NOTA DE TAPA

Rafa Villanueva: "En las recorridas he visto lugares con 200 personas y sin tapabocas"

El conductor de La ruleta de la suerte y Súbete a mi moto valora su doble actividad en la conducción. La pandemia reformuló su programa carretero y se muestra sorprendido por las aglomeraciones.

Rafa Villanueva
El conductor atraviesa su mejor momento profesional. "Empecé un corrimiento de notero divertido a conductor de estudio", analiza.. Foto: Leo Mainé.

Rafa Villanueva abre la puerta de su casa en el Prado, que luce en su fachada una bandera con la cara de la referente en la búsqueda de desaparecidos Luisa Cuesta. Invita a pasar y posa para la cámara en el jardín del lugar en el que vive desde hace apenas unos meses y del que ya se quiere ir. Es que aturdido por la ciudad y enamorado del interior del país, el conductor de Súbete a mi Moto y La Ruleta de la Suerte tiene como objetivo cumplir el postergado sueño de iniciar una nueva vida en Punta del Diablo, a casi 300 kilómetros de la capital. “Acá todo el mundo te pasa por arriba y vive en su mundo”, lamenta en un diálogo que atraviesa reflexiones sobre televisión, política y pandemia.

—¿Tenías en el debe hacer un programa de juegos con las características de La Ruleta de la Suerte?

—Sin duda, sentía que era para donde había que ir. Cuando me lo propusieron fue un gran desafío y una linda oportunidad.

—¿Qué te pidieron para la conducción?

—Ponerle mi impronta y humor al formato. Gustavo Landívar (productor) me dio tres o cuatro pautas. Miramos mucho la versión española, que era el perfil al que queríamos apuntar.

—El programa lo consumen muchos niños, ¿te acercó a un nuevo público?

—Es increíble. Hay muchos padres que me dicen que los hijos los hacen ver La Ruleta y me llegan muchas fotos por Instagram de gurises mirando el programa. Lo mismo pasa con personas mayores. Se sumó un público que no veía Súbete a mi moto.

—Pese a los efectos económicos de la pandemia los canales han apostado por más producción nacional en el último año, ¿hay una mayor demanda del público de consumir productos locales?

—Parece que sí. Está buenísimo ver el rating de programas nacionales peleando con 15 puntos, más allá de que algunos no estén en mi canal.

—¿En este contexto cómo analizás la vuelta de Showmatch? Algunos pueden decir que ocupa el espacio que podían tener producciones nacionales.

—Pero no es así. Showmatch viene a complementar toda una propuesta de producciones nacionales entre las que están La Ruleta, Fuego Sagrado y Poné Play. En el horario central están las producciones nacionales y después viene Showmatch. Años atrás estaban la novela de (Adrián) Suar y Showmatch, que sí era un combo argentino que le quitaba espacio a la producción local, pero ahora no. Además ya no es aquel Tinelli. Los últimos años que se emitió en Uruguay ya no pasaba eso de que su programa medía lo mismo que el resto de la televisión sumada. Ahora se entrevera entre todos nosotros. De hecho, La Ruleta y otros programas de producción nacional miden unas décimas más.

—¿Cómo es hacer Súbete a mi moto en pandemia?

—Muy difícil. Antes pasábamos por un lugar que había 20 personas y ni nos bajábamos de la camioneta. Ahora buscamos lugares que haya 20 personas, porque si hay 100 ya no los podemos mostrar. No hay eventos y eso implica un esfuerzo extra para hacer el programa. Hay que agudizar la imaginación. Y lo que era nuestra manera de trabajar como si estuviéramos en vivo no la podemos hacer más. Yo antes veía a alguien que iba a comerse un choripán y enseguida me acercaba para preguntarle cómo estaba. Eso ahora es imposible. Tenemos que preguntar antes si les interesa charlar con nosotros, si nos dice que sí tenemos que pedirle que se ponga tapabocas, y encima con el tapabocas se pierde la expresividad de la cara. El programa se caracterizaba por la espontaneidad y eso ya no existe. Nos agarró con ocho años arriba, así que lo podemos hacer sin que el programa se vea muy lastimado.

Rafa Villanueva
Rafa revela que planea mudarse a Punta del Diablo: "Viajar tantas veces al interior me convenció". Foto: Leo Mainé

—¿En las recorridas has visto muchos lugares con más de 100 personas reunidas?

