PAULA BARQUET
En julio comenzaba a dimensionarse una crisis financiera mundial que, aparentemente encontraba a Uruguay bien preparado. El por entonces ministro Danilo Astori daba señales de certera fortaleza y tranquilidad ante las turbulencias y el FMI anunciaba "dificultades moderadas" para las economías emergentes latinoamericanas.
Con el paso de las semanas aumentó la cautela. Un Astori más recatado reconocía una mayor preocupación y los analistas ya pronosticaban malas noticias. En agosto comenzaron las proyecciones de un entorno mucho menos favorable, el fin del "quinquenio de oro" (2003-2007) y la entrada a la recesión mundial. Se habló de una segunda Gran Depresión.
Los expertos trajeron calma. La crisis de 1929 constituyó una debacle mucho mayor, por la que cerraron miles de fábricas y de bancos. Esta no llegará a esos niveles, aseguran.
En Uruguay la comparación más inmediata fue con la crisis de 2002. Pero hace seis años la situación era distinta y por eso el gobierno ha afirmado que esta nueva coyuntura mundial nos agarra "bien parados".
Hay consenso: el gobierno hizo bien en concretar la última operación de recompra y canje de la deuda externa, con tasas de interés relativamente bajas, ya que le restó vulnerabilidad al país. Otros componentes de ese buen posicionamiento son: más reservas y diversificación en depósitos y comercio exterior, mayor independencia respecto a Argentina (en cuanto a depósitos y turismo), y regímenes bien establecidos de metas inflacionarias.
Además, los analistas coinciden en que la primera etapa de la crisis benefició a Uruguay porque veníamos de una fuerte demanda externa de materias primas a la que se sumaron los precios altos de nuestros commodities, los productos agrícolas cotizados a nivel internacional. A ese contexto favorable se le agrega una buena situación interna respecto a los ingresos de los hogares. La economía uruguaya presentaba un ritmo de crecimiento elevado del PBI, ubicado en 10,8% para el primer trimestre de 2008.
Sin embargo, no todo era auspicioso. Un análisis de Pablo Rosselli, Javier de Haedo y Gabriel Oddone aseguraba que Uruguay había desaprovechado la fase alta del ciclo económico y había gastado en vez de ahorrar para los tiempos difíciles. De Haedo explicó a El País que el país enfrentaba la coyuntura con un gasto público alto, impuestos elevados, déficit fiscal, deuda (bien administrada, pero aún alta), competitividad averiada y salarios al alza. Todos eso le restaría margen de maniobra al país.
El 29 de setiembre el dólar tocó fondo e inmediatamente empezó a recobrar su valor. El mundo comenzó a abaratarse en dólares, lo que perjudica al país: antes de la crisis Uruguay se ubicaba más barato que el resto, y ahora no. Según explicó De Haedo, no se sabe qué tan fuerte será la caída, pero sí que la habrá.
Hasta ahora los efectos más importantes son un enlentecimiento de las exportaciones, un aumento del tipo de cambio y unas tasas de interés cada vez más elevadas. Aunque los analistas coinciden en que la proyección temporal es incierta, el panorama dista de ser favorable. De todas formas, estiman que los efectos a mediano plazo serán visibles recién en la segunda mitad de 2009.
"El marco externo que propiciaba un descenso del tipo de cambio se ha visto modificado y ahora cabe esperar menores precios de exportación, una mayor aversión al riesgo de los inversores y más restricciones de crédito en los mercados internacionales", según explicó el economista de la consultora Deloitte, Pablo Rosselli. "Todas esas son repercusiones para los siguientes 18 meses", agregó el experto.
A comienzo de mes, el peso uruguayo comenzó a devaluarse. La economía uruguaya no es tan fuerte como muchos creían y al revalorizarse el dólar, nuestra moneda perdió poder. Subieron las tasas de interés, por lo que se esperaría un crédito cada vez más escaso, caro y difícil de conseguir, y una inevitablemente repercusión en los niveles de actividad. Sin embargo, los efectos no siempre se suceden linealmente. Pablo Moya, economista de la consultora Oikos, explicó que los manuales de texto dicen que va a haber una natural restricción del crédito. Sin embargo, en la plaza local los depósitos aumentaron. "Hay elementos que a veces no tienen explicación", señaló el especialista. "Tampoco es lógico que frente a una caída tan dramática como la del dólar, la gente siga confiando en esa moneda", advirtió.
"Sigue siendo la moneda que rige las economías globales y va a seguir siendo así. ¿Cuánto va a apreciarse? Todos creemos que debería llegar a un nivel de equilibrio, pero tampoco de posicionarse como `la` moneda porque los fundamentos de su economía ya no son los mismos". Los últimos días el dólar parece haber llegado a ese punto y comenzó una tendencia a la baja. Se debe, entre otras cosas, a que los depósitos en el mundo están abandonando el dólar y volviendo a su moneda local.
