Fabián muro
Junto a su colega Jorge Luis Marzo, el videoartista y crítico cultural Arturo Rodríguez analizó casi 3.000 spots electorales de todo el mundo. Tomando como punto de partida el año de la caída del Muro de Berlín, 1989, llegaron hasta 2008, cuando expusieron todo ese material en Barcelona bajo el título Spots electorales. El espectáculo de la democracia. Hace poco, Rodríguez estuvo en Uruguay para dar una charla en el Centro Cultural de España acerca de las conclusiones de su investigación.
-¿Cómo surgió la idea de recopilar tantos spots electorales?
-En primer lugar, como ciudadanos interesados en la vida política. Nos llamaba la atención la sofisticación de los spots, y su evolución. Es un subgénero audiovisual. También vimos que no había una investigación así, que tome al spot como unidad, como objeto de estudio.
-¿Cómo consiguieron los spots?
-Trabajamos con documentalistas y otros investigadores que nos acercaron spots de muchos lados del mundo. Empezamos sin ningún tipo de prejuicio y armando una base documental grande.
-¿Qué criterios emplearon para clasificarlos?
-Primero por origen, pero luego fuimos armando categorías más acorde a nuestra mirada, que es cultural y no politológica. En total llegamos a 14 categorías. Algunas de ellas fueron "Animación", "Patria", "Gemelos" -spots que eran idénticos de un país y una cultura distintas-, "Oponentes" "Lágrimas", y "Musical". En América Latina, la presencia musical es agobiante. Claro, en América Latina es en donde se oye la música en la calle. Si te vas a Noruega, probablemente no la escuches muy a menudo (ríe). Hay mucho jingle también, una herramienta de penetración fantástica. El partido que tenga buenos músicos de su lado, tiene una gran riqueza. Parodia era otra categoría, una muy rica porque ahí se cruza todo: las ideologías, los contextos, las líneas partidarias, todo. Un spot paródico puede venir de Gran Bretaña o Filipinas.
-¿Qué les pareció lo que vieron de Uruguay?
-Vimos cosas muy majas, bien hechas. La verdad que me sentí un poco raro hablando de esto ante un auditorio uruguayo. Pensaba que tal vez alguien podría preguntarse "¿Qué coño puede decirnos un español a nosotros que ya tenemos tanta experiencia encima y en un país en donde se habla tanto de política?". Porque acá hay una tradición de partidos muy fuerte y antigua.
-¿Qué hicieron con los spots?
-Luego de la muestra, todos fueron para una base de datos y con sus propios tags. Si uno busca, por ejemplo, un aviso electoral que esté hecho como una ficción y esté dirigido a una mujer en Bélgica, pones "Bélgica", "Mujer", "Ficción", y te aparece uno. Todo eso está disponible en un disco duro que se puede vender a públicos y privados y cuesta 1.000 euros. Es algo pensado principalmente pensado para facultades y centros de investigación. También hay un sitio web de la muestra (www.spotselectorales.com).
-¿Qué conclusiones sacaron luego de todo el proceso?
-Una de ellas es que si la "videopolítica" no ha suplantado ya a la política, pues lo está haciendo. La explotación de la imagen del candidato es primordial, como la puesta en escena. Si hay carisma televisivo, se aprovecha al máximo. Si por el contrario el fuerte del candidato es el contacto con la gente, la cercanía, ese candidato hará una campaña "por tierra", como se le dice. No se lo pone en un debate. Como consecuencia, hay una evacuación del discurso ideológico en el spot electoral. Otra conclusión que constatamos es que hay una tendencia a la homogenización. Todo lo contextual se deja de lado. Una campaña en Grecia puede ser muy parecida a una campaña en Argentina. Es como que se está vendiendo un producto, una pasta de dientes. Pero el que vende pasta de dientes tiene que legitimarse regularmente. Una vez cada tanto tiene que salir a decir "seguimos aquí, somos buenos, tenemos calidad". El spot se hace, se muestra y luego se olvida.
-¿El aviso político forma parte de una pauta consumista, un use y tire?
-Sí, es como un kleenex. Las campañas son muy intensas en pedir el voto pero luego las responsabilidades se diluyen bastante. Probablemente esa sea una de las causas por la que los partidos políticos prácticamente no tienen archivo. Cuando nos contactamos con ellos, la mayoría no tenía un archivo de lo que habían hecho en materia de campaña política. Hubo excepciones, pero por lo general nos daba la impresión de que los partidos pensaban "mejor no acordarse de esa promesa que hicimos".
-¿Qué sorpresas se llevaron al ver tantos anuncios?
-Una muy grata es que la creatividad se sigue imponiendo al dinero. Vimos cosas hechas con muy poco presupuesto que superaba en eficacia e ingenio avisos con mucha inversión. No fue tan grato darse cuenta de que hay cada vez menos tiempo para asimilar el mensaje político. Antes en España, un spot podía durar ¡hasta dos minutos! Eran casi minirreportajes, que cubrían muchas cosas, y al final, el busto parlante, el candidato hablando. Eso se acabó. Es muy lento, muy tedioso. Ahora, el spot se inserta en el flujo televisivo como si fuera un producto cualquiera. Ha llegado a ese punto que, como decía Pierre Bordieu, el tiempo del acontecimiento no deja tiempo para pensar.