El antihéroe más exitoso de la comedia estadounidense está a un paso de filtrarse al género dramático. Experto en interpretar a seres humillados, que una y otra vez se adueñan de la taquilla mundial, Ben Stiller se desdobla nuevamente para mostrar todas sus facetas. Se despide del 2008 con la película más políticamente incorrecta del año y comienza el 2009 con un desafío que, de concretarse, daría otro giro a su consolidada carrera. A los 42 años, el líder del Frat Pack (grupo de actores que suelen trabajar juntos) más cómico de Hollywood decide pisar fuerte detrás de cámaras.
VAIVENES INICIALES. Hiperactivo desde su juventud, los inicios de Stiller no fueron en la comedia. Hijo de los actores cómicos Jerry Stiller y Anne Meara, estudió teatro y cine, estrenándose en 1985 en Broadway, en la obra The house of blue leaves, lo que le permitió conseguir un rol secundario en el drama de Steven Spielberg, El imperio del sol (1987). Durante su experiencia sobre las tablas trabó amistad con John Mahoney, a quien convenció para protagonizar junto a él el corto The hustler of the money. Esta parodia de El color del dinero, fue emitida por Saturday Night Live y logró el éxito suficiente para que Stiller fuera contratado por la NBC con el cargo de cómico y guionista de este programa, cuna de los principales humoristas de su generación. Un tiempo más tarde Stiller tendría su propio programa en MTV, proyecto que caducó al poco tiempo, pero que nutrió al actor para realizar su primer largometraje: la comedia dramática La dura realidad (1994). Con ésta se propuso captar la esencia espiritual y los códigos de comportamiento de los jóvenes de la década de los `90. El trabajo como director y co-protagonista de Stiller recibió elogios de la crítica y llamó la atención del público dada la participación de algunas jóvenes promesas de Hollywood, como Winona Ryder, Ethan Hawke y Steve Zahn. La dura..., conocida por estos lados como Generación X (en clara referencia a la obra homónima de David Coupland), se transformó en una suerte de película de culto para su generación y aún por estos días es citada por la prensa para explicar qué es la Generación X, a la que según los medios mundiales pertenece el presidente Obama.
Retomando la risa, seguiría un segundo proyecto tras las cámaras, El insoportable (1996), con Jim Carrey encabezando el reparto, pero que no logró cautivar a los espectadores. Sería después de alimentarse de sus criaturas más conocidas, como actor, que Stiller retomaría su carrera como director-guionista-actor, transformándose en un hombre orquesta avalado por la gran industria y un imán de millones.
El rostro de Stiller fue realmente conocido a partir de Loco por Mary (1998). Este protagónico marcaría su perfil como actor, reproduciendo papeles similares en cintas como Mi novia Polly, La familia de mi novia, Los Fockers: la familia de mi esposo, La mujer de mis pesadillas, entre varias. Loco por... significaría su primera participación con los hermanos Farrelly, quienes se proponen realizar un film de Los tres chiflados en 2009, barajando el nombre de Stiller como una posibilidad.
AL MANDO. Es común ver cómo se repite el elenco en la mayoría de las comedias en las que aparece Stiller. Si bien volvió a trabajar como guionista en 2004 con Zoolander (su tercera película como director), al igual que otros astros bien posicionados creó su propia productora. Red Hour Films produjo taquillazos como Duplex, Dodgeball, Starsky y Hutch y Patinazo a la gloria, que si bien no lo tienen siempre a él en el reparto, no excluye a ninguno de sus amigos frecuentes (los hermanos Wilson, Vince Vaugh, John C. Reilly, Will Ferrell). En 2007 Stiller firmó un contrato con DreamWorks con quién se comprometió a escribir, producir y dirigir por 3 años.
POLÉMICA. Zoolander se transformó en la garantía necesaria de Stiller para conseguir respaldo financiero orientado a sus futuros planes: Una guerra de película. Largamente anunciada, la parodia de los films bélicos insignias de la historia del cine, lo posicionó como un director sumamente interesante, aceptado por la crítica y seguido por el público. Si a esto sumamos el gusto de Stiller por componer sus personajes principales, es fácil comprender por qué DreamWorks (y productoras asociadas) le otorgó el enorme presupuesto de 90 millones de dólares a una película de este tipo. Las 22 instituciones en pro de los derechos de los minusválidos mentales, negros y judíos que intentaron boicotear el estreno del film, sólo lograron agregar un ingrediente polémico al largometraje que se estrenó en el Festival de Cine de San Sebastián y desbarrancó a Batman: El Caballero de la Noche de la taquilla mundial. Sobre el argumento, Stiller comentó que desde 1987 daba vueltas en su cabeza: "Tuve un papel cortísimo en El imperio del sol. En aquel tiempo, todos mis amigos actores estaban haciendo películas de Vietnam y acudían a campos de entrenamiento durante dos semanas. Luego, en las entrevistas, decían: `Este campo de entrenamiento ha sido lo más intenso que he experimentado en toda mi vida y al final hemos logrado una gran unidad y un gran grupo`. Me parecía divertido que los actores hablaran de esta experiencia increíblemente intensa cuando en realidad no tenía nada que ver con ser soldado e ir a la guerra. Esta especie de compromiso y agradecimiento me parecía graciosa, pero no veía la manera de plasmarla en una película". Con su habitual destreza a la hora de convocar a grandes actores, logró que Robert Downey Jr. fingiera ser negro; Jack Black, un actor patético adicto a las drogas; Matthew McConaughey, un productor con buen corazón, y Tom Cruise- irreconocible-, un productor sin escrúpulos. "Ben se burla de los grandes actores que tienen a un montón de ayudantes revoloteando a su alrededor, pero resulta que a él le ocurre eso de veras. Está utilizando la realidad para distorsionarla, caricaturizándola y exagerándola para hacerla divertida. De alguna forma, estamos mostrando la parte débil de las realización de Hollywood y creo que el espectador disfruta viendo lo vulnerables que somos todos en estas situaciones", dijo el actor británico Steve Coogan.
