En Buenos Aires: Analía Filosi
Hace muchos, pero muchos años, cuando recién empezaba, la primera entrevista que tuve uruguaya fue en SÁBADO SHOW...". Con ese recuerdo comenzaba la charla con Osvaldo Laport en la cocina de Martín Fierro, su personaje en la tira más exitosa de ambas márgenes del Plata, Son de Fierro. Usted dirá, claro, si casi no hay otras. Pero esta historia de Pol-ka no sólo es exitosa a falta de otros productos del género, sino porque también ha logrado imponerse en el rating a Gran Hermano o incluso medir más que ShowMatch, el programa que le sigue en horario por Canal 13.
Es un año complicado para la ficción en Argentina, pero Laport desdramatiza el hecho apelando al recuerdo de otras épocas igual de duras en la televisión de ese país. "El actor, el artista, tiene una gran impotencia porque hay muchos intereses que escapan a él y no los puede manejar. Yo me acuerdo de que en la gran crisis total de Argentina de 2001 hice una novela que tenía mucho más rating que otros productos que después salieron, y decían que era un fracaso. Había nada más que dos ficciones, una de Telefé, a la que pertenecía yo, y otra de Canal 13. Y la mataron. Entonces, cuando suceden estas cosas, a mí no me preocupa tanto porque sé que di todo por el producto, no sólo por el personaje", dice con la tranquilidad de quien deja todo en el escenario. "Yo hace años que estoy en esto y hace años que la televisión tiene altibajos naturales, como la vida. He vivido etapas de la televisión de crisis y etapas de gloria. Esta es una etapa que no es ni de crisis ni de gloria, es una etapa en la que está transitando por un andarivel raro, hasta violento, si se quiere. Es una televisión poco ética, mediática, chusma… es como que realmente los actores no sentimos placer en dar notas, preferimos recluirnos", agrega el protagonista de una historia que, en sus comienzos, perdía en rating con Gran Hermano 4. Pero supieron esperar y, con el tiempo, Son de Fierro fue ganando espacio y audiencia. "Este éxito realmente es del público", destaca el actor, pero sin olvidar la falta de competencia si de ficción hablamos (todavía no se había estrenado Lalola en América). "No sé si es tan meritorio entonces y no lo digo sarcásticamente, lo digo con dolor. Nos encantaría estar compitiendo con ficción".
En esa carrera por la preferencia del público, en la que arrancaron de atrás, la tira experimentó un vuelco: lo que en una primera parte se había presentado como una comedia pura, poco a poco se fue arrimando al drama y eso le fue sumando cada vez más puntos. "Yo peleé muchísimo por que la tira volviese a la familia. Son de Fierro arrancó como un producto familiar y en los cuatro o cinco primeros capítulos la gente se identificó automáticamente con los personajes, que son personajes que se encuentran a la vuelta de cualquier esquina, en cualquier barrio, en cualquier país. Pero con este afán del rating y de no darle tiempo de maduración a las historias, pasó por la comedia. Yo lo disfruté muchísimo y sigo con la comedia", cuenta al referirse a su carnicero de barrio que, tras 25 años de matrimonio, sufrió la infidelidad de su esposa, le reveló a su hijo menor que era adoptado y en poco tiempo más se topará con el cáncer de su ex. A pesar de tanto sufrimiento, la sonrisa no se abandona. "Siempre pongo el mismo ejemplo, con el respeto de los difuntos: trato de que mis personajes puedan decir un chiste con mucho dolor en un velatorio y que sea gracioso. Porque la vida es así y es algo que el público agradece, que de pronto, en el medio de un drama, salga con alguna ocurrencia desde el dolor, pero que es muy graciosa".
MUY QUERIDO. Caminar con Osvaldo Laport por los decorados y pasillos de Pol-ka es garantía de que a uno lo van a tratar bien porque el uruguayo es muy querido, tanto entre sus pares los actores como entre los técnicos. El fin de semana había cumplido 51 años, lo que motivó que para la hora del almuerzo le armaran una sorpresa con torta y velita incluida. Le cantaron el feliz cumpleaños varias veces en el día, ya que el actor iba renovando sus compañeros de trabajo de acuerdo a las escenas que le iban tocando. Para todos tenía una sonrisa, un chiste, un gesto de cariño, y eso que arrastraba el cansancio de una noche de recorrida con Andy Kusnetzoff para su programa Argentinos por su nombre. Pero ahí estaba siempre la sonrisa amable y confiable de Martín Fierro, porque Osvaldo se parece mucho a sus personajes, los va construyendo con muchas de sus vivencias. "Los personajes para mí nunca vienen delineados, conmigo ya están curados de espanto. Como soy uruguayo, por más años que haya estado fuera del país, siempre está esa cosa de que intento de que esos personajes populares estén teñidos de emociones gratificantes que me ha dado mi país. Por lo general, siempre recurro a cosas que me han hecho bien, afectos, actitudes, episodios, la vida misma". ¿Y qué tiene Fierro de su querido Uruguay? "Tiene mucho. Su cadencia al hablar, muy pueblerina. Trato de captar palabras que son uruguayas o de gente cotidiana y común, como el `venga m`hijo`". Y así surgen las anécdotas con el público, que él atesora como insumos que le confirman que eligió la senda correcta. "Una vez, grabando exteriores, me agarra un matrimonio mayor en la calle y con una sonrisa de boca a boca me abrazan y me dicen que realmente disfrutaban mucho la historia y que había cosas en mi personaje que realmente no podían creer cómo se sentían identificados, empezando por la señal de la cruz, por la bendición en la frente a los hijos o a los afectos. Estos viejitos me contaban que se lo hacían a los hijos y que sus padres se lo habían hecho a ellos. Yo les contesté que mi intención es rescatar cosas que se han perdido por este ritmo tan triste de la vida que llevamos o llevan las nuevas generaciones", cuenta con la mirada iluminada por la emoción que traen los recuerdos de infancia. Quizás en ese momento su mente haya viajado a Juan Lacaze, donde todavía tiene a sus padres, con los achaques propios de la vejez, pero siempre prontos para recibir su visita. Por suerte, hay afectos también de su lado del charco, y siguen siendo su esposa Viviana Sáez y su hija Jazmín, que en agosto cumplió 12 años.
