Una historia con dos partes bien definidas. En la primera conocemos la rutina de Gregoire Canvel (Louis-Do de Lencquesaing), un productor de cine al frente de una pequeña empresa que da impulso a películas de directores interesantes pero poco rentables. Eso lo lleva a estar metido en deudas y detalles laborales que le restan tiempo a su familia, formada por su esposa (Chiara Caselli) y tres hijas. De todas formas, se muestra como un padre amoroso y presente. La segunda parte comienza a partir de un hecho doloroso pero bastante previsible, que hace que el protagonismo pase a las mujeres de la familia. La forma cómo Mia Hansen-Love encara el relato determina que los hechos fluyan con naturalidad y, si bien hay momentos duros, no se cae en golpes bajos ni sentimentalismo sin sentido. La historia está inspirada en Hubert Balsan, un productor que existió, y sirve para entender cómo sobrevive un cine que se hace casi a pulmón, "por amor al arte" y la generosidad de muchos. Es posible que haya partes que se extienden más de lo necesario y que el ritmo aburra a algunos espectadores, pero seguramente dejará muy conformes a otros que saben que para decir algunas cosas es necesario tomarse su tiempo.