Actuando sin escenario

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Por: Bernadette Laitano

Todo el mundo puede actuar, pero no todos pueden ser actores". Con esa frase, Marisa Bentancur, actriz, directora y docente del Instituto de Actuación de Montevideo (IAM) responde al por qué de la existencia de talleres de actuación que se dictan en ámbitos tan dispares como una universidad, un centro comunal o, claro, un teatro. Miles de personas se inscriben año a año en estos ciclos sin pretender, luego, dedicarse profesionalmente a la actuación. La docente continúa: "No todos logran construirse artísticamente como actores, lo que implica un proceso mucho más largo, de formación completa cultural".

Las motivaciones varían según el caso, dentro de los cuales obviamente están aquellas personas que sienten una inquietud particular y quieren descubrir su vocación, pero también hay profesionales "que buscan encontrar un espacio de reelaboración en conjunto, de apertura", continúa Bentancur. "La formación formal es fragmentada, no toma a la persona en su totalidad. El arte en general, y el arte escénico en particular, trabaja con el sentimiento, el pensamiento y el cuerpo y con el intercambio con el otro (...) Hay esa necesidad de `algo más` que en este tiempo, donde está el celular, la computadora, todo a través de máquinas, el tener esa instancia de intercambio personal genera otra cualidad de expresión y otra necesidad. Necesidad de reelaborarse como persona en el intercambio".

El IAM se basa en una formación que podría llamarse universitaria, pero también ofrece un taller pre-vocacional para personas de cualquier edad y formación, con el único requisito de tener cuarto año de liceo aprobado. En este taller, que dura un año, los alumnos se aproximan a las tres materias cardinales de la carrera de actuación: Arte Escénico, Interpretación ante cámara e Improvisación.

En este centro, como en muchos otros, acuden alumnos que tal vez nunca vieron una obra de teatro. Llegan para vencer la timidez, porque los inspira el cine o la televisión o para adquirir herramientas "teatrales" que les serán útiles en otras profesiones. Aquí, un recorrido por las motivaciones de esos "actores" que tal vez nunca pisen un escenario.

EN PRÁCTICA. Estamos en una clase de Improvisación. María Mendive está rodeada de chicos que tienen en promedio unos 20 años. Están descalzos, usan ropa deportiva y se mueven por todo el espacio. Solamente se escucha música del Brasil y la voz de la docente que da las órdenes. Pide "abarcar todo el espacio". El cuerpo y sus movimientos son el centro de concentración de los alumnos, por eso Mendive pide que se suelten y les explica, sin dejar de caminar: "Cuando se transforma en social, dejamos de trabajar". Luego, una sucesión de ideas: "Conexión, confianza, espacio no social". Finalmente: "¡No sociales, libres!".

En ronda, la docente plantea más ejercicios corporales, pero sigue explicando: "Si hablamos, perdemos la magia del ejercicio. Saquémosle la cotidianeidad. Hay que dejar la mente a un lado porque me tranco". Ahora, miles de cintas cuelgan de los cuerpos de los alumnos y ellos experimentan lo que pasa cuando tiran de una de ellas. La mente se usa, pero para dejarla imaginar.

"Hay varios elementos (que el teatro les aporta)", señala Luis Vidal, docente del taller de teatro para estudiantes y funcionarios de la Universidad Católica. "Uno tiene que ver con lo personal. El teatro es una herramienta en la que trabajan el autoconocimiento, que implica desde el cuerpo, el manejo de mi gestualidad, de mi voz, pero también de mis emociones. (El teatro) es un elemento formativo rico. A la vez, está esa palabra que a mí siempre me gusta usarla, la imaginación. El fomento para la imaginación sirve para todas las profesiones".

Vidal destaca a los estudiantes de Ciencias de la Comunicación, como la mayoría que asiste a sus talleres de actuación, pero también señala que es algo que varía todos los años. Este año, hay alumnos de Ingeniería y Ciencias Económicas: "Los ingenieros buscan otros ámbitos donde jugar de otra manera con la imaginación (...) hay una frase de Einstein: la imaginación es más importante que el conocimiento`".