Los bonos del Estado disminuyeron más del 20% de su valor y sus tasas de interés se duplicaron. El economista de KPMG Marcelo Sibille, consultado por Qué Pasa semanas atrás, explicaba que los bonos de los mejores bancos internacionales ya estaban en esa situación y por eso era lógico que sucediera lo mismo con los nuestros. La baja de los bonos se ve reflejada en la suba del riesgo país medido por República AFAP, que para estos días ya se ubica en el entorno de 500 puntos básicos, valor que Pablo Rosselli estimó "francamente alto".
Sibille anunciaba, por otro lado, que el impacto también se haría notorio en el momento en que Uruguay saliera nuevamente a colocar deuda externa. Las tasas no serán tan favorables como lo fueron la última vez.
AMENAZAS VARIAS. Aún es temprano para medir los efectos sobre las exportaciones. Las cifras de agosto y setiembre ya dan cuenta de una desaceleración, pero convendría esperar las de octubre para sacar conclusiones certeras. Por ahora, los analistas coinciden en que los efectos a corto plazo serán visibles en el mercado de bienes. Principalmente, la crisis cristaliza en un descenso del precio de los commodities. En Uruguay, estos venían aumentando a un ritmo importante y a mitad de setiembre comenzaron a revertirse, acompañando el fortalecimiento del dólar y el enlentecimiento de la demanda global. Las caídas de precios son variadas. La soja bajó 45%, el trigo 50% y la carne 20%. Si estos valores se analizan en perspectiva histórica, no representan un cambio tan negativo.
Por otro lado, la desaceleración responde a una pérdida de dinamismo en las cantidades exportadas. Uruguay atraviesa un período especialmente extenso de pos-zafra en el mercado cárnico debido a la falta de lluvia. Los volúmenes físicos cayeron un 30% en el bimestre agosto-setiembre contra el mismo período de 2007. En otros sectores, como el de los lácteos o el de los cereales, también se vio un estancamiento en cantidades.
La desaceleración se explica, además, por un descenso de la demanda mundial: "El mercado internacional de materias primas está bastante trancado porque las restricciones de crédito dificultan la operativa del comercio exterior, y porque los compradores están bajando sus stocks a la espera de que los precios caigan más", explicó Rosselli. "Ese es un efecto de corto plazo que esperamos que sea transitorio. En semanas seguramente el comercio exterior se va a reacomodar, aunque quizás lo hará a precios más bajos", aseguró. Una menor rentabilidad del sector exportador puede mitigarse con la suba del dólar porque implica que las transacciones tendrán más valor. Igual, Rosselli considera que el shock será negativo.
Pablo Moya advierte que en el mercado de bienes también opera cierto grado de paranoia: "Algunos sectores, principalmente los commodities, es de esperar que sufran el impacto de la crisis. Pero otros no, o por lo menos no con el dramatismo que manifiestan, que son los más asociados a los servicios", opinó.
Por otro lado, el economista señaló que la importación también recibirá un impacto y también es importante, porque si se trata de maquinaria que se utilice para producir, entonces también representa un indicio: "Si importás menos es porque entendés que va a haber una baja en tu demanda", explicó.
La industria en general, descontando lo que sucede en el mercado agropecuario, no se ha visto afectada. El panorama es, incluso, positivo: hay varios emprendimientos en puerta. Por otro lado, la industria viene de un crecimiento importante debido a la presencia de grandes empresas como Botnia que mantienen al sector invulnerable. Sin embargo, es de esperar que los costos de producción aumenten y que eso conlleve cierto efecto a mediano plazo.
En materia de inversión, los últimos años en Uruguay fueron de gran impulso. El entorno internacional era favorable y el marco nacional resultaba más atractivo para los inversores que algún tiempo atrás. Con esta coyuntura, el entorno favorable desapareció. Y Uruguay, si bien se encuentra fuerte económicamente, enfrenta una suba considerable del riesgo país. Es de esperar que las inversiones extranjeras se limiten por este motivo y por el difícil acceso a créditos.
RELACIONES COMPLICADAS. Los consejos de salarios, que ya venían con dificultades en la negociación, también se vieron afectados por la coyuntura económica mundial. Y es que las pautas salariales oficiales fueron fijadas en junio, antes de que estallara la crisis, y eso llevó a que los empresarios no quieran asumir tales compromisos en un escenario radicalmente distinto. Por eso se comenzó a manejar la posibilidad de establecer cláusulas de salvaguardia, esto es, que si la situación económica se agrava aún más, caigan los aumentos salariales y se renegocie el saldo pendiente.
