Homenajeado: 65 años sintiendo el baile

Autodidacta; baila más con su cara y la expresión que con los pies. Tributo a Juan Carlos "Coco" Lema este 22 de octubre en la Sala Zitarrosa. Se fue por 15 días a Brasil y pasó 34 años recorriendo el mundo con sus pasos de baile.

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MARIEL VARELA

De pequeño decía que quería ser artista y viajar por el mundo. En su casa le preguntaban, `¿y haciendo qué?` `No sé`, respondía Juan Carlos "Coco" Lema. A los 16 años fue a ver patinaje a un club modelo en Luis Alberto de Herrera, le gustó una chica y se calzó los patines para arrimarse a ella. "Por eso empecé, si no fuera por ella... Somos amigos ahora, lo va a leer y se va a dar cuenta", se ríe cómplice este alegre y jovial bailarín de tango de 80 años que no le gusta que lo traten de usted porque "son cosas de viejo" pero que conserva tintes de caballero que delatan su edad: cede el lugar en el ómnibus a las mujeres pero se enoja cuando se lo dan a él "por viejo". Cumple 65 años de trayectoria artística y recibirá un merecido homenaje el lunes 22 de octubre en la Sala Zitarrosa.

Arrancó con el patín sobre ruedas en el Club Platense durante la adolescencia. Tenía 25 años cuando lo invitaron a patinar sobre hielo en Brasil. Dudó porque nunca lo había hecho pero le dijeron que podría ir a profesor y entrenarse. Aceptó el desafío, hizo las valijas y emprendió la marcha rumbo al país norteño por 15 días. Terminó quedándose tres años y medio. En ese período debutó en el Circo Norteamericano y anduvo de gira por Sudamérica. También de rebote aterrizó en Buenos Aires donde se mezcló con el mundillo del teatro de revista. "Un día me vio un coreógrafo argentino y me ofreció ir a bailar al Maipo. `Pero escuchame, yo no soy bailarín`, le dije. `No, pero tenés fuerza para levantar a las vedettes, tenés figura` (ahora ya no, estoy viejito). Me contrataron y empecé a bailar", cuenta.

Otra invitación pero esta vez del lado de una compañera de elenco lo hizo cruzar el océano y llegar a Europa. Integraba el cuerpo de baile de Tangosísimo y Moria Casán le propuso ir un mes a París y un mes a España (Valencia y Madrid). Esos 60 días se convirtieron en 16 años y allí arrancó con el tango. Estaba en el set de filmación de la película sobre la vida de Onassis protagonizada por Anthony Quinn pronto para hacer su "papelito" pero faltó un bailarín y alguien le gritó, `tú que eres uruguayo, ¿no te animas a bailar tango?` "Dije que sí, agarré a una chica, bailé con ella, les encantó, lo pusieron en la película y ahí empecé a bailar tango y seguí hasta el día de hoy. Moria se volvió y a mí me siguieron contratando, hice algunas fiestas particulares en Italia y Portugal bailando tango también", resume.

Termina de tomar su café a las corridas. Tiene un bolso lleno de ropa sobre la silla de al lado porque a las 17:30 lo esperan para hacer un casting. No sabe para qué papel pero tiene que mandarse una mentira piadosa: decir que tiene 70 en vez de 80. "Me dirán que mal que estás. Cuando digo 80 me dicen, `qué bien te conservás`", bromea. Es que en el `91 decidió volver de Europa, se radicó otra vez en Montevideo con 59 años y se metió en el ambiente de la publicidad. Es más, es uno de los protagonistas del clip El hijo de Hernández (Cuarteto de Nos) y se apronta para grabar un nuevo tema con la banda de Roberto Musso. Aún no sabe qué canción le tocará en suerte, ni siquiera conoce el nuevo repertorio pero "seguramente sea para hacer de viejo", comenta al pasar y vuelve a evocar una sonrisa en su rostro.

