Por: Martín Cajal
En 1987, Emil Montgomery se acercó al New Age a través de la obra de Jean-Michel Jarre, una de las principales figuras de la electrónica en los setentas y ochentas. Se sintió vinculado al concepto visual que revestía la música del creador francés y, desde tal identificación, decidió meterse dentro del género. Pero años después, este vasto movimiento le quedaría corto para expresar toda una serie de inquietudes que se fueron despertando en él. Urgencias que culminarán en proyectos que el compositor uruguayo exhibirá en Montevideo, tras su regreso al país después de siete años y medio.
El New Age es un género poco cultivado dentro del Uruguay. Son varios los estilos que tratan de recrear y reflejar estados interiores, espirituales, pero en éste Emil encuentra mayores posibilidades expresivas: "Me da la oportunidad de trabajar con texturas y ambientes, de pintar un panorama, un paisaje. De sumergir a la gente en una experiencia que puede involucrar todos los sentidos. En mi caso particular, este género me sumergía en un mundo que otra cosa no me permitía descubrir: un mundo que estaba adentro mío. El tema de las palabras es confuso, porque espiritual puede significar muchas cosas. Cuando la gente alude a lo espiritual lo está relacionando con algo que te eleva por encima de tus aspectos negativos, y otro concepto de espiritualidad engloba todo, los sentimientos. Bueno, la relajación, un espacio para estar tranquilo, fomentan más esa elevación. En relación a lo místico, no está sólo en el New Age: Bob Marley era un místico, Jim Morrison. La mística está en la energía que refleja una persona cuando hace algo, más allá del género", nos cuenta Emil desde su casa.
Si bien estuvo bastante vinculado a este tipo de música, Emil no se aleja de otros géneros, lo contrario: "Soy de mente muy abierta en relación a otros géneros, tengo gustos variados. Un montón de sensaciones que otras cosas, otros estilos, lo que sea, me transmiten, los transformo, pasan por mí y se expresan en el lenguaje que yo expreso". Por otra parte, el género tiene esa cualidad presente en todo estilo: se trata de un término difuso que cada vez se diluye más su significado. "Siento que se debería estar hablando de otra cosa. Su concepto ya está muy masticado. El New Age desarrolló varias herramientas o canales por los que expresar ciertas intenciones; es un movimiento muy amplio, con varios estilos, que son para relajarte, es decir, para que emerja tu esencia, para que te escuches. Si estamos corriendo todo el día, o estamos estresados, o estamos en la mente, nos encontramos atrapados en un universo bastante neurótico. Pero si nos permitimos tener momentos de conexión, esos ejercicios nos modelan eso que se llama espiritual".
Tal es la desintegración del término que Emil prefiere no encasillarse bajo esa etiqueta. "En realidad, no hago música New Age. Lo vinculan mucho porque uso sintetizadores, porque hablo de la paz, de la mística, de la espiritualidad. En definitiva, no me gusta definirme. Pero dentro del gran universo de las góndolas y de la música, estaría en lo que se llama World music o electrónica ambient".
Entre 1991 y 1995, el músico realizó varios conciertos en nuestro país, que ya demostraban una propuesta amplia, que iba más allá de lo musical. 1995 fue uno de sus años definitivos, gracias a su show "Concierto por la Paz y la Tolerancia", en las escalinatas del Palacio Legislativo, que fue considerado el mayor espectáculo de la historia del Uruguay, "cosa que a mí no me enorgullece por el tamaño en sí, sino por lo que fue: por la tolerancia y la paz. Porque se demostró que acá se pueden hacer eventos grandes, de buena categoría y que convoquen al público por motivos no meramente comerciales". Los triunfos personales continuaron durante esa década. En 1996 tuvo un encuentro personal con su máximo referente: Jean-Michel Jarre, quien ya conocía la obra de Emil, surgiendo un fértil intercambio. Con el cambio de milenio, encabeza un proyecto que aquí no se difundió a nivel público, que fue el "Encuentro por el Nuevo Mundo" en las Sierras de Minas. "Diseñé una especie de Woodstock pero medio New Age; me llevé varios maestros de Tai Chi, astrología, mitología de las constelaciones, herboristería durante un fin de semana. Yo quise hacer todo lo contrario a lo que estaba pasando en el mundo: había una frivolidad en cuanto a lo de cambio de milenio, un despilfarro de medios. Entonces hice todo lo contrario, lo importante era aprovechar ese cambio de siglo para hacer un llamado a nuestra conciencia, para reflexionar, e hice lo más micro, lo menos comercial y lo más auténtico que pude hacer. Y fue una de las cosas que recuerdo con más cariño".
Esa carrera en subida le daba cada vez más éxitos y reconocimientos, pero también lo acolchonaba cada vez más en su "zona de comodidad". "Me habían sucedido cosas muy importantes de joven y no quería quedarme preso de mis propios logros, me había convertido en un referente dentro de ese género y no quería que eso me absorbiera y me impidiera seguir siendo auténtico. Tampoco quería quedarme dentro de lo que se podía esperar de mí… Y bueno, me fui, literalmente con una mochila y muy poco dinero hacia México. Quería desafiarme a mí mismo, destruirme y reinventarme. Este despegue de irme a los treinta años consiguió lo que yo quería: enfrentarme conmigo mismo, en otro lado, sin mi zona de comodidad. Todos tenemos un ego, un punto débil y hay que tener mucho cuidado con eso. Para mí hubiese sido muy fácil quedarme, aprovechar la situación en la que estaba y vender, por ejemplo. Afuera tuve que enfrentarme solo con mis cosas positivas y negativas, conociéndome. Y me conocí a full", explica. Pero en México también gozó de reconocimientos. Fue seleccionado como uno de los compositores más importantes del mundo dentro del New Age en un disco recopilatorio en el que figuran Vangelis, Enya, Jarre...
Optó por México porque configuraba una verdadera fuente para sus inquietudes creativas, vinculadas a la tradición indígena, a esos pueblos sabios cuya esencia se desdibuja cada vez más. Allí se reconoció a sí mismo y consiguió madurar a nivel expresivo, obteniendo reinventar su propio arte. "Me siento un productor que genero un montón de herramientas para que en vivo recibas un mensaje, música, una esencia... una película que te va a contar una historia. Ya no me alcanza sólo con la música para contarte lo que yo quiero. Redescubrí cómo contar las cosas y qué quiero contar, y eso fue gracias a que me redescubrí a mí mismo en este viaje."
Durante la charla, la palabra que más saltaba era "autenticidad". "No podría hacer algo que no fuera auténtico. Tengo muchos defectos, pero ser auténtico es un como un afecto que tengo". Ese viaje supuso una renovación profesional y personal de Emil. Su regreso a Uruguay supondrá la expresión de estos cambios, de esta reinvención que experimentó como persona y artista.
"Estando afuera, descubrí que soy más uruguayo de lo que pensaba. Yo quiero realizar en Uruguay proyectos que revaloren nuestro país y nuestro patrimonio en varios aspectos: naturales, culturales. Tenemos un montón, porque lo vi desde afuera. Pude ver los valores que realmente tenemos que están desprestigiados por nosotros mismos. A partir de ahora quiero volcar todas nuestras riquezas en un formato de show que incluirá música, imágenes, pintores, escultores: como una gran compañía artística que te va contar una historia, la nuestra. De ahora en adelante quiero que mis shows sean una oportunidad de comunicar nuestros valores, a través de un formato bastante internacional. En definitiva, desarrollar proyectos con un contenido que revalore y refuerce nuestra identidad nacional."