-¿Te gustaría tener más hijos?
-Me hubiese encantado tener una familia numerosa. La esperanza está, los deberes los hago, la búsqueda sigue estando. Me encantaría tener un varón, ya tengo nombre para ponerle desde hace años.
-¿Se puede saber cuál es?
-No (risas).
LOS ECOS. No sólo las actitudes de Fierro tienen repercusión en la audiencia, también muchas de las expresiones que utiliza y que Laport descubre que la gente en la calle recoge para usar como si formaran parte del lenguaje actual. "Me ha pasado con todos los personajes. En Fierro, trato de que sean latiguillos conocidos pero antiguos como `¡qué te pan con queso!`o `papanata`. Cosas que suenan demodé, pero que para Martín Fierro caen muy bien". Son parte de las cosas que hacen que Adrián Suar empiece a tomar como cosa seria que la tira siga un año más. "El Chueco está muy entusiasmado con el producto, lo disfruta mucho, tenemos una linda relación los dos. Él tiene muchas ganas de seguirla. Yo siempre respondo lo mismo: siempre y cuando no se le falte el respeto al público", aclara el actor, que no escapa a eso de que "segundas partes nunca fueron buenas" y en Pol-ka hay ejemplos (al menos en audiencia). Para Laport, el público es lo primero y en esta ficción cree que más aún. "La reacción es muy inquietante con esta historia más madura, atípica y transgresora. En una sociedad machista como ésta, nunca se había mostrado la infidelidad desde el lado de la mujer. El público está muy identificado, lo vivo en la calle. Es impresionante cómo se manifiesta la gente, cómo te dicen `me pasan cosas parecidas`, `estoy sufriendo con mis hijos`", destaca y de inmediato surge otra anécdota, pero esta vez la protagonista es su pareja en la ficción, María Valenzuela. "Le pasó que estaba en un restaurante, se le para una mujer al lado y le dice `te veo todas las noches, estoy viviendo lo mismo que vos`. María le responde `debés estar sufriendo mucho`. La mujer le dice `mucho`, se da media vuelta y se va a su mesa, en la que estaba con su familia" (silencio).
-¿Cómo fue volver a hacer pareja con María, con quien ya habías trabajado en Campeones formando triángulo amoroso con Soledad Silveyra?
-Campeones fue una experiencia muy linda que disfrutamos muchísimo. Ahora ha pasado la vida, han pasado los años, hemos crecido y estamos en plena adolescencia de nuestra relación, entonces nos estamos disfrutando mucho más maduramente. Ella tiene una gran paciencia conmigo porque tenemos dos líneas muy diferentes de trabajo. María tiene una línea que, de pronto, yo no puedo seguir, que es traer los deberes hechos. Quizás porque los míos son personajes más cotidianos, cuando me dan los libretos marco mis escenas, las leo, estoy de acuerdo o no, tacho, rompo, deshago, destruyo e invento o agradezco a los autores si realmente me gusta. Ellos saben cómo es mi laburo y me permiten ciertas licencias que, de repente, pueden sonar irrespetuosas, pero saben que lo hago para el crecimiento del personaje y del producto. La leída del guión es de cuando lo hice originalmente. Después tengo que leerlo acá sí o sí porque necesito escuchar el entorno, al actor o a la actriz, qué me tira, qué no me tira.
Y allí lo vemos, con ese sistema que describe, sentado con Andrea Pietra en los pasillos de la productora repasando la próxima escena. Cada vez que lee sus líneas, agrega o propone algo nuevo. Su compañera en esta oportunidad usa un método similar, entonces presenciar ese ida y vuelta se vuelve muy disfrutable. "No puedo estudiar más porque considero que este género, al estar todos los días, no se debe ensayar. En cuanto se ensaya una escena, una o dos veces, el público no recibe ni frescura ni espontaneidad ni naturalidad. Se pierde todo eso a la hora de grabar", explica, pero sin desmerecer a aquellos que prefieren el otro método. "María es un placer porque se trae toda la letra sabida y eso también hace a lo rico de la pareja. Somos muy diferentes en todo sentido".
