Martín y su novia acostumbran tomar mate en la Rambla. Todas las nochecitas se sientan sobre el muro, y se divierten mirando al resto de los que cumplen la misma actividad. Cada tanto, uno o más de los que toman mate, miran la puesta del sol o conversan distraídamente, se sobresalta y se para de golpe, con un susto de muerte.
"Nosotros sabemos dónde están las madrigueras de las ratas", dice Martín, "porque alguna vez también nos asustamos cuando nos corrieron entre los pies. Ahora nos divertimos sentándonos a ver a los que están arriba de las cuevas de ellas, cómo tarde o temprano se pegan un susto".
Martín y su novia son otros montevideanos más que, a su manera, aprenden a convivir con las ratas.
Roedor segmento ABC1
Las ratas son parte del entorno urbano. Están en toda ciudad, en cada barrio y en cada cuadra. Hay lugares más poblados de roedores que otros, pero prácticamente no hay sitio a salvo.
En ese panorama, a los miembros de ambas especies, ratas y humanos, no les queda más remedio que convivir. La cercanía excesiva es incómoda para ambos, pero para la rata es fundamental. Del entorno humano obtiene su alimento, y con el correr de los siglos ha aprendido a adaptarse a sus vecinos. Por eso es tan difícil deshacerse de ellas, porque están específicamente adaptadas a vivir en los recovecos del hábitat humano. Tanto es así que los que se dedican a cazarlas actualmente optan por hablar de "control de plagas" antes que de exterminación o simple fumigación. La idea es que la rata permanecerá en las cercanías, lo correcto es reducir su presencia al mínimo posible.
No en todas partes de la ciudad las ratas son vistas de la misma manera. En barrios más privilegiados, son una irrupción alarmante y escasa. En barrios marginales, son una presencia continua y una preocupación diaria.
Eduardo Caviglia, que lleva más de 23 años dedicados al control de plagas, ha sido testigo de los cambios de enfoque respecto al problema. En la actualidad, dice, "lo que hacemos es el manejo de la plaga. La idea es que se le quiten los beneficios que hace que se establezca en determinado lugar".
"Roedores" (ratas y ratones) es uno de los 24 rubros que maneja la empresa de Caviglia. "Los métodos han cambiado, básicamente en que el énfasis se pone ahora en que se trata de integrar. Se busca un sentido más holístico, tratando de que los roedores no tengan al mismo tiempo agua, comida y refugio", explica.
Otro exterminador con décadas de experiencia, Roberto Bruns, sostiene que el problema de las ratas es casi inextinguible. "Mientras la ciudad tenga bajo el piso cañerías de más de 200 años, las ratas van a tener dónde hacer nidos", dice.
Sin embargo uno de los cambios más espectaculares en cuanto a demografía de las ratas en Montevideo ocurrió en los últimos tiempos, desde que la Intendencia instaló los nuevos contenedores herméticos para basura. Con algo de tristeza, Caviglia explica que "el sistema (de contenedores) controla tres plagas al mismo tiempo: roedores, palomas y perros vagabundos. Nosotros tenemos a Montevideo dividido en 12 zonas para nuestro trabajo, y en las zonas donde se han instalado contenedor eslas llamadas por roedores han disminuido estrepitosamente. En Pocitos, la primera zona donde se instalaron, las llamadas bajaron un 90%".
Caviglia explica que paralelamente, en otras zonas de la ciudad ha aumentado el problema, en el mismo nivel que ha disminuido en los barrios céntricos. "Carrasco, por ejemplo, es el barrio más castigado en este momento.
El factor de atracción de Carrasco para las ratas es el agua. Las ratas necesitan mucha agua cerca. Dice Caviglia que "en Carrasco nos llaman mucho de casas con piscinas, donde hay piscinas lo más probable es que haya ratas. Necesitan mucha agua, y siempre viven en lugares con mucha agua cerca. Siempre recomendamos bajar el nivel de las piscinas lo más posible. Las ratas nadan bien, pero si se baja el nivel se tiran y después no pueden volver, nadan hasta que se ahogan".
La rata necesita mucha agua, pero le fascina la comida. Donde hay comida disponible, las ratas encuentran su camino. "Cuando se sacaba la basura en bolsas, se veían ratas en la calle, en los canteros y los árboles. Generalmente las ratas están adentro de las casas. Donde hay perros, por ejemplo, aprovechan la comida. La gente le deja comida a los perros, el perro come una parte, deja otra parte y después vuelve. Y mientras tanto la rata aprovecha. Un loro rompe el grano para comer, y lo que salta afuera de la jaula viene la rata y lo aprovecha", dice Caviglia. "La gente siempre piensa que la rata viene de al lado, de lo del vecino. Yo en veintipico de años trabajando, nunca encontré al dueño de las ratas. Si la rata entra es porque nosotros le facilitamos las cosas, eso hay que tenerlo claro. Y si aparece es porque tiene el nido lo más cerca posible de la comida. Es probable que esté adentro del relleno de una heladera o de un lavavajillas, o de un sofá. Los sofás con resortes son un lugar muy común para encontrarlas. Los depósitos vacíos, donde uno almacena cosas y nunca más las toca, son otro lugar ideal".
