ENTREVISTA

Paulo Aguiar, el director de las Escuelas Formativas del Sodre también busca talentos

El director de las Escuelas Formativas del Sodre charló con Sábado Show sobre la campaña que protagoniza Edinson Cavani y los desafíos de las escuelas en este año

Paulo Aguiar. Foto: Leonardo Mainé
Paulo Aguiar. Foto: Leonardo Mainé

Luego de varios años como bailarín del Ballet Nacional del Sodre, Paulo Aguiar decidió abandonar la compañía para centrarse en su rol como docente de las Escuelas Formativas del Sodre donde actualmente es el director. Estas escuelas, que integran la Escuela de Arte Lírico y la Escuela Nacional de Danza que cuenta con Tango, Folclore, Danza Contemporánea y Ballet cuenta con cerca de 500 alumnos que asisten cada día a esta institución ubicada en el Palacio Lapido. “Como siempre escasos de varones, pero bueno, por eso mismo surgió la campaña con Edinson Cavani”, dice Aguiar. Sobre cómo llegó Cavani a protagonizar la publicidad de esta institución, a la ausencia de varones en la danza, charló Aguiar con Sábado Show.

—En Got Talent Uruguay se ha visto danza moderna y ballet clásico, pero sobre todo mucha danza folclórica. ¿Esa proporción también existe en la Escuelas Formativas del Sodre?

—No, pasa que ballet es la única disciplina donde se empieza a estudiar desde chico. Entonces ahí tenemos más cantidad en ballet, pero sobre todo son niñas porque lo máximo habrá un 10 por ciento de varones, con suerte.

Paulo Aguiar. Foto: Leonardo Mainé
Paulo Aguiar. Foto: Leonardo Mainé

—Así que varones egresados también son pocos.

—Con certeza tengo recuerdo de uno que empezó a los nueve años, ahora está retirado pero fue Primer Bailarín en una compañía en Estados Unidos. Después hay otros que no lograron egresar. La escuela este año cumple 45 años y en esos años habrá tres alumnos que comenzaron de chiquitos y lograron egresar, mientras las chiquilinas egresan dos o tres por año. Ahí ves la diferencia de esa brecha.

—¿Cómo se atrae a los varones a la danza?

—Esa es una incógnita que estamos tratando de responder con este aviso de Cavani. El problema no es atraer a los varones, es que su entorno lo incentive y le permita ser lo que quiere. Tenemos chicos que empiezan de niños, con seis o siete años en Pre-Ballet, y al año o los dos años dejan porque en la escuela les toman el pelo todo el tiempo, o no tienen el apoyo tan necesario de la familia. Por eso este aviso de Cavani. Soy profesor de la escuela desde 1999 y pensamos en su momento, con aquella película Billy Elliot, que se nos iba a llenar de varones, pero no pasó. Después cuando Julio Bocca llegó a la dirección del BNS pensamos que iban a sumarse más varones, pero tampoco pasó. La mayoría de los varones comienzan, comenzamos porque empecé a los 15 años, en esa edad donde podés tomar tus propias decisiones y que no te importe tanto el entorno. Hay muchos chicos que vienen del Carnaval, de revistas o parodistas y por eso tienen esa soltura, y vienen bien preparados en cierto sentido, luego tienen que adquirir una parte técnica. Pero lo grande que viene de varones llega tarde, cuando tienen más de 15 años, porque para el ballet es mejor que empiecen antes. El bailarín clásico, su carrera profesional empieza a los 18 años, antes se entraba más joven pero hoy ninguna compañía te toma antes. Igual tenemos alumnos que se han ido a probar suerte a otros países, en otras escuelas, con 15 años. Es una carrera que te hace madurar antes en muchos sentidos.

Paulo Aguiar. Foto: Leonardo Mainé
Paulo Aguiar. Foto: Leonardo Mainé

—¿Cuántos alumnos tienen en Ballet?

—Son 148 chiquilinas, y solo 12 varones. Después en Folklore son 79 mujeres y 32 varones, son más cantidad pero siguen siendo menos. Solo en Arte Lírico hay una paridad, son 27 mujeres y 24 varones, el resto, son más las mujeres. Estamos escasos.

—Esa ausencia de varones repercute hasta en los números que pueden ensayar.

—Sí, por ejemplo en el ballet, pero también danza folclórica o tango, son disciplinas que necesitan tener varones. El trabajo en pareja es fundamental y si no tenés, hay cosas que se pierden y no se pueden hacer. En la formación de tango tuvimos problemas con el protocolo sanitario, porque no se podían tocar. Entonces hubo que hacer malabares para darles una formación o ser creativos para buscar la manera y hacer clases por Zoom con un palo de escoba. Hay que buscar ese tipo de cosas. En ballet, el pas de deux clásico no se podía hacer, o el contact en Danza Contemporánea.

Paulo Aguiar. Foto: Leonardo Mainé
Paulo Aguiar. Foto: Leonardo Mainé

—¿Cómo han hecho para enseñar en estos tiempos?

