EL PAÍS
EDITORIAL
Si el objetivo de Angela Merkel en su visita ayer a Atenas era apaciguar a los griegos y rebajar el sentimiento en su contra, fracasó en el empeño. Pues aunque insistió en la necesidad de que Grecia siga en el euro y en que los sacrificios de sus ciudadanos darán fruto, no aportó ningún consuelo ni apoyo suplementario a una sociedad desmoralizada. Tras seis años de recesión, los griegos no ven aún la luz al final del túnel y ha crecido su rechazo a la canciller alemana, en la que personifican -injustamente- sus males. Merkel debía saber que los ánimos estaban soliviantados y que su presencia iba a despertar los demonios de los recuerdos de la dura ocupación nazi de Grecia.
ABC
BEGOÑA CASTIELLA
Siguen siendo muchos los griegos que sin tener nociones de economía ni de la situación de los mercados consideran que es la culpable principal de la recesión y los recortes que sufren. Grecia necesita a Alemania y esta visita es mas que un símbolo. Los radicales griegos, que forman el partido líder de la oposición Syriza y son contrarios al programa de recortes, sin haber nunca explicado de dónde sacaría Grecia dinero para pagar sus gastos de sueldos y pensiones y deuda pública (...) Con su rígida mentalidad comunista, lo critican todo. Les traduzco literalmente las declaraciones del diputado radical Dimitri Stratuli: "En mi opinión, viene para mal."