MARIEL VARELA | FOTOS: DARWIN BORRELLI
Para mañana usted se me aprende esto", le decía su abuelo y le entregaba extensos textos. A Malena Muyala nunca le gustó dormir la siesta y mientras su familia en San José cumplía con ese ritual, ella aceitaba la memoria en el patio de su casa incentivada por su abuelo materno. Al día siguiente, ya lo tenía sabido. Se embala y recita un verso que recuerda. "Un niño en los portones pedía de un cementerio sombrío, pobrecito entre el gentío, mientras su mano alargaba con voz trémula exclamaba una limosna señores es para un ramo de flores para quien tanto yo amaba". Y el sepulturero le decía, continúa, "hacerte llorar no quiero, los ricos están primero por eso el lugar les damos, los pobres no somos nada hasta en la muerte estorbamos". Malena intuye que esa formación a los 6 años selló su personalidad.
Esa misma niña que repetía sin equivocarse los largos textos que le indicaba ese señor con una memoria de fierro ("era de esas personas que se acuerdan día, fecha, hora, datos, un lector de todo"), recibía influencias por varios costados. Los fines de semana se sentaba a mirar Grandes valores del tango junto a su abuela que la dejaba opinar lo que quería. Si le parecía que uno era sumamente exagerado o que no necesitaba gritar, se lo decía y ella respetaba su punto de vista. "Incluso se ponía de cómplice conmigo y se reía de cosas que a mí me llamaban la atención". En su familia la apoyaron cuando empezó a cantar tango y "vieron que no tenía ese perfil arrabalero. Siempre respetaron mi forma de sentirlo".
Pasaron los años y esa niña se convirtió en una cantante con base de tango pero con un estilo propio y alternativo "perfumado de la milonga, el milongón, el candombe, el vals" y empezó a bucear por ahí. En ese camino se topó con una adulta exigente consigo misma y eso le generó momentos de intranquilidad y tormentos. Hoy dice haber aprendido a convivir con esa excesiva severidad. Sin embargo, a menos de dos semanas del show que dará en el Auditorio Adela Reta, lleva cuatro noches durmiendo mal. "Me despierto y mi único pensamiento son detalles del espectáculo, de entrada y salida de un músico, que me tengo que acordar de decir tal cosa. Si algún músico falta a un ensayo ya me desvelo porque quiero que estemos siempre todos y pasar todos los temas".
Ser el vehículo. Minutos antes de comenzar la entrevista, Malena estaba reunida con Marisa Bentancur, directora de arte del show, bosquejando el guión. Pretenden que coreografías, textos, canciones, diálogos e invitados fluyan sin necesidad de presentaciones que frenen el espectáculo. Ni muy distante ni súper coloquial: la meta es lograr un equilibrio para que no falte calidez pero en el marco de un espectáculo de gala.
-El show "cierra" el proyecto Pebeta de mi barrio que incluyó recorrido por los barrios, libro, disco, 16 cortos en TV, giras por el interior ¿en qué momento tomaste consciencia de la dimensión que había cobrado?
-Creo que aún no lo he dimensionadoporque no he tenido mucho tiempo de parar y decir, `¿qué me ha dejado todo esto?` Sé por mi sensación que ha sido una cosa positiva, algo que todo el tiempo te está empujando hacia delante. Pensar ahora en el cierre e incluso usar la palabra `cierre` nos genera hasta un poco de nostalgia, es dejar atrás y estamos sumamente abocados a hacer una culminación que esté a la altura de todo lo que nos ha entregado este proceso. Un broche de oro pero que tampoco se salga de los parámetros que tuvo la gira. Este ciclo me ha enseñado mucho lo que son las cosas en su medida justa, la valoración de la palabra, del mensaje que se está dando, el construir con el otro: nos ha dejado valores bien arraigaditos.
-¿Cuánto de esas historias y anécdotas recogidas en la gira y en el libro irán a parar al escenario?, ¿es posible transmitir esa magia?
