Martes 25 de enero de 2006. 16 horas. La terminal de ómnibus de Córdoba colapsa. El recalcitrante sol pone la sensación térmica arriba de los 38 grados. Los ómnibus salen y entran a los andenes con gran celeridad, mientras los cordobeses esperan pacientes en la cola, para abordar el que los lleve a destino: Capilla del Monte, Unquillo, Villa María, Villa General Belgrano y... Cosquín. Extrañamente, este último ómnibus parte con muy poca gente a bordo. A su lado, una interminable cola de jóvenes, muchos de ellos equipados con implementos de camping, colchones y comida, en su mayoría con remeras de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota o La 25, se paran frente al transporte que anuncia "Comuna de San Roque". El supuesto engaño no es tal: desde hace ya dos años, el Cosquín Rock, gran festival donde se nuclea la mayoría de las bandas importantes del rock argentino, se celebra en la Comuna de San Roque (rebautizada como "San Rock-e" por la producción del festival). Allá vamos todos.
Luego de una hora de de viaje, se llega a la zona. La foto es impactante: Los rockeros andan por todos lados. Ni siquiera dan abasto los atestados campings que se han ido improvisando en los alrededores del predio. Así, este pequeño pueblito (allí no llegan a vivir más de 2 mil personas), se ve totalmente revolucionada por las huestes rockeras.
Pese a que toda la maquinaria está lista, el primer día de festival transcurre con inesperada normalidad, la gente va llegando de a poco, quizá amedrentada por el sol. El festival comenzó con una serie de charlas que dieron Cristian Aldana, Diego Boris y el maestro Rocambole, célebre artista vinculado a la historia de los Redonditos. La fiesta iba tomando color de ricota cuando unos metros al costado, el Club de Tobi plantaba la bandera uruguaya, con numerosos homenajes a la banda liderada por el Indio Solari. El cuarteto de violines, bajo y cello tuvo la bendición del propio Skay, ex guitarrista de la banda y encargado de abrir el festival, que los elegía como banda afín para abrir la celebración. Más tarde, los uruguayos se volverían a presentar en carpa de prensa, a pedido de la producción y para deleite de quienes habían escuchado previamente a Alfredo Rosso y Fernando Pau, quienes hablaron sobre 10 artistas fundamentales en la historia del rock.
Solo y de noche
Pero la hora de la música llegó y con ella Skay ejecutó, para más de 30.000 espectadores, varios temas de sus dos producciones solistas: "A través del mar de los sargazos" y "Talismán", a los que mechó con temas de los Redondos, esos que comenzaron a levantar el pogo de la comuna: "Caña seca y un membrillo" y "Todo un palo", para golpearse el pecho antes del remolino impresionante que se armó al sonar los acordes de "Jijiji". Más allá de saltar también con la excelente "Oda a la sin nombre" y "El golem de la Paternal", los ricoteros tenían su propio hit, que salía del alma en la noche cordobesa: "Sólo les pido que se vuelvan a juntar". Será cuestión de esperar.
Pogo, piñas y emoción
Comenzado el segundo día, el Cosquín Rock empezaba a trabajar su escenario temático con una celebración punk. El pogo se empezó a armar cuando Mosca pisó el escenario y arrancó el toque de 2 Minutos. En el escenario principal, los brasileños de Lagunna cerraban su set para dar paso a la primera sorpresa de la tarde: La Mancha de Rolando, una de las bandas con un 2005 impresionante, ocupaba uno de los primeros lugares de la grilla, haciendo que mucha gente se pierda el show. "No nos quejamos, estamos muy contentos de venir acá" explicaba el Negro, cantante de la banda de Avellaneda. Luego de hacer referencia a programas "que nos lavan la cabeza", con especial dedicatoria a Tinelli y Jorge Rial, invitó a subir al Chirola, cantante de Hereford, para que Uruguay volviera a decir presente en Córdoba, en las estrofas de "Calavera". La Mancha dejaría a la gente lista para recibir a Juanchi Baleirón y el resto de los Pericos, que sigue confirmando que la salida del Bahiano sólo los ha hecho mejorar. Hartos de ser consultados por la salida del cantante y sus derivaciones, los músicos de reggae se despacharon con reversiones al punk de temas como "Pupilas lejanas", que la gente recibe con gran aceptación. Para el final, el primer tributo a Sumo: "Mejor no hablar de ciertas cosas" un estridente solo de guitarra que se dio contra el piso, los parlantes y la jirafa del micrófono. Luego de ellos, en el escenario temático se daba otro increíble regreso: Pil Trafa y los Violadores subieron al escenario para seguir saltando. "Ultraviolento" fue el punto más alto del día, sin lugar a dudas. el cierre estuvo a cargo de otra banda española muy conocida en la Argentina: Soziedad Alkohólika.
