Narrador de las emociones

Roberto Moar aventura buenos resultados para Uruguay en las Eliminatorias. Cuenta su historia, habla de la vanidad en el periodismo deportivo y de su faceta como padrino en una asociación de ayuda a niños autistas.

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Por: Miguel Bardesio

Un nuevo proceso de Eliminatorias. Dos años de partidos, de viajes, de emociones, alegrías y seguramente, algunas amarguras. Una de las voces que estará, otra vez, al pie de las canchas que pise Uruguay será la de Roberto Moar. Casado, de 43 años, padre de dos hijos (Francisco (6) y Dominique (3), el relator de Carve se ubica en el lado lírico de la narración, propicio a la "catarata de palabras", de frases e imágenes que vayan ilustrando los caminos de la pelota. No emplea malas palabras, ni carraspeos o giros de estirpe popular y, bicho raro en las marquesinas del periodismo deportivo, no le gusta polemizar y entrar en largas discusiones: el camino más largo al éxito, tal vez, pero el que decidió tomar. Y orgulloso: "Durante mucho tiempo, en los medios, uno va como corriendo atrás de la zanahoria, tomando los trabajos como una vía para llegar a determinada cosa. Hoy, en cambio, yo puedo sentarme y disfrutar plenamente de lo que hago, de un relato, una nota, un programa", asegura.

Fue un niño tímido y ex jugador de toda la cancha ("Jugué a nivel amateur. No era bueno, pero corría mucho, los marcaba a todos"), Moar mantiene esa propiedad multifunción en los estadios de los medios de comunicación. Además de relator, es locutor, conduce Punto Penal y es el jefe de información deportivo de Subrayado. Resultado: trabaja los siete días de la semana. En la adolescencia, fue Disc Jockey de cumpleaños de 15 y estudió Ciencias Económicas hasta casi recibirse. Su primer trabajo en los medios fue en Radio CX 46 donde hacía estudios. Luego llegaron más radios y prensa escrita hasta que debutó en TV con La Hora de los deportes donde permaneció apenas tres meses. En 1993 ingresó a Canal 12 para relatos, Telemundo y el Polideportivo hasta 2002. Crisis mediante, fue enviado a seguro de paro y terminó pidiendo un despido incentivado. "No me pareció justa la medida", recuerda. Llegó a Canal 5 (TVeo en ese momento) y un año después a Canal 10. Su primera experiencia como relator fue en Rivera, pese a ser montevideano de toda la vida. Desde hace cuatro año, es el relator de radio Carve, luego del alejamiento de Carlos Muñoz. Trabajó con Lalo Fernández como comentarista y hoy forma la dupla con Jorge Da Silveira.

Las mañanas son su único tiempo libre y se transforma casi en un amo de casa. "Mi rutina es llevar a Francisco temprano a la escuela. Y después atender a Dominique, la más chica", relata. Allí mismo, en una mañana, en su casa de Punta Carretas y con Dominique algo celosa de que papá hable tanto frente a un grabador a semejantes horas, Roberto Moar recibió a Sábado Show.

-Relator, conductor de Punto Penal, periodista de Subrayado, ¿cómo vives esa polifuncionalidad?

-Lo que yo más disfruto es relatar, es mi faceta más simple: depende de uno, de lo que se te ocurra, de la genialidad, la impronta... el gasto y esfuerzo va solo en el micrófono. El conductor de informativo, por otra parte, tiene esa particularidad que tener en cuenta que uno le habla a mucha más gente que la que está vinculada al deporte. Hay que contemplar otras cosas, otro lenguaje. Y además, sentarse al lado de Jorge (Traverso) y Blanca (Rodríguez), que son dos instituciones dentro de la televisión. Sin que se enojen ellos, yo los miraba en casa cuando era adolescente. Y lo otro, conducir un programa de deportes, como Punto penal, significa manejar los tiempos, las órdenes del director y dominar personalidades, los panelistas del programa, que de por sí son opinólogos.

-¿Nunca te sentiste desbordado?

-A veces sí. Igualmente, ahora pienso que si se cortó, se cortó. Antes buscaba contemplar aquello de que las ideas de alguien no quedaran muy colgadas, pero hay una realidad. Detrás del programa hay una producción importante, todo un trabajo en la semana. Y muchas veces se debe sacrificar todo un esfuerzo de producción, de mover, grabar, editar porque nosotros nos ponemos a hablar y a hablar y no alcanza el tiempo. Entonces, ahora trato de tener eso en cuenta y después, se trata de encauzar el barco. Y cuando alguien está invitado, por ejemplo, que él es el verdadero protagonista, trato de que las preguntas sean directas.

