VIVIR 100 AÑOS

| En Uruguay hay 440 personas que ya cuentan sus años con tres cifras. En Estados Unidos se habla del boom de los bisabuelos. Un país viejo en un mundo que envejece.

2007-01-06 00:00:00 200x229

NICOLÁS NAGLE

Adelina Barreiro cumplió 100 años el 31 de enero de 2006 y vive en el Hogar Español. Lo primero que llama la atención es su excelente estado de salud. Puede ver, oír y caminar sin problemas, cuestiones con las cuales muchas personas de su edad tienen dificultades. Dice que el secreto para mantener la buena salud es la comida ya que "si la persona es sana con una buena alimentación puede vivir muchos años". Su dieta consiste en muchas frutas y verduras y casi nada de carne. Eso, junto con una actitud positiva frente a la vida parecen ser la combinación ideal: "Yo soy optimista, me gusta vivir de forma normal, sin excesos".

La información sobre la cantidad de centenarios que hay en Uruguay no es del todo clara. De acuerdo a los datos del censo 2004, para el Instituto Nacional de Estadística (INE) existen 440 personas con más de 100 años. Pero el Banco de Previsión Social (BPS) aporta otra cifra para el mismo año: 690 centenarios. Las divergencias son grandes. De acuerdo al BPS en Montevideo existían 317 personas mayores de 100 años, mientras que para el INE eran sólo 193. De cualquier forma, los datos del banco no parecen demasiado fieles a la realidad.

Un estudio italiano estimó que las personas que alcanzan o pasan los 100 años serían una de cada 7.000 a 10.000. En Uruguay, si tomáramos las cifras del BPS, sería una de cada 4.697. Esto pondría a nuestro país muy por encima del promedio mundial. Además, el banco tiene otros datos de dudosa exactitud, como por ejemplo un inscripto de 151 años que figuraba en 2004. La persona más vieja jamás conocida en el mundo fue una francesa que alcanzó los 122 años. En cambio, los datos del INE entrarían dentro de los parámetros normales, ya que de acuerdo a la cifra de 440 centenarios en todo el país, sería uno por cada 7.366 lo cual es muy factible.

En el mundo hubo un fuerte crecimiento de personas que alcanzan la centena. En Italia, en 1921, existían tan solo 49 centenarios, mientras que en 1990 ascendieron a 1.660. En Estados Unidos también hubo un incremento importante. En 2000 había 72.000 y para 2010 se estima que los centenarios serán 131.000.

Un mundo de ancianos

El explosivo aumento de centenarios no es fortuito sino consecuencia del envejecimiento mundial de la población. Según el demógrafo Juan José Calvo, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), "el mundo en su conjunto aún tiene una estructura joven, pero rápidamente va transformando su perfil demográfico y va envejeciendo".

En el siglo XX la humanidad duplicó su expectativa de vida. Eso, sumado a la disminución de la natalidad, provoca que las poblaciones envejezcan.

Calvo ilustró la situación de la siguiente manera: "El paisaje que vemos hoy cuando, por ejemplo, caminamos por 18 de Julio sería sorprendente para un individuo del siglo XIX no tanto por las máquinas nuevas, sino por ver la enorme cantidad de adultos mayores". Este fenómeno se da en casi todo el mundo. En 1900 los hombres estadounidenses tenían una esperanza de vida de 48,3 años y las mujeres de 46,3. En 2000 pasó a ser de 74,2 y 79,9, respectivamente.

A partir de la década de 1930 Uruguay ha tenido una situación similar a la de los países desarrollados en términos de demografía. Una sociedad con tasas bajas de natalidad y de mortalidad en la que las personas adultas y ancianas tienen un gran peso. Esto le dio un carácter único a Uruguay con respecto a los vecinos latinoamericanos, que eran naciones jóvenes principalmente por una alta cifra de nacimientos.

Pero esa situación se está revirtiendo incluso en países que tenían altos índices de natalidad. Un ejemplo es Brasil. Calvo sostuvo que los uruguayos "tienen la fantasía de que ese país es una nación joven", y agregó que "lo fue en relación a nosotros en el pasado, pero ya no lo es ni lo va a ser". Se estima que dentro de 20 años Brasil presentará índices similares a los de Uruguay en términos de envejecimiento de la población.