Mientras el gobierno ve viable la propuesta empresarial, los sindicatos se muestran reacios a aceptarla y que todo depende del contenido del planteo. Según dirigentes gremiales, el Pit-Cnt no descarta la medida pero rechaza que la cláusula no haga caer todo el convenio, porque eso sería "un disparate".
Hasta ahora la situación llevó a enfrentamientos y acusaciones de los sindicalistas a los empresarios, alejando la posibilidad de concretar los convenios. La fecha límite para un acuerdo es el viernes 31. Si no se alcanza, entonces el gobierno laudará oficialmente los salarios, y los sindicalistas ya advierten que de ser así, no se quedarán de brazos cruzados.
Por otro lado, varios frigoríficos enviaron a sus trabajadores a seguro de paro. Los operadores industriales han alegado que la demanda ha caído en gran medida por la crisis y por la escasez de ganado preparado para faena.
El país se está despidiendo de un escenario muy propicio, y eso también repercutirá en el crecimiento. Rosselli, de Deloitte, estima que la economía va a crecer a un ritmo sensiblemente menor al que venía progresando: "Debemos esperar un crecimiento moderado frente al que veníamos teniendo. Prevemos que la economía va a crecer un 3,5% en promedio anual, que en realidad esconde un arrastre de los períodos anteriores. Probablemente en la medición del cuarto trimestre de 2009 veamos un crecimiento incluso menor, de 1%". De todas formas, el experto considera que no deberíamos observar caídas consecutivas del PBI, que es lo que configuraría un escenario de recesión.
Esa caída en el crecimiento afectaría los niveles de recuperación salarial: "La crisis pone en duda que se pueda mantener el ritmo de recuperación salarial, pero no estamos previendo hoy que los salarios reales caigan", advirtió Rosselli. Significa que el menor crecimiento económico deriva en un menor espacio para que el escenario siga creciendo en términos reales.
De todas maneras hay riesgo de que los convenios salariales terminen siendo muy optimistas por no contemplar ningún mecanismo de salida ante un eventual deterioro interno. "Podemos terminar sufriendo las consecuencias de tener salarios elevados en relación al funcionamiento de nuestra economía, y que eso derive en una reducción de los puestos de trabajo", explicó Rosselli.
EFECTO REBOTE. Uruguay recibe los golpes de la crisis por partida doble: directamente, y a través de nuestros vecinos. Esa fue la imagen que utilizó Javier De Haedo para explicar lo que suele llamarse efecto rebote. Uruguay es el país en el que más importancia cobra Argentina y Brasil, tanto por el comercio con ellos, como con los "contagios" tan temidos.
En este contexto, Brasil aparece atormentado pero sólido, afectado pero con control. Hace unos meses obtuvo grado de inversor por Standard & Poor`s. A diferencia de Uruguay, su deuda no está dolarizada sino en reales, y tiene independencia monetaria. Esto le da a Brasil suficiente independencia de la debacle financiera como para afrontar la crisis y salir bien parado, más allá del bullicio de las últimas semanas y la devaluación del real.
Ahora bien, los efectos en Brasil no serán tan devastadores para ellos, pero pueden llegar a incidir en Uruguay. Es nuestro principal comprador de materias primas, de modo que un recorte en sus importaciones afectaría inevitablemente nuestras exportaciones.
En cuanto al turismo, las proyecciones divergen. En principio es previsible que los brasileros prefieran sus playas a las extranjeras, pero lo que vienen a buscar acá tiene más relación con un clima de seguridad y tranquilidad que con el bolsillo. Otro posible efecto en relación al turismo es que opere a la inversa, es decir, que los uruguayos de clase media reconsideren vacacionar en Brasil y abandonen las playas nacionales. "Aparentemente lo que pasa afectaría, sí, el turismo de brasileros porque la devaluación en ese país fue sensiblemente mas alta que en Uruguay", opinó Jorge Camount. Sin embargo, algunos sostienen que si bien el real se depreció, la devaluación del peso uruguayo mitigará la del real y nuestros vecinos no encontrarán negativos los precios uruguayos.
El panorama con Argentina es distinto. Este otro vecino menos nombrado en las últimas semanas es el que nos traerá malas noticias en breve según prevé De Haedo. Mantiene un gasto fiscal insostenible, las retenciones a la producción de soja no funcionan, y la recaudación por sus commodities ha disminuido en grandes proporciones. La crisis en aquel país está repercutiendo en las compras y alquileres de viviendas en Punta del Este y se espera que lo haga cada vez más. De todas formas, un sector de la sociedad argentina continuará viniendo, según entiende Pablo Moya. Además, hay que considerar que los números de años anteriores fueron bajos debido a los cortes de ruta. Es decir, que el número de turistas este año puede llegar a resultar igual o mayor que el del año pasado, inclusive en este contexto de crisis. De todas formas, no se debe perder de vista que los argentinos siguen siendo nuestros principales turistas. Desde el Ministerio de Turismo se han anunciado medidas de índole impositiva y otras facilidades para atraer a nuestros vecinos en la mayor medida posible.