-Tú no es has optado por un perfil opinólogo o polémico. ¿Por qué?

-No es una tarea que disfrute demasiado. Me parece que los verdaderos protagonistas son los que están en la cancha. El opinólogo deportivo, muchas veces, va cambiando sus opiniones según pasa el tiempo y las circunstancias. Eso nunca me convenció demasiado. También me ocurre a veces que choco en alguna nota porque a mí me gusta explorar un lado más humano, diferente que el deportivo. Y no todos se prenden en eso. Es más: muchos le huyen. Hay muchos prejuicios en el periodismo deportivo...

-¿Cuáles?

-Primero, que hay que hablar de lo estrictamente deportivo, no salir de esa faceta, no se deben hacer entrevistas que vayan por otro lado, ni siquiera ir hacia atrás. Como que lo inmediato, la pelota o el gol, está por encima de todo. Y aquellos que quieran meterle alguna pizca que no sea deportiva a sus notas tienen miedo de que le digan: "¿qué hacés?", "¿Estás jugando a ser Rial?". Hay otro prejuicio en cuanto a la suposición de que el periodista deportivo es el menos preparado para ejercer su tarea. Yo quiero combatir esos mitos y esa mirada de cierto desdén del resto de los comunicadores hacia el periodista deportivo. "Ah, este de lo único que sabe hablar es de fútbol". "A lo único que se dedica es al fútbol: 11 tipos corriendo atrás de una pelotita". Yo no creo eso, creo que en ese mundo de la "pelotita" hay muchas cabezas, muchas historias que estaría bueno profundizar.

-En el periodismo deportivo también ocurre que surgen algunas figuras, peleas, escándalos...

-Sí, estamos en un proceso de vedettización del periodista deportivo que es reciente, ha estallado hace poco. Me sorprende que muchos se prestan al juego de Bendita TV, por ejemplo, trabajan para ese show, para decir el disparate mejor. No sé si eso es bueno o malo para la imagen del periodista deportivo. Me gustaría que hubiese un compromiso mayor y una demostración mayor de que no somos solo tipos hablando de la pelota.

-Tú mismo adviertes cuando ocurre algo como para Bendita TV...

-Sí, porque ellos están en el canal y es una manera de advertirles que tal o cual cosa les puede servir. Es como una juego. Nosotros damos mucho material, es verdad.

-¿No te considerás un vedette?

-(Risas) No sé. Yo soy como un bicho raro. Desde el momento en que no me gusta insertarme en discusiones largas y que prefiero hablar de otros temas que rodean al deporte. A a veces tengo algunos encontronazos porque quedas demasiado solo, sobre todo en una entrevista colectiva. Me pasó con (Luis) Suárez en la Copa América. A poco de un partido concedió una nota a varios medios uruguayos. Con la primera pregunta habló del partido, la segunda también y la tercera era la mía. Yo le pregunté por la hija, qué quería regalarle a la hija en esta Copa América, si la niña jugaba a la pelota… esas cosas. Y cuando terminó, me dijo: "Por fin, pude no hablar de fútbol". O sea, también hay una necesidad de los jugadores de expresar otras cosas, de decir que detrás de una pelota o de un gol, hay una familia, ilusiones, una historia, una vida, gustos… Cuando hice esa nota, los demás colegas me miraron raro, como diciendo: "y este qué está preguntando".

-¿Cómo es la relación con tus colegas?

-Yo me llevo bien. El periodismo deportivo y todos los medios en general tienen aquello de la hoguera de las vanidades, lo que hace que a veces sea difícil, en medios tan competitivos, profundizar las relaciones. Pero tengo relaciones cordiales con mucha gente, tengo amigos incluso y hay otros con quienes directamente no me doy. Solo lo correcto de saludar y nada más. Podemos viajar todos juntos como en el Mundial o la Copa América, pero siempre hay afinidad con unos y no con otros.

-Si no relataras, ¿a quién escucharías?

-A Máximo Goñi. Me alegró mucho que le dieran el Iris a mejor relator. Es un trabajador muy generoso, va a todos lados, debemos darle la derecha en eso. Me parece que se hizo de un gran equipo, me gusta. Es un tipo que yo aprecio y que me ha dado buenos consejos.

-Decías que es medio competitivo, ¿cómo se manifiesta eso?