Otro país que en el pasado tuvo como característica una población joven y que actualmente envejece rápidamente es China. La combinación de una mayor esperanza de vida, junto con la política del gobierno que permite a las parejas tener un solo hijo, provocará el problema denominado 4- 2- 1. Esto es: cada hijo deberá encargarse potencialmente de mantener a dos padres y cuatro abuelos, situación que puede ocasionar graves perjuicios a la economía de dicha nación.

Las bajas tasas de natalidad se extienden progresivamente a todo el mundo. Se prevé que la población mundial aumentará de los 6.400 millones de la actualidad a aproximadamente 9.000 millones en 2050, y a partir de entonces comenzará a disminuir. Los nacimientos no alcanzarán para cubrir las cifras de fallecimientos. Esto pasa hoy en los países desarrollados, pero dentro de unos años se extenderá al resto de las naciones.

Calidad de vida

En un mundo poblado por personas adultas y de edad avanzada, este sector de la población determinará aspectos importantes de las sociedades. Investigaciones de países como Italia, Estados Unidos, Dinamarca y Japón estudiaron a grupos de centenarios para indagar sobre temas relacionados con la vejez: cómo hay que hacer para llegar a los 100 años, cómo se puede ser longevo y mantener la calidad de vida, qué tipos de personas y bajo qué condiciones tienen mayores posibilidades de llegar a una edad tan avanzada, etcétera.

Y resultó que los centenarios comparten ciertas características. Uno de los factores más determinantes para una vida larga es el sexo de la persona. Según un artículo de la Harvard Health Letter, las mujeres tienen posibilidades mucho mayores de alcanzar los 100 años: nueve de cada diez personas que lo logran son mujeres. Los científicos no se ponen de acuerdo a qué se debe esta diferencia, aunque existen diversas hipótesis.

Unos señalan que es porque la menstruación permite al cuerpo femenino deshacerse de toxinas. Otros argumentan que tienen un estilo de vida más sano. Italo Savio, médico geriatra y director del Hospital Piñeiro del Campo, señaló las ventajas que poseen respecto a los hombres: "Tienen una mayor tendencia a desarrollar vínculos sociales y a recrearlos cuando los pierden y a involucrarse en emprendimientos con sus semejantes". Estos elementos sirven para mejorar la calidad de vida, cuestión que está ligada íntimamente a la longevidad.

Otro factor importante para llegar a ser una persona que viva por muchos años es tener "buenos genes". Por lo general, se trata de individuos libres de ciertos factores de riesgo como la hipertensión, colesterol alto y diabetes. Un indicativo de genes fuertes es la existencia de familiares longevos, ya que se cree que en gran medida es hereditario. Pero los estudios sobre centenarios de diversos países coinciden en señalar que para vivir muchos años no alcanza únicamente con haber sido favorecido biológicamente, ya que el proceso de envejecimiento "está muy condicionado por otros factores sociales como el estilo de vida, el medio ambiente e incluso los recursos económicos de la persona", señaló Savio.

Mantener la actividad mental está específicamente señalado para ayudar a preservar la buena salud. Leontine Marie Louise Emeriaud, de 100 años, es un ejemplo de ello. Nacida en Francia, en la provincia de Nantes, vino a Uruguay en 1926 junto a su marido. Rodeada de sus familiares, habla y lee en francés y español.

"Miro la televisión, me gusta ver un poco de todo y leer el diario", dijo. Todo coincide con la afirmación de Savio, quien señala que los centenarios son personas que "se mantienen estimulados desde el punto de vista mental en actividades que les brindan placer y hacen funcionar al cerebro". Algo que parece ayudar a Leontine a preservar su buena salud son sus familiares: vive con su hija, esposo y sus nietos, que residen a pocas cuadras, la visitan frecuentemente.

Los centenarios también suelen ser personas optimistas. "Tienen una actitud vital muy positiva", dijo Savio. Son gente que aprende a adaptarse a las condiciones que impone el envejecimiento y a la pérdida natural de algunas de sus facultades. Un estudio de la Universidad de Yale concluyó que el hecho de tener una actitud positiva frente a las cosas permite vivir un promedio de 7,6 años más. El optimismo agrega a la vida cuatro años más que la presión arterial baja o un nivel de colesterol bajo, y entre uno y tres años más que un peso saludable y la práctica regular de actividad física.