Uno de los conciertos más esperados del día era el de El Otro Yo, la banda de los hermanos Aldana, que arrancó su acostumbrado y potente set con una serie de sus temas más populares. La escenografía, acorde con el disco, hacía aún más disfrutable el set. Pero todo terminó después de que la gente saltara con "Alegría", cuando Cristian reclamó tres temas más a la producción del evento. Sin hacer caso al pedido, se cortó el sonido de la banda. Pese a la insistencia del público, no hubo vuelta atrás. El Otro Yo completó el tema y Cristian dejó su guitarra a un costado. Luego revoleó el micrófono y lo arrojó repetidas veces, jirafa incluída, sobre el escenario. Alguien de seguridad intentó contenerlo y comenzó la breve piñata, que terminó con un Cristian acercándose al público para abrazarse con alguno de sus fans y que, hecho una furia, salió del escenario.
Los reyes del heavy argentino siguen siendo aquellos peludos que tocaban en "Ritmo de la Noche". Sobre las 22 horas, se presentaron sobre el escenario Adrián Barilari, Wálter Giardino y compañía, para otro genial set de Rata Blanca, donde se confirmó que el talento está intacto y que temas como "Mujer amante" o "La leyanda del hada y el mago" pueden encasillar y marcar a la banda de por vida, pero son verdaderos himnos para el público argentino, que los canta como siempre. La gente adora a estos músicos, sean "del palo" de ellos o no.
Pero el gran show del día (y probablemente de todo el encuentro) fue el que dio León Gieco. Más audiovisual (con proyecciones de videos) y menos verborrágico, Gieco envió la primera flecha al alma de los espectadores con increíbles canciones como "El angel de la bicicleta", dedicada al desaparecido Pocho Lepratti. Tambien hubo momentos para la diversión, cuando el cantautor volvió con "Ojo con los Orozco", un genial candombe que aún la gente se intenta aprender, sin éxito. Después del recital sonó "Un minuto", canción que compuso junto a Pato Fontanet, líder de Callejeros, que fue escuchada en silencio y sin manifestaciones por parte del público. Como siempre, a León lo ubican en la grilla de los festivales donde se puede y por eso tocó antes de Kapanga, banda de Quilmes que dió un set con reiteradas burlas e insultos a otros grupos como Arbol y hasta una mención a la actitud de Charly García para con la gente que fue a verlo a Gesell (se fue del escenario después de llegar en limosina y tocar muy poco), fueron marcando el final del toque, donde no faltó "El mono relojero". El fiestero set de Kapanga dio paso a la primera celebración stone, a cargo de La 25, ya con muy poca gente dispuesta a hacer el aguante, pero con fervorosos "rolingas" prendidos al pogo.
Uruguay dice presente
El segundo día traería el reggae al escenario temático, uno de los géneros que convoca más gente, fundamentalmente si se trata de verdaderos embajadores del género, como es el caso de Fidel Nadal, un tipo que sabe comandar tanto a la multitud como a su propia banda. La rapidez para cantar y el mensaje de las canciones del ex Todos tus Muertos enloquece a la gente. Sobre el final, la otra gran presencia fue en el cierre: Los Cafres, en gran momento de convocatoria, finalizaron la noche de reggae con un excelente show. La voz de su cantante suena tan bien en vivo como en los discos.