NUEVO GÉNERO. Una guerra... no sólo consiguió el premio a Comedia del Año del Festival de Cine de Hollywood, sino que enfatizó la habilidad de Stiller como realizador, y ésta es una de las grandes apuestas que DremWorks está dispuesta a explotar. Por ahora su nombre es el elegido por Steven Spielberg para estar al frente de la superproducción The trial of the Chicago 7, film que desistió de dirigir y que retrata los enfrentamientos entre manifestantes y policías, que se llevaron a cabo en Chicago en 1968 durante la Convención Nacional Demócrata. El elenco incluiría a figuras como Will Smith, Kevin Spacey y Sacha Baron Cohen, y el guión es de Aaron Sorkin (The West Wing).
VOZ CONOCIDA. Stiller también hace su aporte a la edad de oro de la animación digital prestando su voz a films como Madagascar. La primera entrega de la comedia consiguió recaudar más de 500 millones de dólares, la segunda lleva acumulados más de 150 millones en sus diez primeros días de exhibición en Estados Unidos, lo que le augura ingresos aún mayores a su antecesora. "Es divertido hacer algo que los niños puedan disfrutar en su nivel. Francamente, no les importa que yo o que Chris (Rock) estemos en la película, les gustan los personajes", comentó. El doblaje es ideal para un actor de su tipo, conocido en el medio por su capacidad de improvisación, sobre todo teniendo en cuenta que este argumento tiene como eje central a su personaje, que luego de estrellarse el avión en el que viajaba con sus amigos en África, querrá conocer a sus padres. Para optimizar el trabajo los creativos hicieron una excepción y coordinaron que la grabación de los textos de Alex (Stiller) y Marty (Rock) fuera simultánea, lo que es una rareza en estas producciones. "Es un proceso único. Primero leemos el guión de la escena. Luego se van aportando ideas. Más tarde se comprueba cómo queda... Porque no hay señales de `acción` o de `corte`, se está grabando permanentemente en video, para luego ayudar a los animadores con los movimientos corporales del personaje. No tienen ninguna presión, pero cuanto más aportes tú, mayor cantidad de material tendrán luego ellos para construir el personaje", explicó. Si bien el rodaje de Madagascar 2 comenzó en 2003, el proceso de animación es bastante lento, lo que llevó a que su estreno fuera recién ahora (ayer se estrenó en las salas uruguayas), y no demasiado lejos de otra secuela protagonizada por Stiller: Una noche en el museo 2, que se proyectará en nuestro país durante el primer semestre de 2009.
ACTOR DE SECUELAS. En su segunda película como Lary Daley, Stiller deberá controlar a las reliquias históricas más importantes del país, esta vez en el Museo Smithsonian, en Washington. La primera entrega, dirigida por Shawn Levy, se estrenó en la Navidad de 2006 y obtuvo beneficios económicos cercanos a los 600 millones de dólares. Esta comedia familiar logró reunir en el reparto a los veteranos Dick Van Dyke, Mickey Rooney, Bill Cobbs, Robin Williams, Ricky Gervais y a los habituales compañeros de rodaje de Stiller: Owen Wilson y Steve Coogan. Además pudo compartir por primera vez una escena mano a mano con su madre (Anne Meara). "Creo que los adultos llevan a un niño oculto en algún rincón de su interior, pero en el caso de algunos está más cercano a la superficie; en mi caso, el niño que todos llevamos dentro, yo lo tengo en la garganta, ese es el espíritu que me atrajo de esta película", señaló. Interrogado acerca de si es recomendable realizar secuelas, Stiller respondió: "Depende de qué secuela se trate. Nunca había hecho una hasta Los Fockers: la familia de mi esposo y fue porque Robert De Niro me llamó y me dijo:`Vas a hacer la secuela. La vas a hacer, ¿no es cierto?`. Y me permitió trabajar con Dustin Hoffman y Barbra Streisand... es algo que sucede una vez en la vida. Creo que con Una noche... vale la pena, tienen un buen guión, una nueva idea y me divertí muchísimo haciendo la primera. Disfruto de esa conexión con los niños, es positivo para mi vida".
Los exageradísimos cachet que se manejan en Hollywood parecían inmunes a la crisis mundial que azota cada vez a más sectores de la industria estadounidense. Mientras Broadway ve como sus ingresos disminuyen en un 50% y decide bajar de cartel megaproducciones como Hairspray, la industria cinematográfica busca salvavidas que le permitan sobrevivir a lo peor. Sin dinero para puntos medios, Hollywood apuesta a los pesos pesados, y el hombre de las mil caras y los 500 millones parece ser una de las pocas garantías de éxito, delante y detrás de la pantalla.