Camilo Baráibar: "Está lleno de gente que hace cosas raras, inclusive leer"

Camilo Baráibar

ENTREVISTA

El escritor reeditó su novela Médanos a 14 años de la aparición de su libro debut: “Aunque el contexto que lo hizo nacer ya no es el mismo, todavía tiene lectores que le pueden dar la bienvenida".

-Se reeditó Médanos luego de 14 años. ¿Cuánto creció/cambió en esta segunda edición?

-Fue toda una decisión que el libro volviera a salir luego de tanto tiempo. El mundo, el país, la Costa... Todo ha cambiado mucho. Pero, aunque el contexto que lo hizo nacer ya no es el mismo, aunque yo tampoco sea el mismo, siento que el libro todavía tiene lectores que le pueden dar la bienvenida. A la hora de pensar esta reedicion, la primera tentación que tuve fue dejarlo tal cual se imprimió en su primera edición; no tocar nada. Por momentos también pensé en lo contrario: hacerlo todo de nuevo. Pero no tenía sentido. Sería como traicionar a aquel Camilo de 22 años que escribió esta novelita casi de un tirón. Así que me decidí por algo intermedio. Leí el texto respetando su frescura y sus imperfecciones, y ajustando solo algunas cosas que me parece que pueden ser revisables y mejorables: no me refiero tanto a aspectos literarios sino más bien humanos. Por ejemplo, la palabra “normal”, referida a personas, aparecía dos veces en la novela. Y me pareció que era mejor cambiar eso. Ese fue el tipo de cambios que hice. Además, le agregué un prólogo y epílogo. Creo que quedó una mejor novela. Con aquella inocencia y libertad, aquel arrojo del escritor inédito, pero además con algunos aportes de este escritor que soy, que, técnica y humanamente, aprendió algunas cosas.

-Originalmente se rotuló como literatura juvenil, ¿hoy mantiene esa categoría?

-Bueno, sí, aunque es una pregunta incómoda. Cuando Trilce la editó, yo no tenía mucha idea de lo que estaba pasando con el libro ni los caminos que podría llegar a recorrer. Acepté su criterio y confié en ellos. Mucha gente me ha dicho que discrepa, que ese rótulo le ha jugado en contra; que de repente me encasilla o hace que algunos ni siquiera me lean. Es cierto. Me ha cerrado puertas. Pero si alguien deja de leerme porque hay una etiqueta delante del libro, será que tampoco es tan buen lector. En ese punto, estoy con Saer y aquello que decía de “una literatura sin atributos”. Yo escribo literatura y chau. Si después, por un tema de edad de los personajes, de temáticas, tono, etc. a quienes editan les parece que puede funcionar en cierto sector del mercado más que en otro, por mí está bien. Yo opino que Médanos es un libro que puede disfrutar cualquiera que haya vivido o esté viviendo la adolescencia. No es un libro para niños. No es un libro para menores de 15 (aunque siempre depende del contexto). Yo lo escribí pensando en un lector como yo, que tenía 22 años en ese momento. Y no lo escribí pensando en venderlo ni en dar una lección. Lo escribí para cobrarme algunas cuentas pendientes con mis 17 años, para despedirme de la adolescencia.

-¿Cómo te imaginás a los personajes hoy, 10 años después?

-Es un ejercicio que prefiero no hacer. Seguro, menos divertidos. La adolescencia es fascinante porque todo puede pasar, del drama más oscuro al amor más dulce. Uno lo arriesga todo, cree, hace nuevos amigos, toma riesgos... Pero hace todo eso un poco a sabiendas de que es por poco tiempo. Es como los recreos del liceo. 5 minutos. Cinco minutos para acercarte al que te gusta, para gritar, para contarle un secreto a un amigo... La adolescencia no puede durar para siempre, por eso, diez años después seguramente Agustín no le ponga tanta emoción si su Tania de turno gusta de él o no, Andrea no sería tan romántica, Esteban sería menos enérgico (increíblemente); todos más realistas, lo cual para una novela es un embole...

Portada de Médanos. Editorial Ocho Ojos. Está disponible en librerías.
Camilo Baráibar

-En Médanos el desarrollo de las tecnologías de comunicación era otro, apenas insinúan las redes sociales. ¿Cuánto cambiaría la historia si se tratara de adolescentes de 2022?

-Médanos sin querer es un testimonio del pasaje de un mundo artesanal a uno digital. Solo algunos personajes tienen celular y las redes sociales no tenían ni cerca la omnipresencia que tienen hoy. Eso es lo lindo de Médanos, creo yo. Leerlo y recordar todo lo que costaba contactar a alguien. Las redes sociales dificultan la narración, desde mi punto de vista. Porque, obviamente que los personajes pueden seguir sufriendo, incluso con redes... tal vez muchas veces se sufra más. Pero es un sufrimiento un tanto invisible y no muy atractivo de narrar. Médanos cuenta, entre otras cosas, los sufrimientos y las inhibiciones de un joven de 17 años, quien, además de querer a su amiga como amiga, la desea, y quiere tener algo “en serio” con ella. Esa inhibición creo que se sigue reeditando. Cambia la tecnología pero los afectos no van tan rápido... por algo seguimos leyendo Edipo rey.

-La acción transcurre en Ciudad de la Costa, ¿cuánto configura a los personajes el lugar?

-Yo viví prácticamente toda mi vida en Solymar, y, obviamente, me inspiré en ese lugar para escribir. Fue una comodidad, porque no tenía que estudiar mapas ni pensar demasiado en las locaciones, pero también fue un acto militante. Darle a “La Costa” (como le llamé en el libro) entidad literaria. Es un homenaje a la querida y odiada “ciudad” que me vio crecer. Y la Costa es adolescente, por fresca, descontracturada, pero también por improvisada y caótica. Los personajes son costeños: andan en bicicleta o motitos, toman mate, tocan la guitarra, tienen esa personalidad de rochense cruzado con montevideano que es típica de Ciudad de la Costa.

-¿Cómo son los lectores adolescentes de hoy día? 

-Leer hoy en día es una rareza. Pero está lleno de gente que hace cosas raras, inclusive leer. Es como que cada uno va eligiendo qué tipo de nerd quiere ser, y así va defendiendo sus gustos, que a cada uno siempre le parecen extravagantes. Yo veo adultos que leen muy poco, niños que leen mucho y adolescentes que, en forma despareja y de a rachas, se apasionan con la lectura. Se lee distinto. Se lee subiendo a redes, se lee el libro que se compró (la compra y la lectura del libro son dos actividades muy relacionadas, como que un placer retroalimenta al otro). Se lee y se escribe bastante. Yo creo en la capacidad lectora de los adolescentes. Creo en los jóvenes.

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