ENTREVISTA
El periodista estrenó en Canal 4 Otra mirada, un ciclo de programas periodísticos con foco en la investigación. “Hay un gran respaldo del canal, lo que me tiene muy entusiasmado”, asegura.

-¿Cómo definirías Otra mirada, el programa periodístico que acaba de estrenar en Canal 4?
-Es una propuesta periodística con un formato distinto. Vamos a hacer investigación. La idea es tomar aquellos temas que han quedado sin resolver y en su momento causaron impacto pero que luego desaparecieron de los grandes titulares. En el equipo los vamos a trabajar a fondo para unir las piezas y llegar a nuevas revelaciones.
-¿Quiénes conforman el equipo?
-Voy a estar acompañado por Carolina Ramos en la conducción. Pero las investigaciones (y esto es otra novedad del formato) van a estar a cargo de diferentes periodistas, algunos del canal y otros externos. Hay un abanico muy grande de periodistas trabajando para el programa en el desarrollo de cada uno de los temas para luego presentarlos al aire. Buscamos periodistas que hayan trabajado esos asuntos. El formato es de una hora y además de los informes, vamos a comentar algunas noticias de la semana y en el cierre una entrevista breve que puede o no estar ligada al tema de la investigación.
-¿Cómo surgió el programa?
-A iniciativa del canal. Me convocaron y comenzamos a darle forma. Es de las cosas que me tiene más entusiasmado: el gran apoyo palpable del canal, desde todo punto de vista. Gonzalo Terra y Pablo Meléndrez, de Telenoche, lo están apuntalando, entre muchos otros. En el ensayo general que hicimos hace unos días era impresionante la cantidad de gente que había. Más allá del rating, es un programa que el canal quiere hacer y estoy muy entusiasmado de que me hayan convocado.

-Desde 2020 forma parte del equipo de Periodistas (Canal 5). ¿Continúa en ese rol?
-Sì. Este año estoy más enfocado al análisis y a participar en algunas entrevistas. Además, participo como analista en el noticiero y en el portal. Es una actividad que mantengo porque no es excluyente con este proyecto en Canal 4 y se trata de programas con formatos muy diferentes.
-Durante casi 10 años fue gerente de Telemundo hasta su salida en 2016. ¿Tienen razón los críticos que aseguran que los noticieros son demasiado largos?
-Es verdad que si se los compara con otros informativos del mundo, los uruguayos parecen largos. Pero en general se los compara con noticieros de TV pública, que no tienen avisos, por ejemplo. Como BBC de Londres o TVE española. Pero más allá de eso, ese cuestionamiento encierra una paradoja: quienes critican que los informativos son largos, los miran. Los canales no los programan en horario central porque sí. Hay un rédito en audiencia. En mi época, me acuerdo que el informativo que se iba antes del aire, pagaba su precio en rating. Recientemente, la razón principal para alargar los noticieros fue el coronavirus y la demanda enorme de información que implicó.
-¿Hay menos información policial en los noticieros? Algunas voces políticas indican que sí. ¿Cuál es su visión?
-El tema de las policiales en los informativos se ha debatido con intereses políticos, lo que me parece lamentable. Yo creo que en su momento se exageró y hasta se mintió sobre cuánto tiempo dedicaban los noticieros a la información policial. Recuerdo que una vez en Telemundo tuve que hacer la aclaración porque una ministra del Interior (Daisy Tourné) había dado como una exageración una cifra en segundos que en realidad era irrisoria. En algún caso, puede ser que haya habido alguna sobredimensión o algunas imágenes de contenido violento se repitieron demasiadas veces. Recuerdo por ejemplo aquel homicidio en un bar en 8 de octubre y Garibaldi., Pero este es un tema mundial: si ves la televisión española, la información policial tiene un segmento más largo que aquí. Hoy quizás hay otra sensibilidad y algunos contenidos más explícitos no se muestran. Pero hablamos de prácticas periodísticas; no me parece un tema para politizar.
-En sus años en Teledoce, ¿cuál era la política respecto a las policiales?
-Dependía el caso, pero nuestra norma era: “Si no agrega, no lo damos”. Evitábamos los detalles escabrosos y las imágenes sensibles. Aunque este caso también es debatible. Esto es un lugar común, pero muchas veces una imagen vale más que mil palabras. Hay una foto de una niña desnuda corriendo luego de haber sido rociada con napalm durante la guerra de Vietnam. Esa foto sumamente violenta causó impacto y mostraba una realidad. ¿Qué pasaba si no se hubiera dado? Después de todo, ahí hay una menor de edad. Yo he visto recientemente fotos hechas por colegas de las víctimas del sicariato en Uruguay, fotos muy violentas que no salieron en ningún medio. ¿Deberían salir? La respuesta, como muchas veces en el periodismo, es un depende. Caso a caso.
-En el último tiempo hay un debate en Uruguay sobre la libertad de prensa. Hay voces, como el informe de Reporteros sin fronteras que hablan de un deterioro y que el país bajó varios puestos en el ranking de libertad de prensa. ¿Cuál es su visión?
