Por: Victoria Molnar/Buenos Aires
A fuerza de talento y perseverancia esta uruguaya que se define como "una atrevida" y "muy espiritual" llegó a protagonista, sin plumas ni conchero, de una obra en la calle Corrientes; aunque con su esbelto cuerpo ningún productor se le negaría si quisiera ser vedette.
Oriunda de Punta Carretas, Ximena Marichal "dio vuelta la hoja como buena geminiana" hace siete años y dejó Montevideo para seguir formándose como actriz y probar suerte en Buenos Aires. La recibió una ciudad grande y difícil que "iba a otro ritmo" y en la que al principio se "sentía lenta". Sin embargo, con "la extrañitis" de la familia, amigos y mate en la rambla aún latente, acaba de lograr el primer escalón de su sueño. Luego de más de dos meses de un intenso y exigente casting fue superando las barreras y logró convencer entre 450 actrices al autor y director de "Al acecho de los cuervos", Claudio Pérsico, quien ahora la acompaña como co-protagonista en la acogedora sala del Espacio Artístico Colette del Paseo La Plaza, el principal centro teatral de Buenos Aires.
Licenciada en Comunicación Social egresada de la Universidad Católica, en Uruguay comenzó su formación actoral en el Teatro del Centro con Beatriz Massons, Carlos Aguilera y Álvaro Ahunchaín y a poco de hacer pie en Buenos Aires siguió estudiando con el premiado director Santiago Doria, quien también fuera el "padrino" actoral de Osvaldo Laport. Con el actor uruguayo y Natalia Oreiro Ximena ha compartido incluso largas jornadas de grabación durante las participaciones en tiras de la TV argenta que ha ido logrando. Ya trabajó en Valientes y Son de Fierro de la productora Polka, y en Sos mi Vida y Amor en Custodia de Telefé.
-Acabás de estrenar como protagonista en teatro. ¿Cómo fue ese proceso?
-En el estreno a mis amigas les impresionó mucho verme en un papel tan dramático porque yo soy todo lo contrario, me vivo riendo. Pero a mÍ me interesa hacer obras que movilicen, en las que salís con el corazón arrugado y te cuestionás cosas. El protagónico es un logro personal muy importante que esperé por mucho tiempo y me lo gané, porque lo logré sola y sin conocer a nadie. Fue un casting super exigente, un gran desafío con un texto desgarrador. Por ejemplo, el antepenúltimo casting era grupal, llegué y no estaba en la lista -imaginate los nervios- y entonces me anotaron última. Pero los últimos serán los primeros, y Claudio (Pérsico, el director) dice que me vio muy segura y que yo me enfrenté al autor, al director y a un actor que ya tenía compuesto el personaje. Yo nunca fui consciente de eso y me mandé para adelante; eso es muy mío, por eso siempre digo que soy una atrevida. Y finalmente logramos un producto muy profesional. Es el comienzo y ahora hay que seguir, la idea en el verano es hacer gira con la obra por el interior de Argentina.
-En TV trabajaste con actores uruguayos consagrados en la Argentina. ¿Cómo fueron esas experiencias?
-El ritmo de la ficción en Argentina es vertiginoso y con horarios muy extensos. Hay que agárralo en seguida y son muchas horas de convivencia, vivís más en el set que en tu casa. Para mí no existen papeles chiquitos sino que está bueno mandarse y porque nunca sabes a qué te puede llevar una cosa y esta profesión es a cuenta gotas. Fueron casting y castings, a veces llegaba hasta la orilla y la ola me chupaba, pero por suerte desde que llegué todos los años grabé en alguna tira y en eso me ayudó que soy esteticista y puedo trabajar de forma independiente y organizar mis tiempos, porque por más que puedas meterte ocho horas en un trabajo si te sale una participación qué le vas a decir: "Mirá que la semana que viene no vengo porque me llamó (Adrián) Suar"… Grabé escenas con Laport y Natalia en diferentes tiras. Él es re buena onda, muy gracioso, tiene un humor sano, increíble. Natalia también, e incluso hablamos de Uruguay; me tocaron escenas con ella y con Facundo Arana, que es muy humilde y agradable también y me dio una mano muy grande. Alguien que me ayudó mucho es Eleonora Wexler.