El principal comenzó el ruido con Los Natas, con su acostumbrado set de fuerte rock y distorsiones, que merece más atención. Hereford también dijo presente sobre las tablas, cerca de las 18. La falta de prueba de sonido y el escaso tiempo del set no le permitieron a la banda uruguaya mostrarse ante la reducida concurrencia, si bien sirve para que comience a abrirse paso y darse a conocer a los rockeros argentinos. Karamelo Santo fue la banda que se presentó después, en un toque donde terminaron homenajeando a los Clash. Los tributos siguieron con Carajo, que versionó "Smells like teen spirit" de Nirvana, para luego dar paso a los mexicanos de El Tri, que se pusieron a la gente en el bolsillo a base de rock de la vieja guardia y homenajes a las víctimas de República Cromañón.
Luego de la increíble performance de Intoxicados el pasado año, se esperaba una performance similar en el escenario central. Menos fiestera y con grandes pasajes de sobriedad, la banda de Pity dio un recital quizá un poco más descolorido que el de su anterior presentación, tocando reggae y olvidando al hip hop. Sobre el final aparecieron las canciones con guitarras al frente, a puro estilo "calamaresco", como "Fuego". Pity Alvarez siempre da espectáculo.
El honor de la noche lo tuvo La Vela Puerca, que se presentó antes de dar paso a la banda más local del festival. Las banderas, remeras y cánticos demuestran que el romance entre la banda y el público argentino es ya una realidad, algo que los propios cantantes de la banda comentarían luego en conferencia de prensa: "Más que sentirnos consolidados acá, lo que sentimos es que recibimos mucho de este público, al que nos pudimos ganar de la forma en que nosotros queríamos", explicó Sebastián Teysera. Sólo estando en Argentina se puede comprobar el grado de fervor que tiene gran parte del público argentino para con estos uruguayos.
Tocar en casa
Sobre el final del día 3, Germán Daffunchio y Alejandro Sokol aparecieron sobre el escenario, para delirio de todo el predio, que en ese momento alcanzaba las 22.000 almas. "Córdoba mata", sintetizó Germán, sobre la provincia que la banda eligió para radicarse, y después de ejecutar "Mareada", uno de los mejores temas de "Esperando el milagro", su último disco. Todo en el concierto fue perfecto, desde la postura de un Sokol menos "bardero" que en otras épocas y con las guitarras de Sussmann y Daffunchio acompañando con punteos increíbles "de esos que te vuelan la cabeza", comentó un cordobés que llevaba la remera de la banda. El punto más alto llegó cuando todo San Roque coreó la canción que pone nombre a su última realización. Un momento para llevarse grabado en la memoria. Hoy, con un posible regreso a Buenos Aires para telonear a los Stones una vez más, la "otra" banda que surgió de la escisión de Sumo vive su momento más dulce.
Glamour a los saltos
El penúltimo día de rock (y no tanto rock) presentó un escenario temático ideal para los rolingas argentinos, con bandas como Motor Loco y El Bordo, que están entre las que más prometen, y un cierre a cargo de La 25, que se presentó nuevamente en el festival. La conclusión es que el movimiento ya se ha convertido en un género, que tiene muchísimos seguidores entre los mas jóvenes. Al otro lado del escenario, Turf y Cabezones abrían el escenario principal del predio. Luego pasaron Guasones y Estelares. La fiesta del pop glamoroso llegó con los chicos de Miranda!, resistidos por algunos, pero con el resultado final previsible: todos moviendo la cabeza al ritmo de "Don". La guitarra de Lolo sonó y los aullidos aumentaron en decibeles. Nadie puede sacarle a esta banda el lugar que ocupó en el público argentino, si bien este tipo de números parece algo desencajado en un evento que se hace llamar "encuentro del rock". Se fueron muy aplaudidos.
