Redacción El País.
El femicidio de Valentina Cancela, a la edad de 17 años, removió la problemática de la violencia hacia a las mujeres en el marco de relaciones que comienzan como afectivas y terminan en el infierno. A poco de conocida la muerte de la adolescente en Maldonado, la bailarina Carolina Mata, integrante del grupo Bravas y representante uruguaya en varias competencias internacionales de salsa y bachata, sorprendió al exponer su historia de calvario con su expareja.
“Al igual que el exnovio de Valentina, el mío también tiene tres denuncias mías, otra denuncias previas para acoso, una orden de restricción y ahí está, sigue acosándome. Si el día de mañana decide terminar con mi vida y aparezco muerta, quiero que la familia y mis amigos sepan que los amo y les pido, por favor, cuiden a mis gatitos”, posteó la artista en Instagram.
La publicación generó amplia repercusión en el ambiente de la danza, con múltiples mensajes de apoyo y difusión. El ex en cuestión es también bailarín. Después de haber infringido varias veces la orden de no acercamiento, la expareja tiene ahora tobillera y desde entonces, “está más tranquilo, pero agazapado”, según contó la artista.
Carolina Mata tiene 30 años, se desempeña también como secretaria en un estudio de abogados y contó a Sábado Show cómo la toxicidad del vínculo creció hasta convertirse en la violencia. “Nunca imaginé viví una situación así“, revela.
Todo comenzó a finales de 2021. Tiempo atrás se había separado y comenzó a frecuentar lo que llama “los sociales”; es decir bailes de salsa y bachata donde se reúnen profesionales y amateurs de la danza. En uno de esas reuniones Mata conoció a “esta persona”. Sintió química sobre la pista y empezaron a construir una relación de noviazgo. Como la artista también quería incursionar en el baile en pareja, ambos trabajaron coreografías con el objetivo de competir juntos.
Todo iba bien. Salvo que a los dos tres meses el novio comenzó a hacer planteos “tóxicos”. “Empezó a demostrar celos extraños. Si estábamos en un social, se hacía la cabeza de que estaba mirando a alguien. O si bailaba con otro hacía problema cuando lo normal en los sociales es que bailemos entre todos”, recuerda. El siguiente nivel fue revisarle el celular. “Lo encontré varias veces espiando”, añade.
Pera mediados de 2022, la inseguridad de “esta persona” despertó las primeras discusiones y las dudas, de parte de ella, sobre la salud de este noviazgo. Pero en post del vínculo, que además era profesional, porque se estaban preparando como pareja de baile para competir en el mundial de salsa y bachata de Cancún 2022, la relación continuó.
Y fue peor: gritos en el auto, portazos, patadas a la pared, celulares rotos, ropa desgarrada, agarradas fuertes por la muñeca... “Después de discusiones grandes, venía a pedir perdón, decía que iba a cambiar. Yo toleré un montón de cosas que no tenía que haber tolerado”, añade.
Llegaron al Mundial de Cancún en diciembre de 2022 en las peores condiciones de convivencia. “Era mi sueño ir a competir al Mundial, pero por él fue también mi pesadilla”, revela. “Hasta un minuto antes de subir al escenario a bailar, me estaba haciendo escenas. Era caerme un mensaje o una notificación de Instagram y ya me decía: “No puedo creer que adelante mío te estás cargando a un tipo. Insoportable”. Pese a esta interna, la pareja de baile clasificó en un lugar digno para Uruguay, un país con poca tradición salsera.
En marzo pasado ocurrió el peor de los episodios. Fue en Punta del Este, adonde habían acudido para un evento de salsa. Después de un violenta discusión en el auto, él le rompió el celular y la dejó sola en la calle durante la madrugada y sin las llaves de su apartamento.
Esa noche, Carolina Mata le dejó en claro que no quería continuar con el vínculo. Pero él seguía mandándole mensajes, algunos amenazadores con la divulgación de videos íntimos de ella. Junto a sus padres, la bailarina resolvió radicar la primera denuncia.
En marzo pasado, la justicia resolvió como medida cautelar una prohibición de comunicación y de acercamiento de 500 metros. Al principio respetó las medidas, pero de a poco desafiaba los límites. “Como nos movemos en el mismo ambiente, cuando yo llegaba a un social o un evento, él se iba. Pero después se empezó a quedar. Si me cruzaba, me decía algo”, relata.
Luego empezó a aparecerse con cartas o regalos a la casa o el trabajo de la bailarina. La esperaba en la parada de ómnibus. Aunque esta vez, los intentos del bailarín encontraron a Mata con la guardia alta. “En mayo volví a hacer la denuncia y lo intimaron a que respetara la orden de alejamiento”, asegura.
Sin embargo, los intentos continuaban y Carolina Mata tuvo que hacer una tercera denuncia para que le pusieran la tobillera a su expareja, algo que ocurrió el mes pasado. “Lo tuve que volver a denunciar porque no me deja vivir tranquila”, dice. En la actualidad, ella lleva siempre consigo un dispositivo que le avisa en caso de acercamiento, a ella y también a la policía. De todos modos, sus padres y amigos la acompañan a la parada o cuando tiene que hacer trayectos a pie.
“Es una persona que está muy desequilibrada y nunca sabés cómo puede reaccionar. Nunca pensé que iba a estar involucrada en algo así. Es muy fácil entrar y muy difícil salir”, asegura. Más allá de su caso personal, le interesa dar testimonio para que no se repita en otras y encender las alarmas sobre los vínculos enfermizos.
LÍNEA DE AYUDA
Existe un servicio telefónico de orientación a mujeres en situación de violencia de género. Es gratuito, confidencial, de alcance nacional y funciona los 365 días del año, las 24 horas del día.
Desde teléfonos fijos: 0800 4141
Desde celulares: *4141
Las mujeres sordas mediante videollamada al 092 626 928