EL PRÍNCIPE QUIERE REINAR

Nueva versión de Denis Elías

Hace tiempo que no tiene ganas de moverse de su casa los fines de semana. Los casamientos y las fiestas de 15 ya no le “mueven el piso”. Solo le motiva armar shows en teatros. Denis Elías sintió que había tocado un techo cuando en 2012 cantó para cinco mil personas en el Teatro de Verano.

Denis Elías. Foto: Guillermo Pereyra
Denis Elías. Foto: Guillermo Pereyra

Decidió cambiar de estilo, grabar baladas, reggaetón y bachatas para llevar su música al exterior porque sabía que con la plena jamás lo conseguiría. “Ya logré todo acá, si me quedo voy a seguir en la zona de confort”, dice. Si no concreta ese paso se bajará del escenario y se dedicará a producir a otros artistas, o pondrá un negocio. Pinocho Sosa lo llamó al finalizar el Carnaval y le dijo que había un traje con su nombre. Limaron asperezas y en 2019 volverá a ser un Zíngaros.

—Cantás desde los 5 años, ¿cómo descubriste tu voz?

—Mi tío me hacía cantar y en aquel momento no me daba cuenta si tenía voz o no porque yo solo pensaba en jugar a la pelota en la vereda. De un día para el otro me di cuenta de que le pegaba al canto. Fui a dar la prueba al conjunto Los Príncipes, con 17 años, y quedé.

—Distorsionabas la clase cantando al fondo, ¿te arrepentís de no haber terminado el liceo?

—No, ni a palos. La vida es una sola, hice hasta tercero de liceo, cumplí esa etapa, la viví como la viví, y no me puedo arrepentir porque yo sabía que el estudio no era para mí. Podía pasar horas y no me quedaba nada. Era para ser futbolista o cantante.

—¿Qué recordás de la prueba que diste en el Club Fénix para entrar en Karibe con K?

—Pasé de cantar en mi casa con un desodorante en la mano a agarrar un micrófono de verdad y ver a Yesty Prieto, al Chato Arismendi y Ramón López tomándome la prueba. Recuerdo al creador de Karibe, Eduardo Rivero, que estaba con un cigarro en la mano escuchándome cantar Déjame un beso.

—¿Te intimidó?

—No. Siempre me pregunto cómo no me pasó por la mente lo que estaba haciendo. Fui, canté y listo.

—Volviste súper eufórico a tu casa, ¿qué te dijo tu madre?

—Me tomé el 17 en la puerta del Club Fénix rumbo al Cerro y me bajé como loco. No lo podía creer. Llegué a mi casa, le conté a mi madre, me abrazó y recuerdo que compró Coca Cola, pizzas, unas tiras de asado y llamó a gente conocida. Sentí que era un cumpleaños. Fue como un festejo.

—¿Qué cambió desde ese primer show en el Interbailable donde te temblaban las piernas con Karibe?, ¿se puede sentir con la misma intensidad después de tantos escenarios encima?

—Yo sentí tres veces esa adrenalina por el cuerpo y no la sentiré nunca más. La primera vez con Karibe recuerdo que me había anotado un pedacito de la canción que iba a cantar porque estaba súper nervioso. La adrenalina del Cine Plaza en 2011 fue terrible también: pasé de hacer dos teatros Stella para 400 personas a uno de tres mil, era como ver una tribuna del estadio llena. Y la adrenalina del concierto en el Teatro de Verano en 2012: fui el primer artista en llenarlo haciendo música tropical. Hoy es tanta la costumbre que ya se me convirtió en rutina, entonces no tengo la adrenalina de salir a escena. Lo hago como un laburo.

—Fuiste empleado de áreas verdes en la Intendencia y lo sufrías porque ser alérgico al pasto, ¿no?

—Es verdad. Me iba de mi casa a las seis de la mañana y tomaba antialérgico a morir. Era insoportable. Estornudaba todo el día.

—En un momento dijiste, "no es lo mío, no da para más", ¿fue la mejor decisión que tomaste?

—Sí. Tenía la contra de mi madre que me decía, "no dejes la Intendencia, es un trabajo para toda la vida". Y eso me hacía pensar. Yo me levantaba a las seis de la mañana, volvía a la una de la tarde, comía, me acostaba a dormir la siesta, y perdía horas de pensar, elegir y producir una canción. No me estaba rindiendo. Necesitaba ser feliz y libre. Hoy vivo para la música.

—Decís que crees en Dios a tu manera, ¿cómo sería?

—No entro a una iglesia a rezar, pero si paso por una me persigno. Tengo mi Jesús, mi virgen y mis crucifijos en el cuarto.

—Eduardo Rivero te decía que las canciones son como hijos, ¿tomaste ese consejo?

—Claro. Tenía toda la razón del mundo. A mí me pasaba que clavar una canción me generaba trabajo todo un año. Por eso precisaba dejar de laburar y dedicarme a la música. Entendí el mensaje de Rivero. Hay cientos de artistas que agarran lo que encuentran y lo graban, y al mes tienen que buscar otro tema porque no les rinde. Para mí una canción es un hijo, es un gol y genera trabajo.

Eres tan bella y Corazón herido explotaron a la semana de haber salido, ¿lo veías venir?

—No creía que pudieran explotar en una semana, pero sí que esas dos canciones eran las necesarias para el comienzo de mi carrera y que iba a pasar algo con ellas. Fue muy rápido.

—¿Estás orgulloso de tus hits?

—Sí. La última plena que grabé, Quédate, tiene nueve millones de visitas en el canal UMR. Y hasta el día de hoy voy a un show y tengo que cantar Horas Vacías que es de 2008.

—¿Estás aburrido de cantarla?