Minutos después de la entrevista, los alumnos de Vidal también estarán moviéndonse de aquí para allá. Saltan, se agachan, intentan tocarle la cara a un compañero y, después, van a interactuar con un elemento sin que este supuesto objeto aquél esté presente.

JUEGOS DE ROL. A veces no es el profesional el que va, sino el taller el que lo busca. Los creativos y los ejecutivos de cuentas de las agencias de publicidad pasan buena parte de la jornada laboral vendiendo sus ideas. Un curso de Stand Up Comedy, ¿los hará más eficaces? Juan Pablo Olivera, organizador del taller dictado por el argentino Alejandro Angelini en el Círculo de la Publicidad, lo explica así: "Me parecía que la visión que tiene el Stand Up Comedy de lo que pasa diariamente podía ser una herramienta buena para usarla en eventos". Olivera es locutor y realizó el curso el año pasado. Es el mismo curso al que asistieron Manuela Da Silveira, Leonardo Lorenzo, Alejandro Büsch y el psicólogo Gustavo Ekroth.

Basado en monólogos de humor, el género es originario de Estados Unidos e hizo famosas a figuras como Ellen Degeneres, Robin Williams o Eddie Murphy. "Te da herramientas no sólo para subirte arriba del escenario sino también para presentar lo que sea, porque hay cosas que tienen que ver con el ritmo, la estructura. Hay una gráfica de atención de la gente, está estudiado que hay que arrancar de tal manera, mantener la atención así, rematar así. Y son herramientas que podés usar para subir a un escenario o para presentar un producto", dice Olivera, quien también afirma la presencia de políticos en el curso "porque es como una etapa más referida a la oratoria".

Pero no sólo de vender ideas se trata. Quizá más alejados del "ambiente" están los estudiantes de Psicomotricidad, que en tercer año de la carrera tienen una materia llamada Formación del Rol a través del Trabajo Corporal. El docente y director de la Licenciatura y de la Escuela Universitaria de Tecnología Médica, Juan Mila, explica porqué es necesario que el futuro profesional adquiera conciencia de rol: "El psicomotricista trabaja por mediación corporal, el cuerpo es su principal herramienta de trabajo, entonces, en la formación hay que tener una atención especial en la formación corporal". La dinámica de cada clase varía, pero siempre se atienden cinco dimensiones: "El cuerpo del psicomotricista, el vínculo con el cuerpo del otro, los objetos, el espacio y el tiempo. Son cinco dimensiones con distintas estrategias metodológicas. Y también (se trabaja) en la construcción grupal". En el ejercicio con el otro radica uno de los pilares de esta materia: "Tenemos que preparar profesionales que van a trabajar con personas, y parte de nuestro trabajo es que logren ponerse en el lugar del otro".

Profesionales del teatro han recurrido a la psicomotricidad a nivel de relajación terapéutica. Es un acercamiento a su cuerpo, haciéndolos conscientes del mismo y de su postura, sobre todo en actores adultos "porque el cuerpo cambia, nuestro cuerpo envejece".

EFECTOS PERSONALES. Por timidez, por la búsqueda de un ámbito de relajación, por una duda vocacional. Son varios los motivos que llevan a un curso de actuación. De todos, el atractivo que pudo haber despertado el teatro es nulo, o casi inexistente. Lo dice Bentancur: "Hay muchísima gente que no vio teatro. Muchos vienen motivados por el cine, que es un motor interesantísimo. El cine y la televisión ocupan el primer lugar (...) En los centros comunales también pasaba, era una convocatoria de noventa personas que querían hacer un taller de teatro en Colón, y vos decís ¿cuántos vieron teatro? Muy pocos, pero hay una inclinación a creer que el material teatral, el hacer teatro tiene algo atractivo, artístico y que todos desean por alguna razón (...) Siempre, todo ser humano tiene un deseo artístico, una aspiración que de alguna manera es una forma de sublimar, de tener un encuentro más interesante con uno, menos terrenal".

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