Es de la primeras standaperas del Uruguay, había abandonado la comedia y regresa antes de cumplir 50 años

La comediante Adelina Perdomo habla de su carrera, el humor, los espacios ganados por las mujeres y lo que todavía falta, y adelanta su nuevo espectáculo "Qué necesidad"

Adelina Perdomo.
Adelina Perdomo.
Foto: Difusión.

Es parte de la primera generación de standaperos de nuestro país, de los tiempos donde había que explicarle al público qué iban a ver. Este viernes, Adelina Perdomo llega a la sala Unidermovie para presentar Qué necesidad, su nuevo unipersonal que también marca su regreso a los escenarios. En esta entrevista con Sábado Show, la ganadora del concurso de Patricia y que que recorrió el país, la que se ha dedicado a la docencia para futuras comediantas y busca darle espacio a las mujeres en el humor, charló con El País sobre su carrera, los espacios conquistados y su nuevo show.

—Estás retomando los escenarios. ¿Qué motivó la salida?
—Es que el arte no era mi primera actividad. Tenía un trabajo que me exigía mucho tiempo, y ese tiempo me lo sacaba de la comedia. Hacía presentaciones muy esporádicas o específicas en el sentido que no me requiriera mucha preparación, porque había que madrugar temprano y esas cosas. Como este año me despidieron del trabajo dije: “vamos a darle con todo a esto”. En mucho tiempo es la primera vez que le estoy metiendo al cien por ciento a la comedia. También sigo buscando trabajo.

—Sos de la primera camada de standaperos del Uruguay.
—Sí, soy de la era 2009-2010. Allá arrancamos con gente como Seba González, Laura Falero, Germán Medina, María Rosa Oña que hoy están en los escenarios.

—Sos de la época cuando había que explicar qué era el stand up.
—Totalmente. Era de las que estaba en los bares y había que actuar con la licuadora haciendo ruido, y el público no tenía ni idea de lo que estábamos haciendo, y había que empezar cada show explicando qué era el stand up y qué se esperaba del público.

—¿Qué les pedían?
—Principal que prestaran atención, después que se rieran cuando hubiera chistes, que aplaudieran, esas cosas. Teníamos que explicarlo y muchas veces éramos la molestia en los bares. Laura Falero siempre dice que éramos la comedia funcional, en vez de música funcional. Había gente que estaba comiendo y cuando llegábamos ponía cara de: “uh, llegaron los del stand up”. Fue todo un camino.

—Hacías ese género distinto y encima siendo mujer.
—Éramos pocas, el porcentaje era muy desparejo, y en aquel momento había gente que decía que las mujeres no podían hacer reír. Tristemente algunos siguen diciendo lo mismo. Pero no nos achicamos, seguimos, y por suerte hoy se ven muchas más mujeres y más espacios que están empezando a abrirse para mujeres. Pero la verdad es que no nos dan muchas oportunidades. Si ves las grillas de los escenarios, de cinco comediantes, cuatro son varones y hay una mujer desapercibida totalmente. Así que eso también ha sido un camino, el hacerse un lugar en la comedia.

—Ahora volvés a los escenarios, y para quienes no te conocen, tenés material en tu canal de Youtube.
—Ahí no hay nada interesante (se ríe), está medio abandonado el canal. Hay cosas de hace años.

—Este nuevo espectáculo se llama Qué necesidad, ¿por qué ese título?
—Qué necesidad tiene que ver con haber perdido mi trabajo a esta altura de mi vida, tengo casi 50 años, y qué necesidad, la necesidad de hacer el peso. Lo otro es Qué necesidad, quién me habrá mandado a meterme en este lío, tiene todas esas acepciones. En el espectáculo hablo de todo un poco, de mi vida viniendo del interior a la capital, mi vida como madre en una familia lesbomaternal, una familia diversa. Hablo de la maternidad, de la crianza, de estas nuevas generaciones y de perder mi trabajo y salir a buscar el sustento.

—También has sido docente de comedia.
—Sí, es algo que me encanta y no descarto retomar capaz el año que viene y armar algún taller de stand up, o de pronto apoyar o hacer coaching de comediantas particularmente. Eso es algo que me interesa y en lo que estoy pensando.

—El año pasado te encargaste de un escenario para comediantas.
—Hice algún “Pibas a las risas”, un intento de llevar un escenario adelante, pero no he podido darle continuidad. Sobre todo para dar oportunidades a las comediantas que andan por ahí, no tienen a dónde subirse o las suben una vez cada dos meses y no agarran el ejercicio que deberían agarrar. Entonces se desaniman, se frustran, dejan la comedia. Sigue pasando eso, increíblemente.

—El que las mujeres lleguen a la escena todavía está en el debe.
—Yo arranqué en 2009, estamos en 2023 y sigue pasando que les productores llaman más a los varones que a las mujeres. Sigue existiendo eso de “si es mujer no va a ser tan graciosa”.

—¿Cómo se enseña comedia?, ¿se puede enseñar a ser gracioso?
—No sé si se nace o se hace, pero generalmente el que se prende a hacer comedia es porque cree, o confía, que tiene algo que puede causar gracia. Después, lo que se enseña en los talleres son los secretos, los hilitos de cómo crear un chiste, cómo armar un material para hacer stand up, las distintas técnicas que hay de cómo decirlo a crear el material. Es teórico porque es importante aprender algunas cosas, y después lo práctico que es subirse al escenario y hacerlo. Por ejemplo, en el stand up no hablamos de “ensayar” como en el teatro, hablamos de “pasar el material por el cuerpo”, que es esa forma de decir que tenés y es única, es cómo vas a naturalizar para que parezca que es la primera vez que se está diciendo cuando estés en el escenario. Eso se enseña, y no es solo para quien quiera dedicarse a la comedia, sirve para quien hace presentaciones en el trabajo o profesores que quieren ponerle un poco más de onda a las clases de Educación Social y Cívica. Sacar el miedo escénico que eso de relajarse y disfrutar.

—Decías que los productores no llaman a las mujeres, ¿es porque hay una comedia de mujeres?
—La comedia es la comedia, varía quién la dice como persona más allá que sea varón o mujer. El humor en la comedia es uno, cada comediante, comedianta, hace lo que tiene ganas con el arma que tiene. Ya no corre más aquello de “humor para varones” o “hecho para mujeres”, el humor es uno. Solo varía quién dice y cómo es el material de el o la comedianta.

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