ENTREVISTA

Jorge Esmoris: "El humor se ha bastardeado mucho"

El actor presenta El Secuestro, una nueva comedia junto a Leonardo Pacella en el Teatro del Anglo. "Es una historia muy simple con cosas formidables", anticipa.

Jorge Esmoris.
Esmoris explica por qué el carnaval dejó de hablarle al pueblo, por qué el sistema político puede hacer poco y por qué el gobierno practica asistencialismo en la cultura.

-¿Qué es lo primero que evaluás de un proyecto a la hora de aceptarlo?

-Lo primero es el texto. Lo leo y me imagino cómo se puede llevar adelante.

-¿En los últimos años venís evaluando los textos en función de lo que te gusta a vos o de lo que le puede gustar a la mayor cantidad de público?

-Yo cada vez entiendo menos qué es lo que puede funcionar para el público, entonces elijo lo que me convence a mí. Tiene que ser un humor que a mí me guste, que no solo provoque la risa con una sumatoria de situaciones graciosas, sino que sea un humor bien pensado, bien escrito y bien hecho.

-¿Hay muchas comedias que no son más que una sumatoria de situaciones graciosas?

-El humor se ha bastardeado mucho. Se lo confunde con la risa, pero para mí tiene que ver con grandes piezas de la literatura. A veces uno se hace adicto a provocar risa y no sabe dónde parar, entonces buscan agregar más y más chistes. Hay momentos en los que el texto no lo permite, y en ese sentido yo soy muy exigente para que se respeten las cosas. Eso puede terminar de arruinar lo que realmente querés hacer. La comedia no solamente es hacer reír, al menos en una obra como El Secuestro, u otras como El Crédito, o Perfectos Desconocidos.

-¿Qué te sedujo del texto de El Secuestro, la comedia que estás presentando en el Teatro del Anglo?

-Es una historia muy simple con cosas formidables. Es muy importante el trabajo de los actores porque uno la lee y la situación parece muy inverosímil, entonces hay que trabajar mucho para hacerla creíble. La obra pasa por todos los lugares comunes de películas de secuestros y atraviesa todos los colores del humor. Es una situación muy actual, de un hombre de 50 años que se queda sin trabajo entonces llega a la decisión drástica de cometer un secuestro. La gente empatiza con eso porque son situaciones que ocurren a nivel mundial.

-¿Disfrutás más de las comedias de elenco como esta o los espectáculos unipersonales en los que no dependés de nadie más que de vos?

-Sé colocarme el chip para disfrutar mucho de las dos cosas. En los unipersonales el único sicótico soy yo, entonces la única locura que tengo que bancar es la mía. Además con esos espectáculos puedo recorrer el país, lo cual disfruto mucho. Pero por otro lado, las comedias como El Secuestro me dan la oportunidad de trabajar con otra gente, y el intercambio me encanta. Yo nací en ese ambiente y a veces lo extraño. Y muchas veces cuando estoy en ese ambiente extraño el otro...

-Uno de tus unipersonales emblemáticos es Esmoris Presidente, ¿está previsto que vuelva en este año electoral?

-Sí, en agosto empiezo con mi gira por el interior, y después tengo tres funciones en Montevideo. La gente me ve por la calle y ya me dice “mirá que este año te voto”.

-¿Cómo estás viendo la campaña electoral de este año?

-El personaje del candidato me ha permitido no ver la campaña. Me preocupa que cada vez me quedo con menos texto porque los candidatos se parecen más a mi personaje. La gente me dice “te están dando letra”, pero es al revés, ¡me están sacando letra!

-¿Has tenido que cambiar algún guión de Esmoris Presidente por ese motivo?

-Sí, he tenido que sacar cosas que tenía escritas o armadas para que la gente no piense que estaba imitando a uno, o contestando a otro. Por ejemplo, en la campaña pasada mi consigna era “hacer un millón de puestos de trabajo”. Ahora lo proponen con un cero menos...