Ese espíritu es el que debe explicar que existan cosas como un concurso de Miss Tercera Edad en el que compiten mujeres mayores, cuando los certámenes de belleza están típicamente asociados a la juventud y los cuerpos perfectos. Esas personas de la tercera edad no se quedan quietas y así aparecen murguistas, deportistas, artistas, amantes de la naturaleza, turistas, etcétera.

Etelka Szabo tiene 103 años y vive en el Hogar Schiaffino. A pesar de que no escucha ni ve bien, no ha perdido el ánimo. Llegó de Yugoslavia cuando era pequeña y aún habla con acento extranjero. Trabajó de doméstica y su única familia en la actualidad son sus antiguos patrones, quienes la van a visitar periódicamente. Una de las enfermeras recuerda que cuando recién entró a la institución, Etelka caminaba descalza por el pasto, incluso cuando helaba. A pesar de sus problemas auditivos, mantiene el buen humor. Cuando se le pregunta si tuvo hijos, responde: "No, gracias a Dios". Además canta con una voz sorprendentemente clara: "ven, mi vida te reclama/ ven, que necesito verte/ sé que volverás mañana/ con la cruz de tu dolor/ ¡Ay! Mira que forma de quererte/ ven, que necesito verte". La canción se denomina Desesperadamente y fue compuesta por un autor mexicano. Etelka aún mantiene una esperanza: volver algún día a Yugoslavia, su país de origen.

Otra característica común, según un estudio italiano, es que los centenarios se quejan menos de su condición física que las personas de entre 75 y 85 años.

María García Barbeito, de 102 años, tiene problemas auditivos y visuales pero se mantiene optimista: "Yo estoy contenta, como bien acá, me gusta la gente y me encuentro a gusto". Vino de La Coruña, España, cuando era pequeña y dice que le encanta Uruguay y que se adaptó en seguida. Ahora vive en el Hogar Español.

La investigación señala además que otra característica importante de los centenarios es la fe. Por lo general son individuos que tienen algún tipo de creencia religiosa. Es el caso de Virtudes Vázquez, una española de 102 años que vive en el Hogar Schiaffino y que, aparte de ser muy conversadora y sociable, es firmemente católica. "Todos los domingos llegaba a la iglesia cinco o diez minutos antes que empezara la misa", aseguró.

En el estudio italiano se compararon personas de 75 a 85 años y de 86 a 99, con gente mayor de 100. Se llegó a la conclusión de que "cotejando con los otros dos grupos, los centenarios mostraron sentirse más satisfechos con su fe y que su interés en la religión se había visto incrementado durante los años anteriores".

Otro aspecto fundamental para ser una persona longeva es mantener una buena alimentación. Se ha señalado a la "dieta mediterránea", basada en frutas, verduras y carnes blancas, como especialmente beneficiosa. Una investigación de la Universidad de Washington de Sain Louis estudió a un grupo de 25 voluntarios de entre 41 y 65 años que había consumido una dieta balanceada e hipocalórica (entre 1.400 y 1.950 calorías diarias) a lo largo de seis años, y lo comparó con otras 25 personas que habían ingerido, durante el mismo período, las calorías de una dieta típica (entre 2.000 y 3.500). Los corazones de quienes habían comido menos y mejor se asimilaban a los de personas jóvenes. Además, en esas personas se registraron niveles de colesterol, triglicéridos y presión arterial más bajos.

La hipótesis que señala a la alimentación como un componente fundamental para llegar a ser longevo se ve reforzada con lo que sucede con los japoneses de Okinawa. La gente de la isla posee la mayor esperanza de vida del mundo con 81,2 años, pero cuando emigran fuera de su país pierden la ventaja. Se presume que al migrar -por lo general a naciones occidentales-, adquieren otros estilos de vida que no resultan tan beneficiosos para la salud. Esto da argumentos a aquellos investigadores que sostienen que la longevidad se relaciona más con el estilo de vida y no tanto con lo biológico.

Otro aspecto que apunta en esa dirección es que la mayoría de los centenarios son personas que se han mantenido físicamente activas. En Okinawa por ejemplo, los ancianos suelen practicar karate, tai chi y jardinería, incluso en edades muy avanzadas.