—¡Pfff! He visto lugares de más de 200 personas y todas juntas sin tapabocas. No quiero decir lugares específicos, pero la otra vez en un departamento limítrofe de Montevideo llegamos a un parque en el que siempre se junta gente y no pudimos grabar porque habían 300 o 400 jóvenes sin tapabocas. Era algo casual de "vamos a juntarnos al parque". No lo queremos mostrar porque sería darle para adelante a algo que está mal que se haga.

—Si bien mantenés los cuidados sanitarios, en el programa interactuás con mucha gente, ¿te preocupa tu propio cuidado personal por la pandemia?

—No es fácil. Estamos sumamente expuestos y hay que tener mucho cuidado. Estamos para todos lados con alcohol en gel, doble tapabocas, esponja, amonio cuaternario. Cuando terminamos de trabajar es como desarmar un quirófano adentro de la camioneta. Al principio, cuando volvimos a hacer el programa en pandemia, me perseguía mucho. Mi familia me decía "estás regalado", "no te acerques tanto a la gente". Yo respondía "tengo que laburar, ¿qué querés que haga?". Además veo alrededor y me asusto. El otro día se murió un compañero de 41 años que jugaba al fútbol conmigo. Era un tipo sano, sin ninguna enfermedad. Estuvo un mes internado y se murió.

—¿Vos integrás la llamada “población de riesgo”?

—Claro, tuve un accidente cardiovascular hace unos años.

—¿Considerás que el personaje de “notero divertido” tiene alguna fecha de vencimiento?

—Es un tema que me ha venido preocupando. Cuando fuimos al Mundial del 2014 le pregunté a Eugenio Restano (gerente de programación) hasta cuándo pensaba seguir con la moto. Me dijo "hasta que se termine la nafta". Y no se termina. Yo nunca lo hubiera imaginado. Es un cachetazo que me da la televisión que me dice "vos no sabés nada de esto, seguí con el microfonito". La gente lo sigue comprando. Mientras eso pase lo podemos seguir haciendo.

—¿Pero vos lo seguís disfrutando como al comienzo?

—Es que justamente me gusta hacerlo porque tengo el respaldo de la gente. Me dicen "nunca vayas a dejar de hacer este programa". Por suerte La Ruleta me mostró haciendo otra cosa y más adelante puedo apuntar hacia otro lado. He empezado un camino de corrimiento de notero divertido a un conductor de estudio. Eso hace que vea la situación de otra manera. Antes pensaba "¿cuando se termine esto qué hago?". Si terminaba y era lo único que había hecho, chau. Por suerte se abrió otro espacio y funciona bárbaro. Lo estoy disfrutando y el papel que estoy haciendo es bastante digno. Ya veo con otros ojos el tema de lo que pasa si mañana se termina Súbete a mi moto, aunque todavía no hay miras de que termine.

Rafa Villanueva. Foto: Leo Mainé
"No voy a ser padre. Supongo que tiene que ver con mi historia de vida. Mi viejo se fue de casa cuando yo tenía seis años", recuerda Rafa . Foto: Leo Mainé. 

—¿Qué va a pasar antes?, ¿el público se va a cansar o vos vas a sentir que a determinada edad no podés seguir haciendo este tipo de programa?

—A esta altura del partido creo que va a ser la segunda opción. En algún momento voy a decir "ya está". Aparte siempre renegué de hacer 25 años lo mismo. No lo aguantaría yo.

—¿Qué tienen para aprender los montevideanos de la gente del interior?

—Muchísimas cosas. A ver si lo puedo graficar: una vez íbamos por la ruta y pasamos no me acuerdo por cuál pueblo. Vimos una casa típica del interior, y en la puerta había un hombre muy veterano solo con su perro sentado en un banquito sosteniendo su mate y mirando a la nada. Entonces, uno de nuestros compañeros lo vio y dijo "pobre tipo". Le pregunté por qué y me dijo que la imagen de ese tipo sin nada para hacer era una tristeza. Pero para mí era fabulosa. ¿Por qué ese tipo no iba a ser feliz? Estaba tranquilo pensando y tomando un mate. Estaba donde quería viviendo como quería, sin estar en la locura de esperar el Uber. Y necesita mucho menos de lo que necesitamos en la capital para vivir. En la capital y alrededores tenemos como esa soberbia de mirar por arriba del hombro a gente que en realidad se caga de risa de nosotros, de nuestro apuro, de nuestras maneras, de nuestros modales. Acá todo el mundo te pasa por arriba y vive en su mundo.