Consideran que las actividades turísticas no serán las esperadas apenas un par de meses antes. Sin embargo, Pablo Moya entiende que hay cierta exageración en la percepción, y que tanto de Argentina como de Brasil llegarán turistas este verano.
El gobierno debe preocuparse
"La producción industrial, a excepción de la producción de pasta de celulosa y la refinería, ha disminuido. Se debe a una menor competitividad producto del encarecimiento de los costos de producción y un tipo de cambio menos favorable. Eso lleva a una baja importante en el precio y la demanda de los productos que Uruguay vende. Va a haber una retracción en el consumo que evidentemente nos afecta, aunque todavía es difícil de cuantificar en qué magnitud. Nosotros no elaboramos ninguna medida concreta. Creemos que el gobierno debería trabajar en la reducción de los costos a través de una menor presión tributaria, subsidios o beneficios de algún tipo. Por ahora no han cerrado industrias pero han empezado a trabajar menos y en muchos casos han tenido que enviar a trabajadores al seguro de desempleo". (Roberto Villamil, gerente de la Cámara de Industrias)
El temido efecto contagio
A diferencia de 2002, no se prevé un "efecto contagio". El origen no fueron los bancos argentinos, sino en las hipotecas estadounidenses. "Uruguay ya se contagió", afirmó Jorge Camount. Y las repercusiones que puedan ocurrir en Argentina dependen de la política monetaria que implementen.
El sector inmobiliario optimista
Campiglia
Antonio Serra, de la empresa constructora, no prevé que el sector se contraiga. "En nuestro mercado no hay una burbuja especulativa y las hipotecas tienen una participación marginal. Además, están fuertemente reguladas. El sector inmobiliario seguirá activo".
201 Es la cantidad de puntos básicos en que aumentó el riesgo país de República AFAP, de 292 a 493.
0,5% Es el aumento de la tasa de referencia del mercado en pesos fijada por el BCU, de 7,25 a 7,75% anual.
16,6% Es el incremento aproximado del tipo de cambio desde mediados de agosto
Opiniones
Menos consumo
La baja en el turismo puede causar un impacto negativo en el consumo. Quienes sientan amenazados sus activos, a corto plazo compran menos. Luego, todos aquellos que tengan algún vínculo con el comercio exterior, reciben menos ingreso de divisas y disponen de menos para consumo interno. Y quizá lo más importante: la psicología del consumidor. A muchos no les afectará la crisis, pero por cautela nomás, se apretan el cinturón. Si todos los agentes económicos hacen lo mismo, nos irá mal a todos. (Ec. Mauricio Oppenheimer, gerente general de Punta Carretas Shopping).
Precios bajos
La caída del precio de los commodities repercutirá en un descenso de precios y eso a la gente le sirve. Nosotros ya bajamos dos veces la carne, y lo mismo pasa con otros commodities. Cuando el proveedor baja el importe, bajamos el precio al consumo. Pero lo que puede pasar es que una pérdida de competitividad en algunos mercados haga caer los ingresos, y lleve a una disminución del consumo, una caída de facturación, de rentabilidad y menos recaudación tributaria. Nosotros somos optimistas, de todos modos. (Cr. Fernando Vieites, presidente de la Asociación de Supermercados).
La reacción del gobierno
Por ahora, el gobierno se ha manifestado ocupado, más que preocupado. El presidente Tabaré Vázquez comentó a la prensa extranjera días atrás que en Uruguay "la crisis nos preocupa pero no nos alarma" y se realiza "un monitoreo constante de la situación internacional". Vázquez ratificó las declaraciones de las autoridades del MEF de que Uruguay está "bien financieramente", con buenas reservas internacionales y mayor independencia de Argentina y Brasil. Hasta ahora, las únicas acciones gubernamentales en relación a la coyuntura mundial respondieron al interés en mantener las metas inflacionarias y evitar el aumento desmesurado del tipo de cambio. Para eso el BCU vendió unos 80 millones de dólares en las últimas semanas. Además, fijó un aumento de la tasa interbancaria para evitar la especulación en esa moneda. "No se ven políticas oficiales más allá de la monetaria", dijo Pablo Moya de la consultora Oikos. El economista estimó que el gobierno mejoró su diagnóstico: "Estamos todos corrigiendo los diagnósticos". Pablo Rosselli, de Deloitte, consideró que las medidas adoptadas por el BCU se explican por la preferencia de evitar la suba del tipo de cambio, y que la contrapartida reside en el aumento de la inflación.