El pogo más alto del festival se registraría en los dos sets siguientes: Arbol y Catupecu Machu. Los de Haedo, que suelen visitarnos (afortunadamente) con bastante regularidad, son una increíble banda que levanta el ánimo a cualquiera, ya sea tocando para 100 personas o, como en este caso, para 19.000. La gente parece prenderse más con los temas como "Enes" o "Vomitando flores" que con los de su nuevo disco "Guau", pero igualmente ellos logran que todo el concierto sea parejo y disfrutable hasta el último acorde. Las referencias a Bob Marley y a los Beatles (en el violín de Edu Schmidt), pasando por algún contragolpe a los insultos del "Mono" de Kapanga, cerraron otro de los mejores shows del festival. Cuando se habla de Catupecu, decir que fue uno de los shows más potentes es caer en un lugar común. Siempre es así. La presencia de Juanse y el Zorrito Von Quinteiro sirvió para tocar "Cowboy", de Ratones Paranoicos, para luego cerrar el set con "A veces vuelvo" y "Dale!", canción que, cuando nadie toca "Jijiji", se convierte en el pogo más grande del rock argentino.
El cierre, a cargo de Adrián Dárgelos y sus Babasónicos, fue bastante más prolijo que el pasado año, sin tanta soberbia para con el público. No obstante, mucha gente comenzó a retirarse del predio mientras la banda ejecutaba su hiperdifundido hit "Carismático". Se nota una intención de conectar más con su público, pese a que Dárgelos señale que esto no es algo premeditado.
El Carpo sigue acá
Finalmente, el último día de rock tenía un escenario temático compuesto por grandes emperadores del heavy metal: Horcas y Almafuerte, la banda comandada por Iorio, que sonó tan clara y nítida como los insultos de su líder hacia Turf, Babasónicos, sus compañeros de stage de Brujería (los mexicanos tocaron antes) y hasta para Navarro Montoya, el golero de Gimnasia... lamentable.
Al otro lado del predio ya sonaban los Gardelitos, una muy buena banda de rock. Pero sin duda que la gente se encontraba allí para el gran evento de la noche, que llegó después de Jóvenes Pordioseros. El homenaje a Pappo Napolitano llegó entonces, rugir de motos de por medio (hubo un encuentro de motoqueros en honor al desaparecido Carpo). Muchos músicos invitados (entre ellos Pity Alvarez, Juanse, Iorio, Celeste Carballo y Alejandro Medina, entre otros) conformaron la gran celebración de los adoradores del fallecido músico, previa presentación de un video que hizo llorar a más de uno. Las canciones del Carpo unieron a toda la concurrencia, mientras una Gibson Flying V presidía el escenario. Sonaron "Ruta 66", "El tren de las 16", "La libertad" y "El hombre suburbano", entre otros. La piel de gallina en más de uno y la despedida de los músicos que dejó sabor a poco en aquellos que quieren seguir toda la vida homenajeando a uno de los más grandes símbolos de la historia del rock argentino.
Sobre el final, un prolijo set de Attaque 77, con varios temas de su último disco "Antihumano" y algunos clásicos infaltables, pero evitando las baladas. Obvio: el clima de heavies y motoqueros así lo exigía. Una ejecución a los tropezones de "Macadam" para homenajear a Pappo, y un cierre con la gente preguntándose si no estaban para cerrar el festival tocando algunos temas más. Pero esa responsabilidad caía sobre Juanse y los Ratones Paranoicos, que pusieron broche de oro a la fiesta con unas dos horas de hits imposibles de olvidar, quizá porque eran los últimos acordes de una fiesta que lo tuvo todo, o casi todo. El Cosquín Rock convirtió a San Rock-e en el lugar del rock argentino, donde el Uruguay también dejó su marca. A seguir creciendo.
En Córdoba: Sebastián Auyanet