Roles. Se fue del país con 25 años y regresó pisando los 60. Antes de abandonar Montevideo trabajó en el London Paris, fue oficinista. Ya en el exterior logró vivir del arte, primero como patinador, luego como actor cómico, bailarín de distintos ritmos y después de esa película sobre la vida de Onassis se especializó en el tango. En España sacó 25 mil dólares a la lotería pero algunos problemas personales hicieron que perdiera buena parte del dinero que tenía ahorrado y tuvo que volver a salir a trabajar cuando regresó a Uruguay. Lo hizo en la fábrica de su primo. Pensó en dejar el baile: "Hice mucha cosa en Madrid, me retiro, ya soy mayor", pensaba con apenas 60 y poco. Pero un día pasó por Joven Tango, bailó una pieza y una chica le ofreció dar clases. "Empezaron a contratarme para hacer espectáculos y seguí. Un día me llamaron para hacer un comercial y ahora me dedico también a eso". Se inmiscuyó en la publicidad con el reclame de la rebaja de Antel. Otra vez fue para hacer "una cosa del montón, bailar pero el que hacía el personaje principal no le salía y me dijeron, `a ver vos que tenés pinta de Rabino, hacelo`. Les encantó y quedé. Me agarró una agencia y me siguieron llamando". Le llovían los comerciales pero los abandonó durante nueve años para poder trabajar. Una vez que se jubiló, volvió al ruedo y filmó para Mc Donald`s de Estados Unidos, Nescafé e hizo el reclame de Pepsi Bandplugged en 2010. "Tenía que bailar rock, ir con la guitarra, saltar y la gente no podía creer. Los jóvenes me paraban por la calle para saludarme", comenta asombrado.

Balance. Mira para atrás y la evaluación de estas seis décadas y media como artista resulta positiva. "Me ilusiona viajar, subirme a un escenario, estar en un set filmando comerciales. Mi sueño fue y será el estrellato, digamos, el escenario, el cine, el teatro, lo que sea".

-Tengo que ir a España porque me encontré con gente amiga en el Facebook.

-¿Tenés Facebook?

-Buscá "Coco" Lema y me encontrás. Me encontré con compañeras de teatro que hacía más de 40 años que no veía.

Le tocó codearse con un montón de figuras. "Moria Casán, Susana Giménez, las hermanas Rojo, las hermanas Pons, Carmen Barbieri, Nélida Roca, Porcel, Olmedo, Tita Merello, Amelita Vargas, Susana Rinaldi, Nini Marshall": busca entre tanto nombre al tiempo que refresca su memoria. "Ahora cuando fui al velorio de Ethel Rojo me encontré con Tita Russ, que fue la mujer de Olmedo, fuimos a comer algo frente al velorio y al salir casi nos mata un auto. Estábamos chusmeando después de 40 años sin vernos, cambió la luz y no nos dimos cuenta, un auto frenó al lado nuestro y un tipo nos dijo de todo, imaginate", se ríe.

Filosofía. Nunca estudió baile ni aprendió pasos de tango en una academia, lo suyo fue autodidacta. Tampoco tomó clases de patín, empezó por su cuenta: "Aprendí de ver nomás". Al tango hay que sentirlo, sino no podés bailarlo: esa es su visión y la clave de su éxito. "Hay muchas parejas que son muy buenas técnicamente pero no transmiten. Yo no soy tan bueno pero transmito mucho y me ovacionan siempre. A mí me aplauden como loco pero no porque baile tan bien sino porque siento lo que hago y eso es lo que a la gente le gusta". El público compra porque "Coco" Lema es distinto al resto: "Bailo con el corazón, con el cuerpo y no con los pies. Entonces en vez de mirarme los pies, me miran la expresión".

De "jovencito" no le gustaba el tango. Se divertía bailando rock, twist, boogie, conga, mambo, rumba. Hoy es un gran escucha de tango y ópera; atribuye su preferencia actual al paso del tiempo. "Cuando cumplís unos años tenés vivencias que te las marca el tango. Ahora escucho tangos que me emocionan. Confidencias, por ejemplo, me pone la piel de gallina". Esos que lo estremecen son los que incluye en su repertorio. Hace 15 años que baila Verano Porteño, La Puñalada, La Cumparsita y El Porteñito porque necesita sentirlo adentro para transmitir. "El tango es sentimiento, creación, improvisación y nadie improvisa, hacen todo lo que les marcaron cuando aprendieron". Su técnica es distinta. Escucha la música y le van saliendo pasos que marca a su partenaire y todo fluye naturalmente.

No fue alumno pero sí docente. Enseñó a niños y principiantes en Joven Tango. "Los primeros pasos que son los jorobados los dieron conmigo". Varias de esas parejas hoy son profesores y grandes bailarines. Eso lo llena de placer. "Siempre digo que enseño lo que sé. Enseñaba más que nada a transmitir, escuchar la música y que ellos armaran. Últimamente hay mucha pareja que baila lo que le enseñaron y hacen una cosa marcada, todo igual. No, tenés que hacer lo que sientas, lo que le música te pida en el momento. Hay parejas buenísimas técnicamente, los mirás y decís, `qué bien que bailan` pero no te dejó nada".

-Es la primera vez que se hace un homenaje de esta magnitud a un bailarín uruguayo, ¿qué significa para vos?

-Me emociona mucho. Para mí es muy importante el reconocimiento del público. El otro día me entregaron un premio, subí al escenario y no pude hablar por la emoción que me dio que todo el mundo se pusiera de pie a aplaudirme.

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