Ficción infantil hecha por niños

| "Laboratorio en casa" es la primera ficción hecha por y para niños en Uruguay. Mezcla educación y entretenimiento. Aún no tiene fecha de salida al aire.

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Por: Mariel Varela

Tres niños se las ingenian para acondicionar su garaje y convertirlo en un laboratorio. Cuando el auto no está, Lola (Sabina Ballestrino), Pepe (Teo Skafar) y Andy (Pablo Arnoletti) juegan a ser científicos y recurren a artefactos del hogar para hacer sus experimentos. De ahí el título de esta sitcom educativa, Laboratorio en casa.

No hay antecedentes de un proyecto similar en Uruguay: una ficción hecha por niños y dirigida al público escolar (entre 8 y 12 años). "Son niños hablando a los niños", confirma Pablo Arriola, productor responsable.

La idea surgió a instancias de "fábrica de formatos" -departamento de la productora Oz Media conformado para investigar y crear formatos televisivos-. El planteo inicial consistía en armar un programa estándar sobre ciencia y tecnología pero decantó en una ficción. La productora lo decidió así porque entendió que mechar educación con relaciones e historia de personajes resultaría mucho más "atractivo, ameno y agradable" para los destinatarios.

Es la primera vez que Oz apuesta a hacer ficción en TV, aunque su interés por fomentar espacios infantiles se remonta a El canal de los niños (TNU). Ese ciclo sirvió de aprendizaje pero las diferencias entre uno y otro son notorias. En Laboratorio en casa los pequeños no son presentadores ni noteros. Son niños actuando que se acoplan a un parlamento. "Necesitan adaptarse mucho más. Se tienen que integrar a la estructura del guión", agrega Arriola.

Hubo química instantánea desde el segundo casting en este trío. "Hicimos grupos de a tres y en seguida se abrazaban, se hacían chistes, se reían. Fue notorio", comenta Sofía Sarlo, directora de la ficción. "Tratamos de buscar que fueran lo más parecidos a los personajes en sí", agrega Arriola sobre la elección.

El trabajo diario con los chicos permite a Sofía diferenciarlos: "Sabi (Lola) nos sorprende con lo que genera con sus expresiones en el rostro. Teo (Pepe) tiene humor, sabe perfectamente qué está transmitiendo con su cuerpo. Y Pablo (Andy) es nuestro galán, canchero y maduro".

El proyecto aún está en pañales. Culminó la filmación de los 13 capítulos de media hora pero aún resta la pos producción. Pretenden tenerlo pronto para fines de mayo, emitirlo una vez por semana pero tampoco hay fecha de salida al aire ni se sabe qué canal lo transmitirá.

Saeta, Canal 4 y TNU manifestaron interés pero resta negociar. Lo positivo es que el calendario no apura y se trabaja sin presiones. Ello permite "centrarse en la historia, los personajes y no en si tenemos que agregar un auspicio", comenta Arriola.

El punto álgido es la financiación. Oz Media realiza un esfuerzo mayúsculo al invertir más de la mitad del costo total. El dinero restante se obtiene del fondo que se consiguió a raíz del concurso ganado en el Ministerio de Industria. "Interesa por esta cuestión de mezclar entretenimiento infantil con educación", rescata Arriola.

La óptica de Sofía en cuanto a las adversidades es otra. Plantea que la mayor dificultad son las distracciones. La idea es que vivan las grabaciones como un juego, pero el límite entre lo lúdico y el trabajo se diluye con facilidad y los plazos a cumplir se complican. "Por un lado te limita, los querés apurar pero también te matás de la risa porque de repente se distraen, están cantando y tienen una imaginación increíble. No podés creer de donde sacan esas ideas súper espontáneas".

Pepe y Lola son hermanos. Ella tiene 13 años, le apasiona la ciencia y la investigación. Él es inquieto, como todo niño de 8 años, cómico, simpático y curioso. Andy es el mejor amigo de Lola. Comparten la clase, les interesa participar en clubes de ciencia y se gustan. "En el primer capítulo, se graban con las ceibalitas, lo suben a internet y lo comparten con otros niños", cuenta Arriola.

El padre (Fernando Dianesi) aporta la visión adulta. Es ingeniero y se encarga de concluir los temas y hablar sobre un científico destacado en esa área.

Cada capítulo es una excusa para aprender sobre un tema concreto. Éstos surgen del programa escolar y para ello sumaron tres consultores al equipo: un doctor en ciencia, una psicóloga y una maestra. El cometido era lograr un punto intermedio en la estructura del guión para que resultara comprensible. "De qué manera no hacerlo aburrido, demasiado profundo, pero tampoco liviano", comenta Arriola. Y agrega que los términos se usan tal cual son para "enriquecer el vocabulario del niño".

Aprenderse los parlamentos no resultó complicado. No sólo porque los chicos se soplan la letra sino porque cuanto más pequeños, más responsables son. "Lo vimos en los casting. Los que pasaban los 14 años se sabían mucho menos la letra. Los niños son súper exquisitos y más perfeccionistas que los más grandes a la hora de aprenderse el texto", redondea Sofía.

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