PRESENTA NUEVO LIBRO

Juan Ramón Rodríguez Puppo: "La grieta es enorme"

Abogado, cantante, militante colorado, también se destaca como escritor. Acaba de reeditar el libro Cuentos del tío, una serie de historias con humor.

Juan Ramón Rodríguez Puppo. Foto: Darwin Borrelli
Juan Ramón Rodríguez Puppo. Foto: Darwin Borrelli

-Reedistaste el libro “Cuentos del tío” luego de varios años, ¿por qué?

-Porque con la pandemia la delincuencia aprovechó las circunstancias para volver a esta modalidad que existió siempre. En realidad, el timador la conocemos desde El lazarillo de Tormes y el llamado “cuento del tío” desde principio de siglo. Me pareció que era buen momento para sacar esta edición actualizada y aggiornada. Le agregué cuentos nuevos, algunos muy buenos que me llegaron en este tiempo.

-Es un texto con mucha apelación al humor...


-Sí. Es un libro que seguramente no va a ganar ningún premio Pulitzer pero va a divertir y va a ser ameno y además, ayuda. Porque los derechos económicos están todos cedidos a Animales sin hogar. La idea no es ganar con esto. El que lo compra sabe que se va a reír un rato y le va a dar una mano a Animales sin hogar.

-Desde hace un año sos panelista de Esta boca es mía, ¿cómo ha sido para vos el ejercicio de opinar y polemizar?

-No soy periodista de profesión. Pero sí trato de ser una persona y soy militante desde hace mucho tiempo. A lo largo de mi vida he estado muy cerca de las ideas liberales del Partido Colorado y desde ese lugar opino. Ha sido un honor estar en el panel de forma permanente durante toda la pandemia. Sentí que aportaba información, contención y fuerza para mucha gente que nos sigue. Le dimos entretenimiento serio y de buena calidad para hacer un “aguante” colectivo al Covid.

-¿Cómo fueron tus orígenes en la militancia?


-En el año 80 con un grupo de jóvenes acompañamos a armar la Corriente Batllista Independiente. Escribí algunas cosas en el semanario Opinar en contra del proyecto del SI de la dictadura. Estuve en una militancia activa por varios años pero luego me dediqué a la actividad privada y no la seguí. Pero mi pensamiento fue siempre ese.

-Desde esa línea de pensamiento, ¿cuál te parece el mensaje principal que hay que dar en estos tiempos?


-Me interesa dar las opiniones desde la óptica liberal y a conciencia de que represento a un grupo de gente que necesitan una voz que se haga sentir. Me parece interesante deconstruir un relato histórico que proviene de la izquierda y que simplemente es falso. El batllismo es muy anterior a la izquierda y su prédica de los derechos. De todos modos, es una tarea que hago sin fanatismos. No soy fanático y ni siquiera soy un militante con compromiso. Soy alguien independiente. No me ato a caudillo ninguno. Por ejemplo, voté a Ciudadanos pero escribí una nota muy dura cuando se fue Ernesto Talvi. Conmigo no corre ninguna disciplina partidaria porque no pertenezco a ningún sector. Eso lo mantengo en el programa y me permite decir lo que pienso.

-En algunos casos el debate en el programa sube de tono. ¿Cómo te sentís en esas situaciones?


-Hubo debates subidos de tono y en todos los casos soy firme con el interlocutor, pero no con la persona. Al otro día, volvemos y seguimos siendo compañeros de panel o de trabajo. También me ha pasado de tener cruces con invitados, como me sucedió con Fernando Pereira (Pit-Cnt) y también tuve cruces muy amables con un senador del Frente Amplio. Cada uno plateó sus cosas y creo que con respeto, se puede decir todo.

-¿Hay una grieta en Uruguay?

-Hay una grieta enorme y lo que tenemos que hacer es tratar de no acrecentarla porque después de todo la sociedad la constituimos todos. Esa grieta nos lleva a que discutamos con altísimo nivel de agresividad entre uruguayos a favor de Joe Biden o de Donald Trump cuando Estados Unidos no es ni siquiera nuestro primer ni segundo ni tercer socio comercial.

-¿Es un fenómeno reciente? ¿Antes no eran tan acalorados los debates políticos?

-Antes podía ser acalorado. Pero en una discusión en el boliche funcionaba el límite de lo humano. Alguna vez podía terminar a las trompadas, pero en la mayoría de los casos, cuando hablamos cara a cara, uno encuentra más puntos en común que diferencias con el otro. Ahora, con las redes sociales, es más sencillo exacerbar la diferencia y el insulto. A mí, por ejemplo, se me ha hecho difícil mantenerme frío en las redes. Recibo mucha presión de gente que le interesa que quiere que uno diga lo que ellos quieran o que tiran palos e insultos.

-Además de escritor y panelistas, tenés una banda musical (13Stylos). ¿Cómo les afectó la pandemia?


-En marzo paramos los shows, como todo el mundo. Empezamos a hacer transmisiones en vivo con Miguel Ramírez, mi socio. En mi caso, lo extendí un poco más. Al vivir en un edificio en Parque Rodó, ponía el parlante en la ventana y armaba un toque dos o tres veces por semana. Esos días me pasaron cosas maravillosas: veía a vecinos bailando en los balcones o azoteas de edificios cercanos. Ahora volvimos a los shows con protocolos. La idea es tratar de arriesgar lo mínimo posible pero no dejar de tocar. Estamos una vez por semana en Alto Palermo Aguada y en la parrillada 29 de julio en Lagomar. El formato de show lo cambiamos porque la mitad del repertorio era muy bailable y ahora no se puede bailar.

-¿Cuál es tu visión del vínculo entre gran parte de la cultura y la izquierda?

-Es un problema gigantesco. Porque hay dos teorías: quienes no pertenecemos a la izquierda se nos achaca que regalamos un terreno duramente muchos años y lo regalamos justamente porque pertenecemos a una ideología liberal. Quienes pensamos así tratamos de abrir camino por nuestros propios medios. No necesitas pedirle al Estado o una estructura partidaria que te ayude. Es una doble lógica complicada. No nos podemos quejar demasiado porque dejamos el terreno a los demás pero lo dejamos porque somos así,. Somos liberales. Tampoco está bueno que la cultura sea un coto de caza de un sector política, que sea el lugar que un sector político lo use para beneficiarse. O que a través de eso, se pase una idea política. Si alguien quiere usar la música para transmitir una ideología política, está en su derecho, pero hay tantas valores para transmitir por encima de la política partidaria que es una pena hacer otra cosa.

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