarrollando con el fin de fortalecer la identidad de ciudades como Monterrey frente a las expresiones que surgen de la capital azteca. Su propuesta, inusual y arriesgada, le valió el premio a la Mejor Película en el Festival de Moscú, Bolivia y México. Mientras su cinta triunfa en el mercado latino de Estados Unidos, Villareal reflexiona sobre los pros y los contra del éxito del producción de su país, convertida en el niño mimado de Hollywood.
MUSICAL MUDO. Villareal parafrasea a Rulfo para explicar la esencia de su película: "Para mostrar lo universal hay que ser profundamente local". Cumbia callera cuenta los pormenores de un triángulo amoroso protagonizado por tres jóvenes. Uno de ellos es de clase media y aspira a ser cineasta, los otros dos son "cholombianos": jóvenes que viven en la periferia de Monterrey y se asocian con la violencia y el consumo de drogas. Se les distingue por su forma de vestir, tatuajes, pelos teñidos y, sobre todo, por identificarse con la cumbia colombiana. Se puede comparar con la subcultura uruguaya de los "planchas" y encaja a la perfección. La descripción es exacta, a no ser por el modelo de calzado: los cholombianos no entran a un baile si no usan championes All Star. "Traté de retratar un universo muy particular que ocurre en el norte de mi país, en la ciudad que se considera la capital industrial de México, que presume de ser una ciudad de trabajo, bastante conservadora. Desde hace muchas generaciones, la gente de muy bajos recursos se identificó con la música colombiana. Es un universo profundamente musical. No hay manera de definirlo fuera del contexto de la música". Es por eso que la música narra el 99% del film: la historia se va contando con canciones, de cumbia. "Yo creo que es una película de género musical, aunque sus protagonistas no canten. Casi no hay diálogos. Mi convicción es que en el cine se abusa del diálogo, que es generalmente innecesario. La búsqueda de los compositores fue tan importante como la de los actores; seleccioné a 3 compositores que compusieron 11 canciones."
Cuenta Villareal que a no ser por Oliver Cantú (el Neto), los otros dos protagonistas surgieron luego de una intensa búsqueda por los barrios donde habitan los "cholos". En efecto, la pareja principal pertenece a esta subcultura, pero ya contaba con entrenamiento actoral. "Busqué gente sumergida en esos barrios porque para alguien que está por fuera es muy difícil entender e interpretar este tipo de personajes".
Sin embargo, el realizador deja en claro que no hizo hincapié en el pandillismo ni en la violencia con que se identifica a este grupo: "Para mí, es muy importante reivindicar los valores positivos de esta subcultura. Se habla de ellos para segregarlos, para decir que son lacras sociales. Me parece que es parte un poco de una trampa que se plantea a nivel de afirmación de ciertos valores. Existe en todas las esferas sociales: siempre hay lacras".
LA CARA OCULTA. Si bien Villareal lleva más de 30 años como asistente de dirección de películas como Los tres entierros de Melquíades Estrada, Blow o Bandidas, entre otras, comenta que no es fácil, una vez que se profesionaliza en un área, que la industria permita probarse en otro rol. Desde joven coquetea con la cámara, realizando cortos que considera experimentales y por esa razón sin mucha salida comercial. Finalmente, luego de triunfar en taquilla y crítica con un corto, nació este proyecto, que a sugerencia del Instituto Mexicano de Cine se transformó en largometraje.
El auge del cine mexicano, ¿facilita el acceso de los cineastas a la gran industria? "Hollywood siente un gran interés por el cine de mi país. Varios colegas han triunfado allí, un poco a costas de sacrificar su propio cine en aras de hacer uno que los norteamericanos consideran que es el que se puede vender. Yo tengo mis dudas al respecto. Porque es fácil vender cuando tienen toda la distribución en sus manos, eso de alguna manera te permite a ti definir lo que es el gusto del público, y fingir que es eso, cuando en realidad sos tú quien lo está formando y modelando."
No cualquier producto mexicano consigue el aval del gran mercado, pero el tema es aún más complicado si se analiza el funcionamiento de la industria cinematográfica azteca, tercer mercado en importancia de recaudación de entradas a nivel mundial. "Hollywood tiene la sartén por el mango y no están dispuestos a soltarlo por cualquier motivo", agrega Villareal, quien vivió una situación bastante particular al ver cómo su película recibía una clasificación C, es decir que no se permitió ver a menores de 15 años por considerar que sus escenas de sexo eran demasiado subidas de tono. "Es parte de una campaña bastante curiosa que ocurre en México, que es la de proteger un cine que no necesita protecciones. Tenemos una ley que protege sólo en teoría al cine local: obedece a las reglas de los distribuidores, que son norteamericanos. Mientras mi película recibía la clasificación C, las cintas de hollywoodenses que tenían el mismo contenido sexual y hasta violencia eran aptas para todo público. Eso te hace pensar que hay sobornos o peor aún una inconsciente sumisión ante cierto producto, en detrimento del producto mexicano. Hace unos años se propuso que un peso de la entrada fuera a parar a un fondo para financiar cine nacional. Los distribuidores se negaron porque eso permitía al fisco conocer sus ganancias reales. Es así de escandaloso", concluye.