En Cuba, un país con 11,2 millones de habitantes y 3.000 personas mayores de 100 años, la clave está en un estilo de vida disciplinado que incluye evitar el alcohol, el café y los cigarros y mantener el interés en el sexo. En este caso los genes parecen importantes. En un estudio realizado a 100 personas centenarias de la provincia cubana de Villa Clara, se descubrió que el 60% tuvo padres que sobrepasaron la barrera de las tres cifras.

Todos los elementos que llevan a las personas a cumplir 100 años parecen combinarse en los miembros de la Iglesia Adventistas del Séptimo Día, una religión cristiana de origen estadounidense. En un estudio realizado a sus fieles californianos, se llegó a la conclusión de que tenían una de las mayores esperanzas de vida del mundo: 85,7 años para las mujeres y 83,3 para los hombres. Esto daría un promedio que sería incluso mayor al de los japoneses de Okinawa.

El secreto de los adventistas parece basarse también en su estilo de vida. Son vegetarianos, tienen prohibido el alcohol y el tabaco, por lo general no presentan sobrepeso y en su mayoría mantienen actividad física regular. Y además tienen la fe.

País viejo, sistema agotado

A pesar del cambio mundial de tendencia, las personas que hoy alcanzan esas edades son minoría. Según Savio, Uruguay ha visto cómo su población envejece pero no ha sabido afrontar la situación. "Creo que es un tema que nuestra sociedad no ha encarado de forma madura". Para él es necesario imitar las políticas que se realizan en países como España, donde existe un Plan Gerontológico Nacional que apunta a cubrir los distintos aspectos de la vida de los ancianos, como la parte sanitaria, de cuidados, transporte, cultura y entretenimiento.

A su entender, el modelo que existe en Uruguay, donde la familia debe encargarse de los ancianos, "está completamente agotado". Es que los núcleos familiares son cada vez más pequeños y las mujeres se han insertado en la vida laboral y ya no se dedican a cuidar a los ancianos.

El demógrafo Juan José Calvo señaló que existen tres grandes áreas que se ven afectadas cuando la población envejece: los sistemas de salud, las jubilaciones y pensiones y la capacidad de la sociedad para innovarse.

Respecto a la cobertura médica, el doctor Álvaro Pintos, director de la Cátedra de Geriatría, sostuvo que "hay carencias" para tratar a las personas de la tercera edad. La atención de los ancianos es mucho más dificultosa y según su experiencia, un 15% de adultos mayores consume el 60% de los recursos de un hospital. Esto implica que las personas más jóvenes solventan en gran medida el cuidado de los mayores.

Lo mismo sucede con las jubilaciones y pensiones. La economista Marisa Bucheli, quien realizó estudios sobre el tema, señaló que una de las consecuencias de que la población envejezca es que las personas en "edad de trabajar deben hacer un esfuerzo cada vez mayor".

En Uruguay la pirámide etárea, según datos del INE, es la siguiente: de 0 a 24 años hay 1.275.858 personas, de 25 a 49 son 1.064.901, de 50 a 74 hay 708.267 y de 75 años en adelante hay 191.977. De los últimos, 3.420 alcanzan edades superiores a 95 o más. Calvo señaló que es una pirámide envejecida y que cada vez lo será más.

Para contrarrestar la carga de un mayor número de ancianos, los sistemas jubilatorios adoptan por lo general dos medidas básicas. Una es aumentar la edad de retiro, que en Uruguay ya se aplicó en 1995, cuando se estableció como requisito para jubilarse 35 años de aportes, contra los 30 que se exigían antes. La otra medida típica es que los trabajadores deban aportar más dinero.

Otra dificultad que presentan las sociedades envejecidas es un factor más "intangible", opinó Calvo. Es el hecho de que se pierde capacidad para la innovación. Esto parece coincidir con la idea generalizada de que los uruguayos son personas demasiado tradicionales.

Pero no todo es negativo. Según Savio el envejecimiento de la población puede ser beneficioso. Al menos la mitad de los adultos mayores ayudan monetariamente a personas de otras generaciones gracias a sus pensiones y jubilaciones. "Todos sabemos de abuelos que le pagan estudios a sus nietos o ayudan a sus hijos", dijo.

Por otra parte, en los países desarrollados los servicios para ancianos son considerados "yacimientos de empleos". En España, por ejemplo, 900.000 personas tienen empleos directos en este sector.

