Sebastián Almada viaja todas las semanas a Montevideo y vuelve siempre con un pedido de Campi, su compañero de Showmatch: un kilo de yerba uruguaya. Ocurre que el humorista Martín Campilongo (nombre completo de Campi) vivió casi tres años en Montevideo y acá empezó con el mate. Ahora, no puede tomar otra yerba que no sea la oriental. "La argentina me cae ácida", asegura el humorista.
El fin de semana que viene, Campi tendrá la posibilidad de comprarse él mismo el paquete porque llega con la Revista Latina, un espectáculo ideado por el fallecido Jorge Guinzburg y en el que hoy participan Cecilia Milone, Jessica Cirio, Iliana Calabró, Bicho Gómez y "El payaso mala onda", además de Campi, claro. La cita: el 7, 8 y 9 de agosto en el teatro Metro. "Con `el bicho` Gómez nos encargamos de la parte de humor, con sketches y personajes. Tengo dos monólogos, uno sobre el matrimonio y otro político", adelanta el humorista.
En la tevé, Campi es por ahora el imitador que más personajes ha caracterizado en el Gran cuñado vip de Showmatch. Encarna a Jacobo Winograd, Roberto Giordano, Guido Suller y Nito Artaza. "Hasta ahora ninguno se quejó; salvo Nito que declaró: "Si Campi no baja 10 kilos, le mando una carta documento". Claro, yo estoy un poco más gordo que él, pero lo dijo con buena onda. Somos amigos".
A Montevideo, Campi llegó en 1991 y se quedó, viviendo del "teatro a la gorra" en dos pubs capitalinos.
-¿Cómo recordás esa experiencia?
-Fue increíble. Sin duda, la etapa más feliz de mi vida. Me acuerdo que yo viajé a ver una escenografía que estrenaba una amiga en Montevideo y me quedé enamorado. Llamé a mi casa y le dije a mi vieja: me quedo a vivir acá. Laburaba a la gorra en un pub que quedaba en Guayabo y Roxlo y también hice otro boliche que estaba en Punta Carretas. Hacía un stand up que se llamaba Campi busca puntero; lo hacía cinco días en Montevideo y viernes y sábado venía a presentarlo a Buenos Aires, donde se ganaba mejor, pero yo vivía en Uruguay; me había alquilado un apartamentito. Hice carnaval también; salí un año con los Momosapiens. Así estuve casi tres años, hasta el 94 que me llama (Nicolás) Repetto para trabajar con él y me volví a Buenos Aires.
-¿A desgano?
-Claro. Yo creo que Montevideo tiene la velocidad justa para un ser humano. Ni rápido, ni lento. Es la velocidad más saludable que yo experimenté.
-¿Volverías a vivir entonces?
-Me encantaría. Ahora, cada vez que puedo me doy una escapada, aunque sea a Colonia. Vamos con mi mujer.
-Antes de 1991, ¿nunca habías venido a Uruguay?
-No, me pasó algo extraño. Me acuerdo que la Bersuit Vergarabat nombraba mucho a Jaime Roos. Yo no sabía quién era, pero lo escuché y me voló la cabeza con la poesía de ese tipo. Después, me empiezan a contar que era un uruguayo y me compré un disco. Y en uno de los primeros desembarcos en Montevideo aparecí, no sé por qué, en Durazno y Convención. Era tal cual la postal que Jaime me había descripto. Ahí me di cuenta de que ese lugar era el mío y me quedé. La verdad, no tengo la cédula uruguaya de casualidad.
-Teatro a la gorra, revista o Showmatch, ¿dónde te sentís más cómodo?
-La época más feliz fue la de la gorra. Pero hoy no lo podría hacer. A los 40 años, con tres hijos, la bohemia ya no corre. Pero en aquel momento me acuerdo de estar en La estacada llorando de alegría y agradeciéndole al cielo la vida que tenía. Pero vivía con dos pesos. Hoy, con tres chicos, uno no puede tener ese egoísmo; ellos quieren ir a ver a Barnie y tenés que tener la plata para la entrada. La televisión tiene mucho más impacto, pero yo prefiero el teatro. Con el público ahí, ves cómo reacciona y ese el mejor rating para mí.
-En Gran cuñado vip, hacés cuatro imitaciones, ¿te resulta difícil?
-Sí, en Showmatch te toca hacer de todo: productor, director, imitador, periodista. El otro día hicimos una nota con Ginobili. Yo nunca fui imitador y desde hace seis años me toca hacer imitaciones. Hago a Giordano, Aldo Rico, hice a Guinzburg. Y para el ciclo de ahora me tocó Guido Suller, Jacobo Winograd, Giordano y Nito Artaza.
-¿Cómo estudias a los personajes?
-Te dan todo el material, videos. Pasa que cada vez hay menos tiempo. El otro día llegué y me dijeron: Campi, te toca hacer a (Horacio) Pagani y a Pablo Codevilla. Era para el momento. Después algunos te dicen: `che, no estaba tan parecido`. Y bueno, era para ese mismo día y uno le pone el cuerpo lo mejor que puede.
-¿Alguno de los imitados se enojó contigo?
-No. Me tocó Nito Artaza, que lo había hecho muy bien hace años. Pero claro, yo dejé de fumar y estoy mucho más gordo. Entonces, me vi en la tele vestido de blanco y parecía una heladera. Y Nito después declaró: "Si Campi no baja 10 kilos, le mando una carta documento".
-¿Cómo es la relación de ustedes con Tinelli?
-Nos vemos en el piso y una vez por mes, más o menos, salimos a comer. O alguna fiesta que él haga, aunque ahora como está con un problema familiar (la separación), no hace más fiestas. Después, claro, él es que marca las líneas del programa. Todo lo que sale al aire es lo que a él le divierte; sabe muy bien lo que quiere y es su mejor cliente: no le vende a la gente algo que él no compraría. Si mirás la parrilla (material que no sale al aire) hay material como para una hora más de programa todos los días. Pero son las cosas que no le divierten tanto a Tinelli.
-Volvés a Uruguay, ¿cómo evalúas al público?
-No compra gato por liebre. A mí, por suerte, me quisieron mucho en su momento. Y ahora vuelvo a trabajar, a intentar hacerlos reír con Revista latina. Ojalá nos vaya bien, pero el uruguayo es un público exigente, aunque yo, ya te digo, no tengo más que palabras de agradecimiento.
-¿Planeas vivir acá?
-Sí, en Santa Ana (balneario de Colonia), por ejemplo. Es hermoso. Ahí vive Landriscina, Jairo y cada vez se suman más: Sebastián Almada, Diego Korol... de a poco se van mudando. Y ya estaré yo también.
Imitador. Campi tomó los personajes de Jacobo Winograd (izquierda), Roberto Giordano (centro) y Nito Artaza; además de la caricatura de guido Suller.