-De los actores que hacen de tus hijos, sólo habías trabajado con Mariano Martínez.
-Sí, con ellos tengo una relación brillante, maravillosa. Me divierto muchísimo con Felipe (Colombo, Lucho en la tira). Yo soy muy jodón, igual que él. Vive haciéndome jodas todo el tiempo. Creo que se logró una relación padre-hijos muy diferentes entre sí, no los trata igual a todos.
BUEN HUMOR. "Mi trabajo es gratificante por un lado y agotador por el otro. Vienen escenas durísimas", cuenta ahora en la tranquilidad de un camarín cuya puerta está llena de mensajes de sus compañeros de trabajo. Allí se recluye cuando la seguidilla de escenas se lo permite, aprovechando para hacer alguna siesta en la cama especialmente dispuesta para esos momentos. Laport habla como en un susurro, mientras de afuera se escuchan los gritos "¡Osvaldo, Osvaldo!". Lo están llamando para almorzar, pero su rol de anfitrión manda que primero hay que terminar la entrevista. "El público agradece esta historia porque no estamos haciendo una ficción de taquito, sino un producto donde se coquetea con la verdad, con la realidad de mucha gente que tiene tapado el tema de la infidelidad por falso machismo. Hombres a los que les cuesta decir que fueron cornudos, mujeres que les cuesta decir que son infieles, familias a las que les cuesta exteriorizar que están destrozadas y que viven las mismas historias con sus hijos, el tema de la plata, quién se va, quién se queda".
Y allí está este actor, prestándole rostro y voz a un galán maduro y familiero, que mete la pata como cualquiera. Un galán al que le tuvo fe desde el vamos, que ahora encuentra consuelo en una mujer tan engañada como él (Isabel, personaje de Andrea Pietra). ¿Volverá con Lucía (Valenzuela)? ¿Sus hijos dejarán de darle tantos dolores de cabeza? ¿Cerrarán las heridas del pasado?... Ni Fierro ni Laport tienen respuestas, la única que se escucha con firmeza es "¡Ya voy!", cuando los gritos que lo reclaman en el comedor se vuelven a escuchar y Osvaldo ya no puede postergar más ese almuerzo entre amigos.
Primer embajador latinoamericano de ACNUR
Laport es el primer latinoamericano Embajador de ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), rol que define como "un gran compromiso social que vengo asumiendo desde hace muchos años, pero siempre con un perfil más tímido. Yo creía que había cosas que debían ser más para uno. Pero descubrí que estaba equivocado, que todos debemos decir cuáles son nuestros abrazos solidarios, colaboraciones con entidades o instituciones, porque es la única manera de que se sume gente, pares", expresa sobre este costado solidario en el que también engloba su participación, por segundo año, en Teatro por la Identidad, en apoyo a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. "La función de uno es visualizar en el público, informar. Y con ACNUR me pasa eso. Refugiados podemos ser, en el día de mañana, cualquiera de nosotros, nadie está exento. Estamos viviendo en un planeta lamentablemente destrozado por nosotros mismos, donde la violencia al corazón, al alma, está instalada. ACNUR trata de acompañar y sanar ese dolor en tanta gente que ha perdido todo por guerras, discriminación, raza, religión, política", explica sobre su labor como Embajador, concluyendo que llevarla adelante hace que se sienta "con paz en el alma".
Este año, Osvaldo Laport cumplirá uno de sus sueños: sacar el disco propio. Hace tiempo que el actor viene incursionando en el canto melódico y de baladas, pero esa veta de su carrera se fue postergando porque la actuación le dejaba poco tiempo. Finalmente, a fines de este mes, saldrá el CD, acompañado de los correspondientes shows de presentación que incluyen actuaciones en Montevideo y Punta del Este. "Los voy a castigar con mi música", bromea luego de contar que "en esto nos embarcamos con Yair Dori, un empresario argentino israelí que me conoce hace muchos años. Fui el primer artista al que invitó a ir a Israel, en 1991, pero esa visita nunca se pudo plasmar por compromisos míos. Pero entre nosotros nació una gran amistad y un día se me ocurrió ofrecerle si tenía ganas de embarcarse en esta aventura de la música, y nos asociamos".
OL
El disco, con temas de Jorge Rojas, Paz Martínez y el propio Laport, está grabado desde hace tiempo, por eso dice que le gustaría volverlo a hacer. "Dicen los entendidos de la música que es algo que sucede siempre con cualquier músico, con experiencia o no. Además, también están las condiciones en las que lo grabé, porque fue haciendo dos novelas: Amor en custodia, en Argentina, y los fines de semana, Brujas, en Chile. No sé en qué momento grababa, cansado, pero con las ganas siempre de poder plasmar esta inquietud que tengo desde hace muchos años".