Lorena Paola vuelve al teatro uruguayo y se sincera: "Soy una mamá bastante intensa"

La actriz, quien comenzó siendo una niña a trabajar en los medios argentinos se presenta junto a Marta González con la obra "Madre hay una sola"

Lorena Paola. Foto: Difusión

Empezó a actuar con apenas seis años y desde entonces no paró. Lorena Paola recuerda que la última vez que estuvo en Uruguay fue hace 30 años, con una comedia que protagonizó junto a Guillermo Francella. Este mes regresará con la obra Madre hay una sola, que protagoniza junto a Marta González y con la que tendrá una gira por el interior. El martes 15 estará en el Teatro Lavalleja de Minas, el miércoles 16 en el Fernandino de Maldonado y el jueves 17 en la Sala Club de San José. En esta entrevista con Sábado Show, Lorena Paola habla de su carrera, esta obra y el adaptarse a los nuevos tiempos del humor.

—¿Cuándo fue la última vez que llegaste a Uruguay con una obra?

—Creo que fue con De carne somos, hace unos 30 años. Fue un éxito con Guillermo Francella, y creo que fue la última vez que estuve por Uruguay. Ahora aprovecharemos para visitar porque uno en estas giras también aprovecha para pasear.

—Venís con un género que te queda cómodo: la comedia.

—Sí. Madre hay una sola es una comedia, pero tiene sus partes dramáticas porque transita todo tipo de emociones, y es eso lo que la hace interesante. Es un placer hacer esta segunda obra de mi amigo personal, Sergio Rodolao, quien me acompaña durante tantos años de mi vida arriba y abajo del escenario. Él es actor, bailarín y siempre le gustó escribir. Cuando me dio el libreto me empecé a reír y a emocionar, y lograr eso desde la lectura, para mí es un éxito asegurado. Hace mucho tiempo que no leía una obra y me pasaba eso, y a todos los involucrados, desde su experiencia, nos fue pasando lo mismo. Y después está el compartir el escenario con una grosa como Marta González que es una reina, excelente comediante y actriz que transita por todos lados.

—La obra es la relación de una madre y una hija...

—Sí, soy la hija que vive en España y regresa al morir el padre, y eso significa el reencuentro de estas dos mujeres que tienen cada una su historia y secretos que se van descubriendo en el transcurso de la obra. Y no parás de sorprenderte porque cuando pensás que ya está, aparece otra cosa más para descubrir, y eso la hace muy entretenida. A nosotros desde el escenario lo disfrutamos un montón.

—¿Cómo han sido los ensayos?

—Soy una actriz a la que no le gusta mucho ensayar, me da paja. Obviamente lo hago, y si bien es tedioso para mí, es un placer ensayar porque cada día vas descubriendo más cosas y vas enriqueciendo al personaje. Ya desde el texto los personajes son muy ricos, y siento que menos es más. No hay que agregarle demasiado porque así como está, está perfecta. Sé que va a sorprender y que cada espectador se va a sentir identificado en cada cosa que digan estas dos mujeres de generaciones distintas.

—¿La obra te hizo pensar en tu rol como madre?

—Soy una mamá bastante intensa, de eso de demasiado amor te matará, porque soy bastante presente. Fui muy miedosa pero de vivir sobre él y a pesar de eso, él es hijo único pero mantiene una independencia extraordinaria. Hoy es mi mejor compinche, tenemos una relación hermosa porque fui mamá muy chica y aprendí con él; pero por momentos él parece más grande que yo porque es mucho más maduro. Entonces tenemos otra comunicación porque somos más cercanos en cuanto a la generación. En ese sentido, Betty, que es el personaje de Marta en la obra, maneja un nivel de intensidad parecido a mí.

—Comenzaste a trabajar siendo niña en Festilindo y viviste el cambio de paradigma de los últimos años. ¿Se siente la transformación en la sociedad con respecto al humor y la figura de la mujer?

—Empecé en 1981, y fueron transformándose un montón de cosas. Una también, que pertenece a esa generación, siente que hay cosas que todavía nos cuesta como el reconstruirse, o esa palabra de hoy: deconstruirte. Y había cosas que una tenía como normal que estaban incorporadas, y que ahora no va más. Es un chip que hay que sacarse para ponerse este nuevo para ir readaptándote y reacomodándote en esta nueva sociedad. Ahí pasa ese cimbronazo que requiere que una se acostumbre o rearmarse desde otro lugar, lo que no siempre es fácil. A veces también se juzga en este presente a personas que ya vienen acostumbradas de ese momento. Hoy hay mucho análisis, susceptibilidad, y a veces se complica llegar a un acuerdo.

—Estabas en televisión cuando Porcel, Olmedo o Corona eran los capos de un humor que hoy no sería aceptado...

—Claro, ese humor ya no se podría hacer. Hoy se juzga mucho esa época. Me acuerdo que hice una película, Diablito de barrio, y subí a las redes una parte de la película. Mi personaje vivía en un lugar muy pobre y se encuentra con un linyera que interpretó Minguito, que hizo un cameo. En un momento me pregunta qué me pasó y le digo: “Me echaron, me dieron una patada en el culito”, porque el encargado de un edificio, para sacarla, le da una patada. Y Minguito se acerca y me dice: “¿Dónde te pegó?”, y me doy vuelta y él muy inocentemente me toca la cola y dice: “Sana, sana, colita de rana”. El otro día subí eso a las redes, ¡imaginate el despelote que se armó! Estamos hablando del año 1983 y la gente ponía: “¿Cómo una persona mayor le va a tocar la cola a una nena?”. Yo pensaba: “Chicos, era más simple la vida, no era con esa intención”, por eso es muy difícil manejar estos cambios, sobre todo para los que vivimos eso.

—Imaginate si era una escena de Luisa Kuliok y Arnaldo André en “Amo y señor”.

—Claro, con el cachetazo. A veces se juzga hoy una cosa que en el pasado era natural. Hay que tener cierto criterio. No digo que esté bien, pero entonces se vivía de otra manera.

—Empezaste muy chica, ¿hay un secreto para la permanencia?

—Empecé chiquitita y la verdad es que nunca paré de trabajar. En un momento decidí pasar mi vida por el lado del teatro, y me dediqué 15 años a girar por el interior, lo que me permitió conocer de norte a sur con distintas comedias. Elegí un lugar de menos exposición y si no hacés televisión, para la gente no existís más, y lo cierto es que nunca paré de trabajar. Si no estaba en televisión hacía teatro, y hoy que soy más grande y el nene (tiene 26 años) ya está crecido, puedo estar más independiente en cuanto a la elección del laburo.

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