—¿Tenés pensado mudarte al interior?

—Me voy a vivir a Punta del Diablo. Desde que conocí ese lugar tuve la idea de que iba a terminar ahí, y ahora ya lo tengo encaminado. Tenemos el terreno y el proyecto. Ir tantas veces al interior me convenció, y la pandemia lo aceleró mucho más.

—¿El año pasado sentiste la polarización política en carne propia cuando te criticaron por decir que habías votado al Frente Amplio?

—Sí. Fui a un programa de AM (Hacemos lo que podemos) en el que me sentí cómodo y conté que había votado al Frente Amplio. Fui un nabo. Entiendo que no debería estar mal contarlo, pero fue innecesario. Además es algo que yo siempre había cuidado. En Uruguay siempre tenés un problema si decís de qué cuadro sos hincha o a quién votás. Me preocupa la polarización. Nunca es buena. En lo único con lo que me embanderé siempre fue con madres y familiares de desaparecidos. Pero ese es un tema que es moral y excede lo político. Hay madres buscando los cadáveres de los hijos para llevarles una flor. Y no importa lo que hizo el hijo. Ahí no negocio.

—¿Qué pensás del saludo de Manini Ríos a los apicultores el 20 de mayo?

—No espero ni más ni menos de él. Hay que decirle a la gente qué pasó con sus hijos.

—Volviendo a tus declaraciones en aquel programa, dijiste que al Frente Amplio le iba a hacer bien haber perdido las elecciones, ¿cómo sentís que procesó la derrota casi dos años después?

—Todavía no la procesó. De hecho, no veo la renovación que es tan necesaria. Se llenan la boca con eso pero está muy bravo en la política en general. Hay políticos haciendo política que ya eran candidatos a presidente desde antes de que yo votara. ¡Ya está!

"fue una demencia"

El 2020 de Rafa

El conductor tuvo un 2020 extraño. La pandemia hizo que se interrumpiera por varios meses su clásico Súbete a mi moto, por lo que estuvo parte del año sin pantalla. "Al principio lo tomé como una licencia. Pensaba que al programa también le venía bien un descanso, porque desde que empezó no paraba ni en verano. Pasó un mes, después dos, y al tercero me empecé a preocupar", recuerda. El conductor confiesa que su incertidumbre lo llevó a comunicarse directamente con Eugenio Restano, gerente de programación del canal, que le dijo que estaba preparando el formato de La Ruleta de la Suerte. Una semana después lo llamó para ofrecerle la conducción, y al poco tiempo Rafa estaba al aire con este nuevo programa de juegos y también con Súbete a mi moto con un nuevo formato bajo protocolo. "Pasé de arrancar un año normal, a no tener nada y que todo fuera caos y desolación, y terminé el año de fiesta con dos programas", evalúa.

—¿Te gustaría ser padre?

-No, ya está decidido. Siempre tuve claro que no me interesaba. Desde muy chico lo decía, y causaba las risotadas de mis mayores y de mis amigos que me tomaban el pelo. Me ha costado un montón de discusiones.

—¿Por qué no te interesa?

—No sé bien por qué. Supongo que tiene que ver con mi historia de vida. Mi viejo se separó de mi madre, se fue de casa cuando yo tenía seis años y no volvió nunca más. Siempre sentí la ausencia de la figura masculina en mi casa y vi a mi madre romperse en dos o tres laburos para darme de comer y permitirme estudiar. Además, soy una persona que tiene su independencia como algo sagrado, y un hijo te saca todo eso. Por otro lado, la vida me dio hijos porque mi pareja tiene dos que hoy tienen 38 y 30 años, y los conozco desde que eran niños. Yo recibo regalos del Día del Padre, saqué gurises de la comisaría, los recibí borrachos. Pasé con ellos la mayoría de cosas que pasan los padres con sus hijos. La diferencia es que cuando les levantaba un poco la voz me decían "pará un poco que vos no sos mi padre". Ellos tienen su padre súper presente con el que tenemos una excelente relación, pero los amo como mis hijos. Doy la vida por cualquiera de los dos.

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