-¿Te has desilusionado del sistema político?

-Yo creo que cada vez más hay que preguntarse para qué sirve la política. Los gobiernos cada vez tienen menos posibilidades de hacer cosas, y en especial el nuestro. Hacen planes quinquenales, pero no se puede saber ni lo que va a pasar mañana. Sube algo en Argentina, otra cosa en Brasil, y ya se pudre todo nuestro plan quinquenal. Yo acepto que la política nos sirve para movernos individualmente, pero el sistema político puede hacer muy poco. La política está en los que laburan, no en las personas que están en el Palacio Legislativo. En vez de estar 14 horas al pedo en una interpelación en la que ya saben qué van a votar, ¿por qué no salen a caminar por 18 de Julio, suben a un ómnibus, escuchan a la gente y ven lo que pasa?

-Hablas del sistema político como uno, ¿te da igual quién gane las elecciones este año?

-No, no es lo mismo porque hay diferencias en cosas cotidianas que tienen que ver con la sociedad. Pienso que leyes como la legalización de la marihuana o el matrimonio igualitario no hubiesen salido si el gobierno fuera otro. Eso está claro. Me duele que no se haya avanzado en temas como la educación.

-¿Y cómo evaluás la gestión en cultura después de 15 años de gobierno del Frente Amplio?

-Se hicieron cosas, pero yo nunca estuve de acuerdo con la ayuda por la ayuda misma. Llamalo asistencialismo o como quieras. Eso nunca me gustó mucho. Yo jamás me presenté a ningún fondo, prefiero ir por mi camino sin pedirle nada a nadie. Voy con mucho sacrificio al interior y que pase lo que tenga que pasar. En la gran mayoría de lugares a los que voy me cuentan que la semana anterior fue tal grupo y en la sala habían 10 personas. Cuando uno escucha eso que se repite por varios lados piensa “está bien por mis colegas, ¿pero lo que queríamos era esto o que lo nuestro se viera e incidiera desde el punto de vista del pensamiento”?

-¿Qué tendría que pasar para que vuelvas a subir a un escenario de carnaval?

-No, ya está. Yo trabajé el año pasado con la murga Queso Magro, y cuando fui al Teatro de Verano me sentí cómplice de algo que me preguntaba “¿qué estoy haciendo yo acá adentro?”. Y cuando recorría los barrios, no podía creer que toda la estructura del carnaval oficial le diera la espalda a eso. Es difícil que yo pueda volver a subir a un tablado, pero si lo hiciera sería en esos tablados barriales.

-Este año te mostraste crítico con el carnaval y dijiste que “dejó de hablarle al pueblo”. ¿Te referías a estas diferencias entre el Teatro de Verano y los escenarios populares?

-Claro, por ese motivo. Yo vi grupos que tenían un vestuario para los escenarios barriales, y otro para el Teatro de Verano. El carnaval se apoya y se pone plata para eso, ¿pero qué es lo que se pretende?, ¿que trabajen los carnavaleros o que la gente que va pueda ver lo que hacen? Cuando van a un tablado están viendo un subproducto, es como que yo estrene mi obra en el Teatro Solís, pero cuando la haga en un escenario más chico vaya con otra ropa y haga otra cosa.

-¿Es un problema solo de formas o también de contenidos?

-También es un problema de contenidos porque hay espectáculos en los que los contenidos están en función del aparataje que tienen. Y si le sacás todo eso, no queda nada. Y como no queda nada, termina siendo el festival del chiste o de la improvisación. Parece que todo se arreglara con plata, tanto para la derecha como para la izquierda, pero no es así. Hay que pensar qué se quiere lograr con esto.

-¿Ese último carnaval te dejó un sabor amargo?

-Claro. Es que no hay que hablar del pueblo, hay que ser pueblo. Este carnaval es una contradicción ideológica.

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