El escándalo, para estallar, no necesita nada". La directora Imilce Viñas tiene razón, pero tal afirmación no es ninguna novedad, ni siquiera es un mal de la nueva era. Ya en el siglo XVIII hubo quien le dedicara varias líneas a la lucha contra las habladurías. Para ofrecer un ejemplo, aquí está el irlandés Richard Sheridan que abrió, por entonces, un nuevo camino para el teatro fustigando "la difusión malévola de chismes y rumores".
Considerado el padre de la comedia irónica inglesa, Sheridan escribió, entre otras obras teatrales, La Escuela del Escándalo. En ella, Sir Oliver Surface (Adhemar Rubbo) hace tiempo que no ve a sus sobrinos, Charles (Gustavo Antúnez) y Joseph (Federico Galemire), de manera que se acerca a ellos ocultando su identidad. La investigación es la manera más eficaz para saber cuál merece heredar su fortuna, en un ambiente social en el que los chismes son parte del entretenimiento cotidiano.
La idea de llevar una comedia de época a escena surgió cuando Viñas buscaba una obra para los alumnos de su escuela: "Hacía muchísimos años que no la leía, pero cuando la leí otra vez me di cuenta de que muestra dos cosas importantes: primero, grupos de gente que inventan noticias con tal de tener noticias y, segundo, el mundo de las falsas apariencias (...) Además, es una comedia divertida".
Lo que empezó en lo académico terminó en el Teatro del Centro, con un elenco de 19 personas que tienen entre veinte y setenta años. En esa cantidad de actores, hay jóvenes que todavía están estudiando (además del instituto de Viñas, hay chicos de la EMAD y la IAM), pero también hay gente con trayectoria, como Rubbo, Teresa González, María Clara Vázquez, Andrés Papaleo, entre otros.
pistas. "La acción transcurre en Londres una tarde de verano de 1777". Así anuncia una frase en el programa la ubicación espacial y temporal de los hechos. Pero con un mínimo de conocimiento general cualquiera puede darse cuenta de que está ante personajes del sigo XVIII. La vestimenta es la primera pista.
Diseñados por Felipe Maqueira, cada traje merece un desliz en la atención general de la obra. No sólo las mujeres, con vestidos, guantes y hasta sombreros, sino que también los hombres merecen una apreciación particular, con trajes todos hechos desde cero.
Por si fuera poco, Carlos Da Silveira hizo una investigación sobre música popular del siglo XVIII y en base a ella fue que La Escuela del Escándalo tuvo su música. Escuche, sobre todo, la canción final.
Si la obra todavía no empezó y usted sigue leyendo el programa, verá que al lado de los nombres del elenco y sus respectivos personajes aparece lo que sería un diccionario con los significados de los nombres. Por ejemplo, Lady Sneerwell (Carina Méndez) significa "se burla bien".
La versión que hicieron Viñas y Pepe Vázquez respetó características de la época, pero también requirió modificaciones del original. La primera fue recurrir a un solo acto compuesto por siete escenas. Cada una de ellas es anunciada, cartel en mano, por un criado, quien da cuenta al mismo tiempo de la casa donde se desarrolla la acción. Este último recurso va de la mano con la escenografía: los hechos transcurren en varias casas y sería muy complicado cambiar el mobiliario cada vez.
Por último, la obra de Sheridan apela a comentarios sobre personas famosas de la época, pero totalmente desconocidas para nosotros hoy. La solución fue, entonces, retirarlas de los comentarios. Quedaron, sí, los guiños graciosos sin fecha de vencimiento.
Haciendo volver al nostálgico horario vermouth, La Escuela del Escándalo va los sábados a las 19 y los domingos a las 18:30, en el Teatro del Centro Carlos E. Scheck.