Lejos de los oscuros pasillos tribunalicios, los impecables trajes de abogados y los prolijos peinados que luce la mayoría del elenco del exitoso ciclo de Canal 13, deambulan Germán (Martín Piroyansky) y Vicky (Vanesa González). En el mundo de Socias (Canal 12, domingos, 23:30), donde la ley que dictan los mayores es la de la inestabilidad emocional, la infidelidad, el amor trasnochado y sufrido, y la familia ensamblada (de los tuyos y los míos), la excepción viene a personificarse en estos dos jóvenes, los únicos despreocupadamente felices, quienes aportan frescura y retratan la idealización del primer amor y el embarazo adolescente en el unitario que produce Pol-ka.
En la ficción, ellos son hermanastros, pero esa circunstancia no les ha impedido enamorarse, concretar su amor y, finalmente, aguardar la imprevista llegada de un hijo.
"La relación de ellos es la más sincera y pura", opina Martín, y Vanesa, al igual que en la pantalla, está de acuerdo con todo lo que él dice. "Entre ellos no hay problemas; hay estabilidad. Son los que más reflejan la familia", afirma, mientras acerca el último bocado de su torta de frutillas con crema a la boca.
Con sus medias caídas, su camisa del uniforme siempre desbordando la pollera, su chicle permanente y su cara de nada, Vicky es el prototipo de la adolescente apática. Para entrar en personaje, Vanesa no tuvo más que levantar la vista e imitar lo que la rodeaba. "Me inspiré en las chicas de colegios muy caros, que veo siempre en Palermo, por donde vivo, con esas ropas grandotas que no les marcan el cuerpo. Me corté el pelo por el personaje, para tener este corte raro de: `¿qué te hiciste en la cabeza?`", explica la actriz, de 21 años, que por segunda vez se pone la panza de utilería -la primera fue en Son de Fierro, cuando interpretaba a Morena-. "Me acuerdo de que entonces fumaba y me daba mucha impresión. Soñaba con que no tenía la panza y me despertaba con mucha angustia. Te pega el embarazo cuando grabás 12 horas seguidas por día", recuerda Vanesa, que destaca como uno de sus referentes a la estadounidense Ellen Page, quien al igual que ella tuvo que sufrir frente a cámara el embarazo adolescente al protagonizar el film La joven vida de Juno .
Su socio en esta aventura precoz es Germán, quien se desliza por el estudio de Dolores Mollet (Nancy Dupláa), Inés Asturias (Mercedes Morán) y Mía Pontevedra (Andrea Pietra) repartiendo chistes y teorías delirantes que almacena para su proyecto de stand up, haciendo de todo menos trabajar. "Es un pibe que no tiene mucho prejuicio sobre sí mismo; tiene una libertad que me encantaría tener a mí; no le importa nada demasiado. Tiene su propias reglas para manejarse en el mundo", describe Martín Piroyansky, de 22 años, quien se ríe con este personaje que persigue el humor en la oficina y al que le importa más ir a charlar con las socias que ir a trabajar. "Es colgado; está pensando en otras cosas", lo justifica Martín.
Con su permanente expresión de recién despierto, el actor logra componer al compañero perfecto que camina al ritmo lento y abúlico de Vicky. "Me encanta jugar a ser lo que no soy: el pibe que anda en calzoncillos por la casa y no le importa nada", dice Martín.
LEJOS DEL PERSONAJE Tanto Martín Piroyansky como Vanesa González, que en la ficción se convierten en dos jóvenes dispersos y poco afectos al trabajo y al estudio, son las nuevas promesas que circulan cómodas por el teatro, el cine y la televisión desde hace ya varios años.
"No me identifico en nada con Vicky. Tengo una inquietud enorme, y ella no tiene incentivos para hacer cosas, sólo vive el momento: no es una chica con sangre", distingue Vanesa que, de miércoles a domingos, conmueve al público del teatro Regina cada vez que se pone en la piel de aquella niña judía de 13 años que hizo llorar al mundo con su visión del horror del nazismo inmortalizada en El diario de Anna Frank (viene de ganar el premio ACE por ese trabajo). "Es el personaje soñado porque le pasa todo: ríe, llora, se enamora y se impone frente a sus padres. Me consume mucha energía, salgo escurrida", se queja, pero con una abierta sonrisa, la misma que alegra a sus compañeros de cautiverio en la obra dirigida por Helena Tritek.
La actriz, con más de diez años de experiencia en las tablas, formó parte del elenco de El burdel de París, pero también ha desfilado por la pantalla chica en 1/2 Falta, Alma pirata, Amo de casa, Mujeres asesinas y Son de Fierro. Vanesa, que empezó a los 12 años a estudiar actuación en Banfield y a los quince ya recibía las indicaciones de Lito Cruz, ahora va por más y está estudiando inglés para poder hacer algo afuera. "Me levanto temprano todos los días y me anoto en seminarios", asegura Vanesa.
Al igual que ella, Martín no esperó demasiado para desplegar sus dotes actorales y a los 7 años ya se encontraba estudiando teatro por consejo de su madre. "Creo que percibió algo payasesco en mí", dice Martín, que se confiesa fanático de los cómics. "Me gusta dibujar porque podés empezar y terminar el trabajo en solitario", cuenta el actor, que acaba de concluir un corto en el que también lo acompaña González. Porque otra de sus aficiones es escribir y, por eso, está trabajando en el guión de un largometraje. "Hace tiempo que vengo con ganas de filmar cosas mías. Me gusta mucho dirigir", agrega Martín que ha estado más de una vez detrás de la cámara en las películas Sofacama, Cara de queso y codo a codo con Ricardo Darín en la laureada película de Lucía Puenzo XXY.
Pero el actor ha transitado más que nada por las tablas under en la obras LaboratorioTarríogrupoSanguíneo, Kuala Lumpur y Mein Liebster, entre otras. "Cuando terminé el colegio me di cuenta de que esto era lo que me interesaba", recuerda el inquieto intérprete, que volvió a subirse al escenario del Instituto Goethe para un semimontado de dos funciones.
Lejos de la pereza que destilan en la pantalla, entre los dos reúnen una vasta experiencia que poco tiene que ver con su módica edad. Ellos son el aire fresco que acompaña a las desesperadas socias en sus aventuras cotidianas.
Victoria Pérez Zabala
(La Nación - GDA)
Germán no tiene mucho prejuicio sobre sí mismo
(Piroyansky)