-Es justamente en lo que estamos trabajando. Yo creo igual que toda esa experiencia te marca internamente y te permite tener una sensación bien definida, si lo viéramos en colores, tiene un color bien definido eso que recibimos. Se tiene ese concepto de que el artista va hacia la gente, entrega algo y el público lo recibe, ¿no? En este caso creo que fue mucho más lo que nos aportó la gente a nosotros con esta entrega, contarnos un recuerdo, una cosa súper íntima, salir a los barrios, arañar un poquito y ver cuánto tango hay en Montevideo. En Uruguay se respira tango y milonga por todos lados: está en cómo hablamos, cómo nos comportamos, nuestros dichos. Fue lindo descubrir que está latente y ser el vehículo para que la gente expresara eso que está en todos los rincones.
-No es la primera vez que te presentás en una sala con las características del Auditorio. Es más, tu primera presentación después de ganar un certamen de tango a los 19 años fue en el Solís como telonera de Pugliese, ¿qué resaltás de esa experiencia?
-Mi padre era un admirador fanático de Pugliese y cuando le dijeron que yo tenía que cantar antes de su orquesta me dijo, `tomá consciencia de la importancia...` Lo vería como una presión. Sin embargo, eso a mí me hizo posicionarme de otra manera en ese espectáculo y fue divino. Al otro día salió en el diario una foto de Pugliese y otra mía, increíble. La gente pedía otra cuando en realidad uno sabe que están deseando que venga Pugliese. Para mí fue un bautismo artístico poder estar en el Solís, frente a Pugliese, bajo la lupa y el sensor del público.
-Estudiaste teatro de chica, estuviste en varias murgas y formaste parte de la BCG, ¿ponés en práctica esa actriz en tus discos?
-Me gusta mucho fortalecer la interpretación. Lleva mucho trabajo saber dónde uno quiere pararse como intérprete: ¿soy protagonista de la historia que canto o simplemente soy un pasaje entre el compositor y la gente? A mí me gusta mucho más esta segunda opción, ser el pasaje y no la protagonista, no es mi historia la que estoy contando, es una historia que quizá te pueda vestir a vos. No puedo transmitirte mis emociones pero sí te las tengo que transmitir porque sino es una versión fría, ¿entendés? Siento que sos como ese equilibrista que camina sobre la cuerda floja. Tenés que tener un punto exacto para dar cada paso de manera certera, no exagerar, no dar las cosas digeridas al público y permitir que el otro se adueñe de la canción: transformarte realmente en un vehículo.
-Que logre en un par de minutos hacer el proceso que vos hiciste...
-Exacto, entender. A mí lo que más me gusta es cuando la gente se acerca después del show a decirte, `me emocioné con tal tema, me acordé de tal cosa`, significa que la misión está cumplida porque esa persona se pudo adueñar de la canción y aplicarla a su vida. En definitiva es eso, una conexión de sensibilidades, de poder tocar la fibra del que está ahí sentado.
-Los silencios son fundamentales para vos y los aprovechás para fijarte en las miradas del público, ¿qué ves?
-Hay quienes necesitan sobre el escenario una banqueta, una guitarra o un micrófono para agarrarse de algo, bueno, yo siento un soporte en la mirada de la gente, en esa energía. Te pasan muchas cosas arriba del escenario, pensás, `¿este tema será el adecuado para el momento?` Y a veces encontrás una mirada cómplice que te dice que sí, que esa persona está conectada, que esa canción tiene que estar ahí.
Rumbo. El tango no debió esperar a que Malena madurara para colarse en su vida: lo trae hasta en el nombre y en la sangre. Sus primeros recuerdos la remontan a los 3 años, parada arriba de una mesa con su madre y su abuela pidiéndole, `cante, mija, cante` y ella entonaba Yo de mi barrio "haciendo ademanes. Siempre estuvo el tango en mi vida, no fue que llegó en un momento". Eso sí, se aprendió La última curda para cantar en la final del certamen que ganó a los 19 años. "Sabía el estribillo pero no los versos. Imaginate los tangueros, que les dijera que no sabía esa letra me querían acogotar. Incluso en la propia final me la olvidé por completo la parte que más sabía y me comí un verso entero", se ríe.