Existe otro aspecto que muchas veces es pasado por alto, que es la experiencia que los más viejos pueden aportar a las nuevas generaciones. Savio cree lamentable que muchas veces los medios de comunicación fomenten "una visión negativa" de los ancianos, y de la "calamidad que implica para nuestra sociedad tener tantos adultos mayores".

Para bien o para mal, lo que es cierto es que Uruguay y el mundo siguen sumando pobladores ancianos. Por ahora, el envejecimiento se está dando en forma bastante natural. Pero es un hecho que cada vez habrá más herramientas artificiales para prolongar la vida.

En la Universidad de Medicina de Innsbruck, Austria, están desarrollando una vacuna para frenar el envejecimiento del sistema inmunológico, que estaría asociado a un virus (citomegalovirus) que se desarrolla a temprana edad. Los avances en el campo de la biotecnología también pueden aportar a la "fuente de la juventud". Con la investigación en células madre se podrán generar órganos completamente nuevos que sirvan para reemplazar a los deteriorados por enfermedades o por el mero proceso de envejecimiento natural.

Los estadounidenses han visto crecer la población de centenarios de forma muy importante. Tanto que ya se habla de un boom de bisabuelos. Quién sabe, tal vez dentro de algún tiempo llegar a cumplir 100 años no sea algo tan extraordinario.

Quizás habría que preguntarle al italiano Giovanni Viglione, de 100 años, quien acaba de conseguir que le renueven hasta enero de 2008 el carné de conducir y continuará viajando con su vieja Fiat 500 por las carreteras de Rovereto, donde vive. Cumplirá 101 al volante.

Vidas y pico

María Delia Matiagua (Canelones). Nació en San José el 12 de mayo de 1904. Vive con su hijo y su nuera desde que enviudó hace 26 años. Hace 15 se afincaron en Progreso.

Es la mayor de tres hermanas que aún viven de un total de siete. Hasta ahora nadie de su familia llegó a los 100, pero sus hermanas van por el mismo camino: Carmen Aída tiene 97 y Vicenta Jorgelina 92. "Somos nuevitas", bromea María Delia. Una de sus características más salientes es el humor. Desde el inicio de la charla hasta el final -que se negaba a aceptar con reiteradas invitaciones - se rió de sus anécdotas, que recordó con una nitidez asombrosa.

A los 21 años se casó con su vecino Francisco Pérez: "éramos muy pobres" y "mi padre y mis hermanos nos ayudaban". De esa unión nacieron cinco hijos; dos fallecieron siendo bebés. De los otros tres ya nacieron ocho nietos y 15 bisnietos.

La clave de su longevidad: "Soy muy feliz gracias a Dios". Es sana, la han visto muy pocos doctores y puede comer de todo. Le gusta viajar y "si fuera por ella se pasaría en la camioneta", dice Elba. Al preguntarle por el futuro, entre risas contesta: "Lo veo muy largo".

Una vez Elba escuchó a María Delia hablando sola en su cuarto: "¡Ay Dios! ¿Cuándo estaré con vos? Pero mirá que no tengo apuro", le aclaró por las dudas.

Filomena Lugo de Urruty (Durazno). Vive en Durazno, el 6 de agosto cumplió 100 años y lo festejó en el club Covinuvi. Es la mayor de 11 hermanos de los cuales sólo viven cinco. Enviudó temprano y no tuvo hijos. Trabajó como cocinera y empleada doméstica en la estancia San Martín y luego desarrolló tareas en varias iglesias, de donde se jubiló.

"Doña Coca" es la más conocida del barrio y siente como un privilegio que la calle donde ha vivido gran parte de su vida ya lleve su nombre. Aunque sus familiares la invitan a vivir con ellos, prefiere estar sola en su humilde casa "escriturada en 1936".

Rebate a quienes dicen que hay miseria en la sociedad actual. "Miseria no hay, hay haraganes. Yo nací en 1906 y no daban la comida como ahora en todos lados, hasta en las parroquias".

"Los años me están avanzando, pero me acompaña Dios y no le tengo miedo a la muerte".

Félix Vidal (Paysandú). El 25 de febrero cumplirá 101 años y afirma que "será por fuerte nomás" ya que no siguió ninguna receta. Su vida en el campo fue distendida y eligió no casarse para moverse "de un lado para otro" sin compromisos.