Mucha gente dice "vi una rata en casa". Según Caviglia, lo más probable es que haya visto diferentes ratas muy similares entre sí. La rata vive en clanes, y al ser los individuos hermanos, todas son muy parecidas.
Por más que sea omnívora y rutinaria, la rata no deja de tener alma de gourmet: "Un cliente tenía una pizzería", cuenta Caviglia, "y a las ratas les gustaban las pizzas con muzzarella y jamón. Las ratas se comían toda la parte esa y dejaban el resto de masa sola. Les pusimos todo tipo de cebo, pero no hubo manera. Hasta que no dejamos veneno en las pizzas de muzzarella y jamón, no pudimos exterminarlas".
Leyendas y verdades
En todas las ciudades del mundo habitan ratas, y promedialmente, en similar cantidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) informa que el promedio de ratas por habitante en cualquier ciudad es de entre 5 y 7 roedores, pero la cifra es vista con escepticismo por los profesionales.
Los roedores son un constante dolor de cabeza para las autoridades de las ciudades más afectadas. Nueva York tiene una plaga de ratas endémica, a la que combate con todos los medios a su alcance. En el parque Bryant de la ciudad se había implementado un sistema anti plagas con halcones amaestrados que, al mismo tiempo, espantaban palomas y cazaban roedores. El sistema debió suspenderse cuando uno de los halcones cazó el perro chihuahua de una ciudadana, creyéndolo una rata.
Reducidos a métodos tradicionales, los neoyorquinos se enfrentan al peor brote de ratas desde la década de los 70. Entre junio del 2003 y junio del 2004, la oficina municipal encargada del tema recibió 11.146 llamadas de queja por presencia de ratas. Una de las medidas propuestas para contener el problema es volver al viejo sistema de contenedores de basura herméticos.
De entre todas las especies animales que conviven con el hombre, la rata es la que posee el folklore propio más vasto. Su resistencia y adaptabilidad llevan a que las historias que las tienen como protagonistas sean casi increíbles. Caviglia cuenta cómo una vez, en un edificio que estaba desrratizando, un roedor cayó por el pozo de una escalera desde once pisos de altura. El profesional se asomó por la baranda a tiempo para verla estrellarse contra el suelo... y de inmediato salir corriendo en busca de refugio.
Abundan historias de este tipo, de caídas de gran altura sin mayores consecuencias. El esqueleto cartilaginoso de las ratas ayuda a amortiguar impactos, lo que también explica que pueda recibir golpes de una potencia desproporcionada para su tamaño, y salir indemne. Además, como los gatos, tiene la facultad de siempre caer sobre sus patas.
Las ratas son animales sorprendentes, extraordinariamente adaptables y la mismo tiempo poco flexibles. La paradoja hecha plaga. En la ciudad se encuentran ejemplares de dos tipos, la rattus rattus, (rata negra), y la rattus norvegicus, (rata marrón o noruega). Son dos de las 56 variedades del genero rattus. La rata noruega mide entre 18 y 20 cm., la negra entre 16 y 20. La noruega pesa entre 300 y 400 gramos, la negra entre 225 y 340.
La cola de la rata noruega es más corta que el cuerpo, la de la rata negra, más larga. Se trata de un animal extremadamente prolífico (ocho a 12 crías por camada la rata noruega, seis a ocho la rata negra), con cuatro a siete camadas por año.
Una rata adulta puede colarse por huecos de no más de un centímetro de apertura. Verticalmente saltan hasta 70 centímetros (con carrera, más de un metro). Horizontalmente, se las ha visto dar saltos de hasta cuarenta centímetros. Pueden excavar tierra dura y, con tiempo y en etapas, cemento liviano. Pueden caer de grandes alturas (diez pisos o más) sin sufrir daños. Pueden nadar distancias considerables, y sumergirse hasta 30 segundos. Trepan sobre plantas, cualquier superficie áspera, cables, caños y cuerdas. Tienen una visión muy pobre, pero excelentes olfato y oído.
Las ratas son omnívoras, con preferencias específicas. Ante la presencia de más de una fuente de alimentación, invariablemente comen siempre de la que más les guste. Necesitan entre 20 y 30 gramos de alimento diario. Los dientes de las ratas crecen a razón de 12 a 15 centímetros por año. Para mantenerlos de un tamaño manejable, el animal debe roer superficies duras constantemente.
Como contrapeso, su anatomía tiene puntos extremadamente delicados. Los que cazan ratas al aire libre saben que, con un golpe no muy fuerte aplicado con precisión en la nuca del animal, se lo mata de inmediato. También puede verse a gatos cazar ratas y ultimarlas de un zarpazo aparentemente débil.
