Una vez al año, todos somos gauchos. Bueno, algo así. Las criollas, ya sea en la Rural del Prado de Montevideo, en el Parque Roosevelt canario o en tantos ruedos que se arman en todo el interior, se convierten en el paseo más concurrido. Y las domas se roban toda la atención. Por las habilidades de los jinetes y, por qué no, cuando el que vence es el potro.