-Hace 44 años que ejerzo el periodismo, he trabajado con gobiernos de todos los partidos y también en dictadura, donde sufrimos censura y cierre de varios medios donde yo estaba. Decir que ahora hay una limitación a la libertad de expresión me parece una falsedad absoluta y creo que quien lo dice, lo dice con intencionalidad política. No he tenido ni conozco a nadie que haya tenido en este período un problema real de libertad de expresión. Me dejó asombrado el informe de Reporteros sin fronteras porque en el pasado no se expresaba de este modo.
-¿En referencia a qué?
-A varios problemas que tuvieron los periodistas con gobiernos anteriores y Reporteros sin fronteras no se pronunció. Por ejemplo, hubo periodistas del Interior que tuvieron problemas en 2018 cuando una visita de Tabaré Vázquez. No se pronunció Reporteros sin fronteras ni ninguna de las otras organizaciones que hoy hablan de limitaciones en la libertad de prensa. Cuando surgió la polémica por el título de (Raúl) Sendic, hubo organismos del Frente Amplio que hablaron de una operación de prensa y acusaron a periodistas. Tampoco nadie se alarmó en nombre de la libertad de prensa. Yo fui amenazado por una información que di y una columna de opinión vinculada a Gilberto Vázquez, y otros exmilitares presos. Recibí un mensaje durísimo y tampoco hubo alarma.
-De acuerdo al informe, hay muchos pedidos de acceso a la información que no tienen respuesta favorable. ¿Es así?
-Eso ha pasado con muchos gobiernos. Aquí se declaró secreta la construcción del Antel Arena y el Tribunal de Cuentas lo declaró inconstitucional. También viví muy de cerca un pedido de acceso a la información que planteó mi esposa (Diana Cariboni) vinculada a las personas que llegaron de la cárcel de Guantánamo durante el gobierno de (José) Mujica. La pregunta era muy simple: ¿Qué dio el gobierno de Estados Unidos a cambio de que Uruguay recibiera a esas personas? La respuesta del Ministerio del Interior en ese momento fue vergonzosa. No decía nada. Hubo un juicio y terminaron diciendo al juez que era un tema de seguridad nacional y por eso no respondían. Como ese, creo que hubo muchos casos en los que no hubo pronunciamientos que hablaran de una libertad de prensa amenazada.
-En Telemundo básicamente trabajó bajo los gobiernos de izquierda. ¿Había presiones?
-Su salida de Telemundo, en 2016, pareció algo abrupta vista desde afuera. ¿Cómo se procesó?
-No, fue un proceso largo de conversaciones. Había un desgaste pero yo me fui en las mejores relaciones y mantengo hasta hoy un vínculo muy cordial con la dirección del canal. Incluso hubo una ceremonia muy emotiva, con entrega de una medalla y una despedida muy linda con la gente de Telemundo. No tengo nada que reprochar, al contrario. Después de 13 temporadas de Código país y 10 años en la gerencia de Telemundo, yo tenía un desgaste muy importante por la tarea y había tenido un problema bastante serio de salud coronaria. A partir de ahí empezamos a conversar una salida sobre la base de que mi ciclo estaba cumplido. Conversamos incluso sobre la posibilidad de que me quedara compartiendo la gerencia o manteniendo algunas de mis actividad pero finalmente, las conversaciones decantaron en la desvinculación que fue, repito, en los mejores términos.
-No tenés redes sociales…
-¿Hay una grieta en Uruguay, como se asegura?
-La confrontación política siempre existió y en duros términos. Los políticos se retaban a duelo por las cosas que se decían. Lo que ocurre hoy es diferente. Vivimos un proceso de argentinización de la política, dicho esto con respeto a los argentinos. Pero de algún modo se quiere extrapolar lo que sucede allá con Uruguay cuando hablamos de un país que desde 1983 vive de proceso dramático en proceso en dramático. Se compara todo, empezando por el término “grieta”, que no corresponde con la historia uruguaya. Siempre hubo enfrentamientos. A través de los diarios y los llamados “brulotes” los dirigentes políticos intercambiaban conceptos muy duros. Hoy, la novedad son las redes. Se da un proceso de horizontalidad que convierte a la polémica en más inmediata y más explosiva entre los actores políticos que muchas veces abusan del Twitter con intercambios de agravios porque, yo creo, no se dan el tiempo para pensar en las mejores respuestas.
-También hay una nueva generación de actores políticos.
-Sí, con la muerte de Tabaré Vázquez y el pase a posiciones más secundarias de Mujica y Danilo Astori, el Frente Amplio vive una transición en su dirigencia sin una conducción clara. En ese contexto han apostado mucho a la confrontación y a radicalizar el discurso. Muchas veces, desde el Partido Nacional y de otras tiendas se contesta con la misma dureza, generándose el espiral. Hay un tema de experiencia también. Para una generación entera de dirigentes del Frente Amplio, la oposición es algo nuevo porque vienen de 15 años de gobierno. Lo mismo vale para la coalición: ellos vienen de 15 años de oposición y ahora son gobierno. Los dos están aprendiendo y en ese aprendizaje, se pueden cometer errores.