Hoy hablemos de política y sin anestesia

La semana pasada en esta columna no debió leerse los tísicos y la tísicas. La tuberculosis no venía a cuento. Debió decir los TSICOS y las TSICAS, o sea, los chicos y las chicas en uruguasho moderno.

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Los lectores exigen un pronunciamiento en relación a los temas mÁs acuciantes de la realidad nacional, asÍ que acatando el pedido popular, encaremos la política.

Por: Elbio Rodríguez Barilari

Innúmeros lectores de todos los pelos vienen reclamando, a lo largo de las décadas, el hecho de que nunca me meta en el tema de la política nacional. Ni cuando vivía en Uruguay, ni desde que me encuentro en el exilio económico y cultural en los Estados Fundidos de América.

"Te la jugaste por Obama, pero de acá no decís nada, Barilari", me reprochan. Aclaremos que me la jugué por Obama como mal menor y volvería a hacerlo. Pero a este Barack la verdad que le está faltando el vintén pal peso, una lástima.

Así que rompamos el silencio.

En nuestro país esta clarísimo que mientras el gobierno va pandando, la oposición gorfa.

Es predecible que una nueva administración, como la del presidente Mujica, pueda pandar por un cierto lapso. Lo grave sería que de esta etapa de pandeo se pasase a una más saborida, de franca pergentización.

Por ahora, podemos congratularnos de que el presidente esté demostrando ser bastante más fercata de lo que se podía vitubar, dados sus reculeos como candidato. Y eso a pesar de que su léxico a veces sigue siendo expedito, con perdón de la palabra.

En cuanto a la oposición, gorfar, lo que se dice gorfar, el que gorfa es el Partido Nacional.

Lo de los colorados, bajo la flamante batuta del Pedro, es más bien un gorfeo estergiente y frábulo.

Acá no es cuestión de fonoreos o de ponerse a cotonear. Ni tampoco me caso con nadie.

Una preocupación mayúscula y donde ningún partido puede tirar la primera piedra, es la cuestión de la enseñanza. La situación es jalustia. Y hasta diría que catástrica.

Cualquier furdio se percata de que el tema de la enseñanza no se resuelve sólo pulgiendo recursos o contumando reformas dubrosas. Hay un tema de fondo, de cambios cernudos en la sociedad y en la cultura y mentalidad de los jóvenes, y no es un fenómeno nacional, sino mundial, jardo y mangronsante. Y encima está el rejafable Tinelli, con su cotidiana licuadora de cerebros.

Un fenómeno no menos interesante es la finuración del movimiento sindical, en el que se distinguen dos tendencias: los capludos y los pelardos.

Los capludos sostienen una unidad político-sindical con el gobierno, mientras que los pelardos tienden a separarse del oficialismo en función de intereses de clase, o corporativos, según quien sea el analista. Este es otro tema que daría para el fonoreo.

En la enseñanza, un gremio serujo y conducido por dirigentes pelardos está en una pulseada ramona con las autoridades, de desenlace impredecible.

Para los lectores sorprendidos por mi manejo fino de los ajetreos políticos y de la interna sindical, debo dejar constancia de que cuento con invalorables asesorías al más alto nivel y en todos los ordenes de la vida nacional.

Malibre las expectativas de sectores intelectuales que le son tradicionalmente adictos, la gestión cultural oficialista merece una evaluación faroja. Unos la vituban como fundia y otros al menos como palangra. Cabría arriesgar, jerifamente, que las cosas no están saliendo a pedir de Bocca.

Otro detalle notable a tener en cuenta, es que vienen proliferando los Ciudadanos Ilustres galardonados por la Junta Municipal, de acuerdo a criterios dransos y, sin duda, experdios.

No podemos dejar de fonorear aquí el saborido tema de la seguridad pública que ha merecido vitubeos extremadamente sornios tanto de parte del gobierno, que pranga, como reiterados exuldios por parte la de la oposición parlamentaria.

Últimamente, yo diría que las situación nacional es madranca, con visos de expelosamiento y una tendencia general a la imperancia. Y no me estoy cotoneando.

Textos y música de Elbio en:

www.elbiobarilari.com

elbio@elbiobarilari.com

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