Aunque es un animal de paladar refinado, la rata puede alimentarse de casi cualquier cosa. Si su comida preferida no está disponible, cualquier sustituto medianamente orgánico le viene bien. Incluso puede alimentarse de excrementos, si es necesario.
Su alta tasa reproductiva y su adaptabilidad al medio ambiente más hostil lleva a casos asombrosos. Marisa Laguardia, directora técnica de la empresa Control`s, relata un hecho insólito: varios años atrás la empresa fue contratada para deshacerse de una invasión de ratas en las cámaras de frío de un frigorífico. Cuando comenzaron a cazar a los roedores, descubrieron con asombro que estos se habían adaptado al clima interno de las cámaras: tenían un pelaje mucho más espeso y abrigado que lo normal, y de color blanco. En apenas unas pocas y veloces generaciones, se habían convertido en ratas árticas.
Hasta hay quien saca provecho de las ratas. Caviglia recuerda la ocasión en que asistió a la apertura de un depósito del puerto que había permanecido sellado por años: "Adentro estaba el cargamento decomisado de un barco, que eran bolsas de porotos. Bolsas y bolsas de porotos, del piso al techo y de pared a pared, almacenadas por años. Cuando se abrió el portón, vi lo que nunca había visto en mi vida: era como ver un hormiguero, pero de ratas en vez de hormigas. Habían hecho las cuevas directamente en las bolsas, no necesitaban ni salir a buscar comida, abrían la boca y les caían los porotos". Y sin embargo, ese cargamento no se desperdició: "Terminó comprándolo todo Moro, que lo mandó así como estaba a un molino y fabricó alimento para pollos".
Ratas de asentamiento
Para gran parte de Montevideo, las ratas son un tema mucho más cercano y complejo. Aquellos que viven en asentamientos o en las zonas más carenciadas de la ciudad tienen encuentros más directos, y a veces dolorosos, con los roedores.
Eva Andrade, licenciada en enfermería que atiende en la policlínica municipal del barrio La Paloma, está acostumbrada a ver ratas. "Las veo cuando voy a tomar el ómnibus acá a tres cuadras, de tardecita", dice. Ella vive en Salinas, donde también son un problema. Casi todos los pacientes que atiende Eva tienen algo que decir al respecto.
Los barrios y asentamientos alrededor de La Paloma están plagados de ratas, y los testimonios son incontables. Nibia, que vive en el barrio 33 Orientales, las ve pasar regularmente rumbo a un criadero de chanchos que está al fondo de su casa, donde encuentran alimento fácil. María, de Cibils y Verdún, tiene una rata tratando de entrara a su casa desde hace semanas, y tiene miedo de dejar veneno por los niños. Rebeca, que vive en La Paloma, siente a los roedores corretear por su casa cada noche, y duerme con la luz prendida, aterrorizada por lo que le pueda pasar a su beba de meses.
Raquel vivía frente a las obras de la línea de Saneamiento 3. Para prevenirse cuidaba de que no hubiera aberturas que no cerraran bien, ponía veneno y mantenía un gato (con el que no dejaba que jugaran los niños). A su vecina, no tan cuidadosa, las ratas le entraban por la luz que quedaba debajo de la puerta de entrada, y paseaban libremente por la casa. Raquel cuenta la historia de su tío, que vivía en una construcción frente a su casa, y al que una noche, cuatro años atrás, una rata le mordió la oreja mientras dormía y le arrancó parte del lóbulo. Otra historia de mordeduras la cuenta Valeria, de pasada para la escuela. A su hermano chico lo mordió una rata en el dedo gordo del pie, mientras dormía. Su papá, al otro día, mató cinco ratas en represalia.
Hay un claro escalonamiento en la manera de tratar el problema. Mientras más pobre el barrio, más cotidiana es la mirada ante el problema, y si se sigue descendiendo en la escala socioeconómica, se llega casi a la indiferencia.
Hay excepciones. Paola, de 18 años, vive en una humilde habitación con su pareja y su hija recién nacida, en el denominado barrio Nuevo Causeglia. La pieza, cuidadosamente sellada, está anexa a otras dos donde viven sus familiares. La pareja se preocupó especialmente de tapar todo hueco por donde pudieran entrar roedores.
En cambio en la otra habitación, sin puertas y con las chapas del techo apoyadas sobre los tirantes, es común que las ratas se paseen por todo el lugar. Junto a la casa de Paola se extiende un amplio bañado, y la casa está rodeada por los vertederos donde los vecinos clasifican basura.
Unos metros más adelante viven Walter y Susana. En una pieza anexa vive Alicia. Entre los tres, tienen siete niños. Walter cuenta cómo a cada rato limpia el terreno donde viven, pero las ratas siempre vuelven. En el terreno se ven los agujeros de sus madrigueras.
Susana muestra una heladera, que su marido acondicionó como ropero. Las ratas hicieron un hueco en el piso de tierra, y anidaron donde antes estaba el motor del electrodoméstico. En la pieza de Alicia, en la cama, está durmiendo su bebé más pequeño. Junto a él, ronroneando, el gato.