-En Pebeta de mi barrio incluiste un tema tuyo que empieza diciendo "algo sonó dentro de mí como una puerta, como un latir", ¿qué sonó durante este proceso?
-Fue ese despertar básicamente a poder mirar un poco más al otro. Esto de llegar a los barrios, encontrarte con una persona que de repente se sienta en una placita, ves en sus gestos, su mirada que te está contando algo que es un tesoro y en ese relato aparece la madre, la abuela, un recuerdo de la infancia, amigos, jugar en la vereda, la música que escuchaba, el olor a jazmín, vos empezás a respirar y a estar dentro de la vida de esa persona. Yo sentí que me fue sensibilizando toda esta experiencia de Pebeta de mi barrio, el quedarte con las cosas esenciales de la vida y no estar enroscándote con eso que no hace a la conexión entre los humanos. Esa canción se llama Algo a tiempo y está relacionada con lo que me pasó a mí pero también con quienes en sus relatos cuentan que sentían que su vida ya había sido. Y en algún momento empezar a ir a una milonga, bailar tango, juntarse con amigos les hizo volver sentir que todavía era tiempo. La propia canción dice "el sol se sorprende del tiempo que no te vio": esa gente que se mete en su casa porque bueno, ya está, y no está, la vida es cada instante que tenemos, hasta el último momento estamos acá y tenemos el derecho y la obligación de vivir lo mejor que podamos.
-¿Qué tiene que tener un tema tuyo, entonces, para que vaya a parar a un disco y se mezcle con clásicos y autores de renombre?
-No sé qué tiene que tener pero a medida que pasa el tiempo hay menos canciones puntuales a un vínculo y hay más lugar para canciones genéricas, relacionadas con la existencia, el sentir general. Pasan muchas pruebas, pobres. De hecho, hasta el momento creo que tengo en mis discos 10 u 11 temas míos grabados y en mi casa debe de haber el triple de ese número pero nunca llegan al disco. Para este espectáculo compuse un tema. Fue un disparador. Le dije a Fabián Marquisio, un músico, `preciso un milongón para el cierre`. `¿Cómo preciso un milongón? Componelo`. Me vine a casa con una frase en la cabeza, al otro día me levanté, preparé un mate, me senté y compuse una canción que es una especie de tributo a Rosa Luna por una vivencia que tuve de niña y creo que lo que pasó con Pebeta de mi barrio, esa gente y sus recuerdos, me ayudó mucho a conectarme con mi niñez, llevó a un recuerdo, hice el mismo ejercicio y surgió una canción con la que estoy fascinada. Se llama Perfume. Rosa Luna desfiló una vez en San José y cuando pasó frente a mí, me escapé de la mano de mi madre, me puse frente a ella, se agachó y me dio un beso. Eso me quedó marcado.
-Pebeta de mi barrio empieza con la canción Desde el alma... ¿es casualidad?
-Nada es casualidad en la vida. Nos pareció que Desde el alma expresaba lo que fue este proceso y nuestra intención: queríamos entregar todo, hacer lo mejor que nos salía, lo más auténtico. Y creo que es un tema hermosísimo para abrir, tiene una luz muy linda.
EQUIPO COMPLETO
Malena se sube al escenario con su banda: Fredy Pérez, Fabián Marquisio (guitarra y voz), Checho Anselmi (bajo), Gustavo Montemurro (piano y acordeón), Fabián Pietrafesa (saxo y clarinete), Betina Chaves y Diego Revello (violines), Matías Fernández (violoncello) y Gerónimo de León (batería y percusión). Participan, además, tres chicas de La Melaza.