-Sí. Siempre se compite. Todo lo que pasa en TV, y tiene que ver con la exposición, muchas veces potencia las cosas más oscuras de la gente, en el buen sentido. Digamos que se prescinde del colectivo para apostar a lo individual. Esa es una de las cosas que tratamos de inculcar en Subrayado, que por encima del lucimiento personal de un periodista hay un todo, que es un noticiero. Nosotros tenemos un grupo en deportes que se inserta dentro del todo de Subrayado y tratamos de colaborar en el lucimiento del todo. Si uno tira solo, difícilmente podamos llegar al objetivo. Eso pasó toda la vida, se ha incrementado con el tema del rating y la torta publicitaria y la necesidad de los canales de que haya una buena medición de audiencia, lo que va condicionando la calidad de los productos al entretenimiento.

-¿En el periodismo deportivo lo que más rinde es la polémica?

-Sí, lamentablemente. Incluso hay programas que han prescindido de los armados, de informes, de tapes, para transformarse en programas prácticamente radiales donde discuten, intercambian y polemizan.

-¿Eres televidente de otros programas deportivos? ¿La hora de los deportes?, ¿La redonda?, ¿Pasión?...

-No. No siento la necesidad. Si miro televisión, prefiero una buena película. También miro dibujitos animados (risas) en esta etapa de padre de niños chicos.

-Empezaron las Eliminatorias, ¿qué aventuras para Uruguay?

-Siempre se sufre. Las Eliminatorias en Sudámerica implican un proceso muy largo, cansador, de viajes agotadores. Pero creo que Tabárez ya tiene la experiencia y el hecho de que no esté Brasil aliviana un poco. Los éxitos anteriores de este grupo fortalecen. Hay un crecimiento y una madurez de determinados jugadores. Yo estoy muy confiado, me gusta el proceso, siempre fui pro Tabárez. Creo que vamos a clasificar al mundial, pese a que habrá rivales que darán mucho trabajo.

-¿Es diferente relatar a Uruguay?

-Sí, te sentís hincha. Siempre digo que cuando juega Uruguay, se dan los peores relatos. Estás pensando más en lo que pasa en la cancha que en la tarea profesional. Te calentás, querés que llegue el gol o te amarga el gol en contra. Pero bueno, hay que superarlo. Y tiene otro color, otras sensaciones relatar un partido de tu país. Todo es absolutamente subjetivo.

-¿Se puede ser amigo de los jugadores?

-No sé si amigo, pero en el caso de esta selección, hay una relación de suma corrección donde se sabe el rol de cada uno. Se sabe que unos, los periodistas, están para informar, analizar o criticar y otros para jugar. Hay una gran madurez.

-Se dice que hay dos vertientes de relatores: los que apelan a lo popular y los que van por el lado más lírico, romántico; ¿dónde te ubicarías?

-Yo soy más de los líricos. Siempre escuché a Víctor Hugo, era algo que me acompañaba los fines de semana. Me encantaba su estilo, era mi ídolo, me marcó. Incluso, hice todo un ritual para escuchar su debut en Argentina, con un Boca - Talleres. Y siempre me pregunté: "¡A este tipo cómo se le pueden ocurrir estas frases!" Reconozco que con (Julio) Ríos estamos aparentados en el sector de la corriente de Víctor Hugo. También están aquellos que siguen más el camino de (Carlos) Solé. Yo no llegé a escucharlo a Solé, era muy chico, pero recuerdo que no me gustaba. Reconozco que, junto a Heber Pinto, marcó una época, al igual que, en otro estilo, lo hizo Víctor Hugo. Dieron vuelta al relato en este país.

-Una pregunta que te habrán hecho muchas veces: ¿de qué equipo sos hincha?

-(Risas) Y bueno, eso se va perdiendo. Va ganando el profesional y yo, hoy, no soy hincha de ningún equipo. Esa la típica pregunta que se hace a los periodistas. En Subrayado, cada vez que algún colega me pregunta de qué cuadro soy, le retruco: ¿Y vos, a qué partido votaste? "Ah, no te voy a decir", me responde. "Bueno, yo te puedo decir a quién voté, pero no el equipo del que soy hincha". Del que fui hincha, mejor dicho. Creo que todos los periodistas deportivos tienen algún cuadro de su infancia; algunos lo mantienen de grande y otros lo van perdiendo. Yo lo perdí: me alegra mucho el éxito de cualquier equipo uruguayo.

-¿Y a quién votaste?

-(Risas) Voté a Astori. Lo hago desde los inicios de Asamblea Uruguay. En mis épocas de aspirante a la carrera de Economía, fui oyente de algunas clases de Contabilidad Nacional que daba él. Y realmente me sentía admirado de ese conocimiento sobre economía y un modelo de país que todavía distaba mucho de poderse concretar.

