El flaco, a pesar de los gritos

| Luis Alberto Spinetta volvió a Montevideo para presentar "Pan", su nuevo disco de estudio, frente a un público que lo ovacionó, más allá de algunos pesados que le complicaron la noche.

"Este tema cuando está bien tocado es lindísimo", dijo Spinetta después de ejecutar "Atado a tu frontera", en uno de sus tantos chistes entre tema y tema. El entrañable flaco se excusaba así por algún problema en la voz y el sonido durante la ejecución en vivo del track 9 de "Pan" (Universal) su nuevo disco. Pese a los reiteradísimos pedidos de un público que se comportó de forma bastante pesada, Spinetta tenía claro lo que venía a tocar en Montevideo y, fiel a su costumbre, hizo caso omiso de las solicitudes con un sorprendente buen humor. Tomarlo o dejarlo era la opción, y quienes decidieron atender a la música por encima de pedir "las que sepamos todos" accedieron a lo mejor que hoy puede mostrar el flaco arriba de un escenario: un repertorio musical rico en arreglos y un sonido característico, sello de uno de los artistas fundamentales de en la historia del rock argentino.

Dejando de lado este detalle, el concierto de Spinetta terminó siendo tal como el músico lo había anunciado. Ante un Plaza con varios claros en cada piso de asientos, el músico presentó unos nueve temas de "Pan", que fueron alternándose con otros clásicos de épocas pasadas. No fue sorpresa. Ya en la conferencia de prensa había anunciado su tendencia -que no es reciente- a "suavizar" la fuerza y el volumen de sus recitales: "Este es el momento en el que estoy ahora. Imagínense que todavía estoy vendiendo amplificadores de la época de los Socios del Desierto porque no los necesito... La música que se escucha a todo volumen me hace mal físicamente, ya soy un abuelo", comentaba entre risas a la prensa. Y así fue. Unos días antes, el artista hablaba con Sábado Show sobre algunos de los motivos de ese cambio: "Hoy, el rock se masificó de una manera especial. Aunque no me guste digamos, tonalmente, tiene mucha fuerza y la gente encuentra en ella el sentimiento de unanimidad. Sin embargo, para mi el rock es una actitud creadora sin fisuras, sobre todo el rock sin arenga".

Las canciones de "Pan" están muy en línea con las últimas cosas que Spinetta ha hecho en los últimos tiempos, y por eso el show fue bastante "tranquilo", sin que por eso haya perdido intensidad. La banda de Spinetta se encargó de eso. Con la rubia Neri Nicotra en el bajo, Sergio Verdinelli en la batería y Claudio Cardone en los teclados, los verdaderos fanáticos de la música del flaco pudieron observar a una banda cuyos componentes demuestran tener el grado de talento acordes para tocar con un músico de la talla de Spinetta. El propio Cardone tuvo su momento frente al público durante el intervalo del show, cuando hizo una breve pero disfrutable composición con su teclado. Al regreso, Spinetta hizo "A Starosta, el idiota", uno de sus temas históricos (de la época de Pescado Rabioso), y entonces un aplauso bajó desde los tres sectores del Plaza. Un nuevo pedido volvió a interrumpir al músico: "¡Cheques!". Spinetta se acercó al micrófono, rió y soltó un amague-broma: "Voy a versionar un tema viejo: Muchacha ojos de papelera, un tema muy de moda en el Río de la Plata". Los aplausos de quienes esperaban el clásico tema dieron paso a las risas. Otro pesado comenzó a gritar, sin sentido alguno, por el baterista de la banda. "Dale, andate un ratito a la esquina y después volvé", fue el pedido respetuoso del cantante, apoyado por el resto de la concurrencia. Volviendo a ala música el, capítulo de hits radiales tuvo una sola canción cuando sonó: "Seguir viviendo sin tu amor", un tímido aproximamiento al Spinetta rockero que alguna gente (mal informada) pensaba ver en el Plaza. "Durazno Sangrando", otro de los grandes temas de su carrera, tampoco faltó a la cita. La época de Spinetta Jade también tuvo su lugar en el concierto con "Sexo".

Al final del show del flaco, el balance terminó siendo muy positivo: después de mucho tiempo, Spinetta volvió a Uruguay y dio un impecable concierto que, por suerte, unos pocos no pudieron empañar. No daba para quejarse tanto.

Sebastián Auyanet

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