—No sé si aburrido pero no puedo dejar de cantarla porque la sacás del repertorio para poner algo nuevo y te piden, "Denis, cantame Horas Vacías". Y tenés que hacerlo.

—Lograste mantenerte pero dijiste que si te mareas, caes al piso, ¿quién te pone los pies en la tierra?

—Nadie, yo mismo. Yo lo dije, yo lo sé. Si te torcés un poquito del camino, te pasan por arriba. No entiendo cómo hay gente que no se da cuenta ¿Qué te hace cambiar por ser un artista conocido? La vida sigue igual, lo único que ahora subís a un escenario a cantar. Tenés que estar orgulloso de que hay cientos de personas que quisieran estar en tu lugar y no lo logran.

—Vos sos tu propio productor, ¿a quién le pedís consejos?

—A nadie. Si hasta el día de hoy me fue bien, creo no haberme equivocado. Los colegas amigos me tienen como referente porque empecé primero, entonces ellos me preguntan a mí. Todo lo que elegí y lo que quise hacer lo hice y me fue bien. No sé si pedir consejos, prefiero seguir moviéndome de la misma manera.

—Tenés olfato…

—A esta altura me siento mucho más productor que artista. Quizá por los años o porque tengo menos ganas de subir yo al escenario. Solo me entusiasma hacer un teatro. Las fiestas son un laburo. Ya no me mueven tanto el piso. Me gustaría producir a otro.

—¿Miras o buscás artistas?

—No, porque todavía estoy en mi carrera, aunque me cueste salir los fines de semana a hacer mi laburo. Pero me encantaría producir a alguien. De hecho, hay un artista que me gusta mucho, no voy a decir quién, pero será en su momento.

—¿Te ves en el escenario de acá a diez años?

—Me veo si este nuevo paso que estoy emprendiendo con el disco de baladas, el reggeatón y la bachata me permite proyectarme en el exterior. Ya logré todo acá, si me quedo voy a seguir siempre en el mismo lugar, en la zona de confort. Necesito otro paso. Si eso se da, me veo de aquí a diez años, sino no.

—¿Podes identificar cuándo y cómo empieza esa necesidad de dar un paso más?

—Sí, en 2012, después del primer Teatro de Verano. Quise grabar un disco de baladas pero no se dio. En 2013 hice un nuevo Teatro, y en 2014 otro más. En 2016 canté en el Teatro Metro mezclando baladas y plenas. Ahora tengo una producción detrás que me está dando una mano para ver si entramos en otras radios con nuevos géneros. Si no se logra, si veo que me agoté de esperar lo inesperado, me bajaré y pensaré en hacer otras cosas.

—¿Cómo qué?

—Producir o invertir en algo.

—El nuevo estilo musical coincidió con un cambio de look tuyo, ¿fue casualidad?

—Me lo pidieron. "Hay que girar 180 grados para otra música, otro estilo, y habrá que cortar el pelo".

—¿Te costó?

—Sí. Tengo el pelo largo desde que tengo uso de razón. En 2011 me hice el moño y era un sello. Estuve varios días mirándome al espejo, soltándome el pelo y diciendo, "¿qué hago?, ¿me lo corto?" Un día fui al peluquero y le planteé cómo me quedaría un corte como el de Bisbal. Buscamos fotos y me gustó pero cuando se paró atrás mío me arrepentí, me lo até y me vine para mi casa. Esa misma madrugada estaba en el sillón mirando la tele, me fui para el baño, agarré el moño y lo corté yo con la tijera.

—Pinocho Sosa te apodó "El Príncipe", ¿por qué no te gusta que te digan así?

—Un día me presentó como "El Príncipe" en un show con los Zíngaros y me quedó. En todos los lugares donde voy me ponen "El Príncipe de la plena". No me gusta, me suena cursi, pero no tengo más remedio que convivir con eso. No puedo pedir que lo cambien. Lo eligieron y quedó así.

—Tu sueño era salir en Zíngaros y se dio. Tuviste un episodio con Pinocho en El Galpón por el sonido, se distanciaron y este año saliste en Nazarenos, ¿qué pasó para que volvieras?, ¿te llamó?

—Tuve un pequeño percance con los sonidistas de El Galpón, con Pinocho no tuve ningún lío. No subían el volumen de la orquesta ni de mi micrófono, la gente me gritaba que no se escuchaba, pedí por favor que me subieran, y a la cuarta vez dije, "¿no querés trabajar? Bueno, yo tampoco". Desenchufé el micrófono, hablé con Ariel, le expliqué, y le dije, "¿qué querés, que cante a capela? No es mi culpa. Ahora no quiero cantar". Y me fui. y me dijo, "mira que no voy a contar contigo para el 2017". No tuve problemas con él, decidí no cantar porque sentí que me habían faltado el respeto como artista. Yo estaba con mi banda, no con Los Zíngaros, si me pasa con Los Zíngaros es problema de Ariel, y sigo cantando. Pero era mi nombre. Los Zíngaros cantaron y después me enteré que tuvieron el mismo problema: los micrófonos andaban bajo. En 2017 descansé, 2018 salí en Nazarenos y cuando terminó este Carnaval me llamó Ariel para decirme que había un traje con mi nombre para 2019 y que la hinchada me esperaba con los brazos abiertos. Como hincha de Zíngaros y componente que fui desde 2010 a 2016 no dudé ni un segundo. Nos sentamos a hablar y volvió todo a su lugar.

—¿Te sentís un Zíngaro?, ¿extrañaste no salir en el conjunto de Pinocho Sosa?

—No sé si extrañar es la palabra, creo que en Zíngaros marqué un estilo y mirándolo de afuera yo mismo me daba cuenta de que faltaba en ese lugar. Y la gente me lo hizo saber.

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