Hasta hace tres meses Félix seguía viviendo solo y una sobrina lo convenció de que era mejor el Hogar de Ancianos Enrique Chaplin. El primer mes no fue fácil. "Me daban comidita livianita como para enfermo, y yo no estoy enfermo", comenta Félix. "Me sentía débil y les dije que necesitaba comida sana, pero fuerte".

Félix dice que no sabe si su longevidad tiene explicación genética porque no conoce la historia de su familia. Quedó huérfano a los siete años, lo separaron de sus cinco hermanos y lo crió una familia que le enseñó a trabajar en el campo. No fue a la escuela y sólo sabe firmar.

A Félix le gusta decir que tiene 100 años y ocho meses y que vivirá "mientras Dios se lo permita".

María Inzaurralde (Lavalleja). Nació el 22 de marzo de 1900. Aunque su organismo está intacto, pasa muchas horas del día dormida, como si fuera un bebé. Vivió la mayor parte de su vida en campaña, donde crió a sus tres hijos hoy fallecidos.

Afirma que la receta para vivir tantos años ha sido su ingesta de whisky. En sus mejores años consumía en promedio dos botellas al mes y hoy toma casi una, pero nunca se la vio ebria. Su familia y allegados coinciden que eso es lo que la ha mantenido viva hasta hoy.

A los 100 años sufrió una fractura de fémur y fue intervenida con anestesia general. Durante el pos operatorio, como la notaban decaída, la familia solicitó autorización para darle "una medida de su remedio" y a las pocas horas mejoró. Meses después caminaba.

Se alimenta de forma normal, toma mate y en el último chequeo médico los valores registrados fueron similares a los de una persona 20 años menor que ella.

Filomeno González (Salto). En el Hogar de Ancianos del Ministerio de Salud Pública vive Filomeno González. De acuerdo a su cédula no llegó al centenario porque indica que nació el 5 de julio de 1908, pero quienes lo conocen aseguran que ronda los 103 o 104 años y fue inscripto tarde. Él dice que hace pocos días cumplió 85 y, aunque no puede caminar, su memoria lo lleva a sus primeros años por Río Negro.

"Conocí el látigo y el rigor del trabajo que nos imponía mi padre y cuando abandoné la estancia de mi familia seguí de peón de campo por estos pagos", contó.

Nunca se casó. Dice que llegó a su edad lúcido porque nunca "chupó" alcohol. Su receta: "Asado de oveja y un buen mate amargo". Filomeno es una institución en el hogar y el personal es su "única familia".

"Nunca fumé y ponga también que nunca hablé por teléfono. Y no se olvide de decir que tuve novias porque eso sí es bueno para la salud", dijo entre carcajadas.

Historias largas y famosas

En uruguay EL CENTENARIO más famoso fue Rodolfo Tálice, médico, etólogo y presidente del Partido Verde. En sus 100 años de vida realizó más de 200 publicaciones, y participó 18 años en el programa radial En vivo y en directo, donde exponía sus ideas y se convirtió en un clásico. Hasta los 50 se inclinó por el tenis. Luego se dedicó al golf y jugó hasta los 94 años.

Fuera de fronteras hay otras personas célebres y centenarias. Nacida en 1900, la Reina Isabel, madre de la actual monarca inglesa, vivió hasta los 101 años. Se casó en 1923 con el príncipe Alberto, quien más tarde se convertiría en el rey Jorge VI. En la Segunda Guerra Mundial la pareja real resistió contra Alemania. Tras la muerte del rey en 1952, se convirtió en Reina Madre y una de las personas más queridas por los ingleses.

El escritor y filósofo alemán Ernst Jünger llegó a los 103 años. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en 1914 fue al frente. De su experiencia surgió el libro Tempestades de acero, un clásico de la literatura bélica. Allí exaltó el militarismo pero luego, durante la asunción del nazismo, renegó de su postura: "El uniforme, las condecoraciones y el brillo de las armas, que tanto he amado, me producen repugnancia", dijo.

Otro famoso que cruzó la barrera de los 100 años y sigue con vida es Albert Hoffman, el científico descubridor del LSD. Nació en 1906 en Suiza y defiende la despenalización del ácido lisérgico, al cual denomina como una "medicina para el alma".

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar