Chapa y pintura para el Jazz

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El País

Doblemente bienvenida por la crítica y los jazzeros la idea de darle un baño refrescante al venerable Chicago Jazz Festival

Por: Elbio Rodríguez Barilari

Por haber presentado mi música en ambos escenarios, les garanto que el Millennium Park de Chicago es como el Mercedes Benz de los anfiteatros, con un sonido que parece un disco y donde el monitoreo sobre el escenario es tan bueno que uno corre el peligro de distraerse y en vez de tocar, quedarse escuchando. ¡Ottoneeello!

Los organizadores contaron 200 mil personas de jueves a domingo en este festival que es absolutamente gratuito. Algo alentador en momentos que casi no quedan clubes de jazz donde tocar.

Si hace un par de semanas decíamos que el rock está vivo pero pide agua por señas, bueno, la situación del jazz es aún peor en cuanto al circuito comercial. Pero tiene la ventaja de que, como es considerado un bien cultural, al menos en Chicago, como en Nueva York y otras ciudades, hay cierta plata de fundaciones o de la municipalidad que mantienen activos sus síntomas vitales, como en un CTI.

El bajón del jazz, es, en gran parte, y siento decirlo, culpa de los propios músicos y su falta de renovación.

Con escasísimas excepciones el jazz ha dejado de ser un arte creativo para ser una habilidad repetitiva, en donde hay que aguantar a señores muy entrenados haciendo turiruriru, turiruri, turiru, uno atrás de otro en una colección de solos interminables. Y donde ya no importa qué tema están tocando, o cuál sea el contexto.

Una gran parte de la culpa la tienen la universidades y las escuelas tipo Berklee, que sacan solistas de jazz como chorizos.

Con decir que el blandengue Brad Mehldau, que hace más new age que jazz, fue una de las cosas que resaltaron, porque al menos el tipo tiene muchas ideas.

Hubieron un par de excepciones brillantes. Como la banda del compositor y director Henry Threadgill, un veterano que sigue apostando a las ricas texturas, las filigranas y las ideas audaces; y la banda de Nicole Mitchell. Esta flautista y compositora negra, que viene del free jazz salado de la AACM de Chicago, ha ampliado su lenguaje para sacarlo de la típica pelea de gallos del free ortodoxo. Y darle un carácter más melódico e impresionista, aunque sin perder audacia.

El resto, se dedicó a tocar la consabida retahíla de solos eternos. Y también tuvimos que bancar serias dosis de smooth jazz, que es un nombre más elegante para la enervante música de elevador.

PARA TABACO A CHOPRA. En el último número de la prestigiosa revista Scientific American le hacen chas-chas en la cola, dos veces, al notorio guru Deepak Chopra.

El Prof. Lawrence M. Krauss, investigador de la Universidad de Arizona, lo trata de charlatán por tratar de justificar cualquier cosa, desde la existencia de Dios a la posibilidad de cambiar el pasado, con la mecánica cuántica. Pero, dice Krauss, Chopra no demuestra el menor síntoma de que pudiera aprobar ni siquiera el curso más elemental de física cuántica. Y le da el titulo de El Peor Abusador de la Física Cuantica por Diversión y Lucro.

Unas páginas después, el periodista científico Steve Mirsky también le cae con todo. Resulta que, según el propio Chopra, el terremoto de 7.2 en la escala Richter ocurrido el 4 de abril en Baja, México, y que se sintió en gran parte de la costa de California, fue causado por él mismo, por Chopra, debido a la intensidad con que estaba meditando. Y así mismo lo dijo el poco modesto gurú de la New Age en Twitter, agregando que estaba meditando "en un mantra de Shiva".

El sarcástico Mirsky le pregunta a Chopra si por acaso el terremoto no le habrá sacudido su Rolls Royce.

barilarius@yahoo.com

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