—Ahora estamos esperando el nuevo cambio en el protocolo. Empezamos las clases y a las dos semanas empezó la pandemia, ahí tuvimos que reestructurarnos y los profesores empezaron a dar clases por Zoom, lo que al inicio dio miedo. En canto se buscaron maneras, se pasaban grabaciones y fue así; en danza eran en vivo por Zoom y dentro de poco, funcionó bien. Ahí veías situaciones de alumnos que tenían poco espacio para ensayar, o muchas personas conectadas que hacían colapsar el wi-fi. Me pasó de dar clases y ver una chica ensayando y veías que al lado estaba el hermano durmiendo. Y todo funcionó bien, tuvimos poca deserción. Todos los funcionarios, docentes, se pusieron las pilas, al igual que los estudiantes. Después el 8 de julio con el cambio de protocolo volvimos a las clases presenciales con todas las medidas. Entonces grupos grandes se dividieron en dos, y la mitad presencial y el resto virtual, y a la semana cambiaban. Adaptándonos siempre pero trabajando mucho.

—Al ser una institución tan grande y burocrática, habla bien de las Escuelas de Formación Artística, el que se hayan podido adaptar rápido a estos cambios.

—Sí, en canto también nos ayudaron los talleres del Sodre que les hicieron mamparas, las marcas en el piso, la llevamos bien.

Paulo Aguiar. Foto: Leonardo Mainé
Paulo Aguiar. Foto: Leonardo Mainé

—¿Hay un estimativo de cuántas personas podrían captar el la publicidad de Cavani?

—No. Lo que está bueno es que ya hay llamados, porque abrimos las inscripciones a inicios de setiembre y permanecerán abiertas hasta noviembre para ballet y folclore, y hay otras disciplinas hasta febrero. La idea es hacer las pruebas de admisión en diciembre pero estamos viendo el tema del protocolo. Estamos a la espera que todo sea normal, porque además no hemos tenido alumnos con covid.

—Este año también sumaron a Maria Noel Riccetto.

—Sí, como coordinadora del área Ballet, lugar que ocupé yo hasta el año pasado, cuando pasé a la dirección artística de la Escuela.

—Su presencia en las Formativas, ¿también se puede ver como un llamador para que más gente se sume a la Escuela?

—Creo que sí. Cuando me inscribí en la escuela, y pasaba lo mismo en los años ochenta o noventa, eramos 700 para dar la prueba. Después bajó un montón. Creo que se debió a que en esa época habían salido películas famosas como Fama, Flashdance, había un montón de cosas que llamaban a los jóvenes para hacer danza. Eso después bajó y los promedios de inscripciones rondaban, como mucho, 300 personas, y en general de chiquilinas. También influyó un poco que el dedicarte a algo tan concreto, no sé si es tan buscado ahora. Los padres ponen a las chiquilinas en una academia para que un día hagan ballet, otro día danzas urbanas, o tap, es mucha cosa y parece que prefieren muchas cosas y no centrarse tanto en una disciplina. Creo que eso bajó la cantidad de anotados. La llegada de María Noel creo que va a provocar que se inscriban más personas, pero sobre todo necesitamos varones.

—¿Costó mucho convencerlo a Cavani para que se sume?

—Estábamos en las oficinas del Sodre y le comenté a Adela Dubra que había pocos bailarines varones, y ella propuso sumar a Cavani. Ella dijo que parecía un bailarín, en su físico es esbelto, tiene extremidades largas y fícicamente es un bailarín de ballet. Entonces propuso que hiciéramos una nota para enviársela, y al otro día, o el mismo día, la señora de Cavani le contestó. Entonces le propusimos hacer esto, y él dijo que sí, ponerse zapatillas, y no tuvo problemas. Así fueron sumándose personas para hacer el comercial, nos reunimos por Zoom y al principio queríamos hacer una cosa grande, en el Estadio. Pero como teníamos poco tiempo, en 20 días fuimos achicando el texto y eso es lo que se ve en el aviso. Además gastamos poco dinero, creo que fueron 700 dólares, y estuvo unas siete horas filmando. Hizo la locución y todo. Y se copó con los pasos de baile.

—Así que todo salió bien.

—Sí, también los bailarines se coparon haciendo el comercial. Buscamos bailarines que les gustara el fútbol y ahí nos enteramos que él iba a ver ballet en Francia porque su esposa era bailarina en Artigas y es gestora cultural en Francia. Y cuando terminó nos dijo que también le gustaría bailar porque le vendría bien. Quien te dice y le terminos metiendo el bichito de la danza a Cavani.

—¿No extranás bailar?

—Es todo un tema. Entré al ballet, me empezó a gustar y después empecé a ver que podía vivir de esto. En ese entonces tenía 18 años y bailamos mucho con despelotes hasta que llegó Julio. Con él bailé tres años pero como hacía tanto que enseñaba, me tiró más la docencia que bailar. Igual no lo padezco, no soy de esos bailarines que dicen: si tuviera 10 años menos. No me pasa. A veces me dan ganas, pero sí extraño entrenar todos los días. Ahora tengo mucho trabajo burocrático y me dan ganas de entrenarme más, porque siempre me gustó la perfección. Eso me gustó a la par del escenario.

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