-Otro fenómeno del periodismo deportivo es una presunta división entre aquellos que trabajan en Tenfield y los que no. ¿Cómo lo vives tú?

-A veces a mí me confunden. Los medios hacen acuerdos y uno trabaja en Canal 10 y hay un acuerdo con Tenfield y la gente te identifica y piensa que trabajás en Tenfield. No. Yo trabajo en Canal 10. Igual, para responder a tu pregunta, yo no le doy ese toque tan dramático que se le da al tema, de honestos contra no honestos. Creo que hay un montón de muchachos que trabajan en Tenfield, que yo los conozco, que son laburantes y que ni siquiera le han visto la cara a Paco Casal o al Tano Gutiérrez. Y a esos pibes a veces se los juzga con mucha dureza. No me parece que haya que demonizar las situaciones.

-Tú viviste algo poco usual en este país: el pase de un canal a otro, del 12 al 10. ¿Cómo fue ese proceso?

-No fue directo. En 2002, con la crisis, Canal 12 decide enviarme al seguro de paro. Me acuerdo que Aldo Silva (de quien soy muy amigo) me dijo: "En seis meses estás de vuelta". Y yo le respondí: "Espero no volver más". Hacía 10 años que estaba en el Canal y sentí que no era justo. A los dos o tres días, vi en los diarios que Ramiro Rodríguez Villamil asumía en TVeo. Yo había trabajado para él en Radio Sarandí y allá fui con mi carpeta. Entré al noticiero y pedí el despido en Canal 12. Estuve en TVeo un año y pico hasta que me llamaron para Punto Penal. Yo ya trabajaba en la productora de (Daniel) Acevedo. Después, me convocaron para Subrayado. Pero el pase no fue directo. No habría podido ser, supongo, porque se da (o se daba) aquello de "no sacar" las figuras de otro canal. En cambio, si sale de Canal 5 como que no pasa nada.

-¿Cómo eras de niño?

-Muy tímido. Después se me fue yendo un poco. Pero de niño y adolescente tenía problemas para conseguir novia, por ejemplo, o por ahí no apuntaba a la más linda. De grande, se te va pasando porque aprendés como es el cuento. Y más allá de todo, la timidez había superarla si quería dedicarme a esto. Lo fui haciendo. Nunca me paralizó.

-¿Eres de pensar en el futuro? ¿qué proyectás?

-Lo que imagino es disfrutar de mis hijos, de mi familia, verlos crecer, tener tiempo para ellos y ayudarlos a decidir y a que puedan disfrutar de los tiempos que vienen. Y el trabajo, mientras haya, se hará. Esta profesión tiene que los que somos no empresarios, dependemos de los gustos y necesidades de los que están al frente de los medios. Estamos en un permanente recambio al que hay que adaptarse.

-¿Planean un tercer hijo?

-No, nunca digas nunca, pero por ahora no. Queremos dedicarnos a ellos dos.

-Eres padrino de Acatu, una asociación de ayuda a niños autistas...

-Es la asociación canaria para colaborar con niños con autismo y TGD. Está en Pando, estamos abocados en una tarea de terminar las obras de la sala de psicomotricidad, gracias a unos fondos que se obtuvieron de la embajada de EE.UU. Son maestras que trabajan con mucho cariño. Y los niños son también unos soles… es el costado más comprometido del perfil público.

-¿Cómo llegaste a ser el padrino?

-Ellos llegaron a mí. Hacía tiempo que yo sentía la necesidad de volcar algo. Lo había pensado más por el lado de las personas con Alzheimer porque mi padre había sufrido la enfermedad y viví las situaciones y angustias que rodean estos casos. Pero poco después del Mundial, me contactaron de Acatu y me pareció increíble lo que hacen. Hemos conseguido algunas donaciones, pero siempre es difícil meterse en ese tipo de causas… como que hay que golpear muchas puertas: estatales y no estatales. Y llorar un poco la milonga para concretar las ilusiones de algo que le sirve a mucha gente. Sentía la necesidad de hacer algo, uno ve que la gente te reconoce, te ve… y yo me estaba cuestionado si no había una posibilidad de aprovechar ese perfil para hacer algo más valioso que seguir saliendo en la pantalla. María Rosa, María Victoria, Rosmery y Daiana, que son las maestras y psicoterapéutas que están al frente de Acatu me ofrecieron sumarme y no lo dudé. Son cuatro personas fantásticas y un montón de niños y de familias que tratan de entender a niños que son simplemente diferentes, que necesitan de nuestra atención y de un cuidado especial.

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