SEBASTIÁN CABRERA
Una caja de cartón con ropa adentro, acomodada contra la reja de un local abandonado. Esta es la casa de Javier -un hombre flaco, de 36 años y ojos saltones-, sobre la vereda de la calle Héctor Gutiérrez Ruiz entre San José y Soriano, ahí a media cuadra de la Suprema Corte de Justicia y a unos metros de la iglesia Dios es Amor, donde hasta 1987 funcionó el cine Radio City.
Son las nueve de una calurosa noche de noviembre y Javier está sentado en la vereda. Se rasca el codo, tira lo que queda de un cigarro y dice que en un rato irá hasta Rufino a ver si saca alguna moneda como cuidacoches. Javier habla lento. De día tiene "una parada" en Gutiérrez Ruiz, más hacia la rambla, pero la plata se le va rápido. "Lo que pasa es que yo consumo, no te voy a mentir", dice mientras se vuelve a rascar el codo. Hace silencio y comenta que la calle está brava. Y no queda otra que fumar.
El improvisado dormitorio -que hace unos días tenía un colchón de dos plazas, "que era de otro muchacho", y antes incluyó un sillón- está atrás de una volqueta y muy cerca de una obra donde se construye un hostel. Parte de la vereda está agujereada porque también está trabajando la compañía del gas. De mañana a veces se ve a Javier durmiendo boca abajo y justo por arriba de su "casa" pasa un caño de la obra, de esos que descargan restos de material sobre la volqueta. Cada vez que cae algo, hace mucho ruido. Pero él ni se entera.
Javier parece una persona tranquila. Dice que con la Policía no tiene problemas pero con la intendencia sí, porque "a veces pasan y se llevan todo". Con los vecinos tiene una relación buena desde que vive allí hace un año y algunos le dan comida, dice él. Pero ellos no cuentan lo mismo.
La historia de la calle Héctor Gutiérrez Ruiz es una de esas historias de zonas que en algún momento vivieron cierto esplendor y hoy están en una triste decadencia. La ex Ibicuy es de lo más feo del Centro. Los vecinos y comerciantes de esa cuadra reclaman desde hace años a la Intendencia de Montevideo, al Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y a la Policía por un grupo de gente que vive en la vereda -hay días que son uno o dos, hay días que son más-, hace sus necesidades y fuma pasta base allí. Todos dicen que no son violentos, pero el entorno está sucio. Hace unos meses juntaron firmas y no pasa nada.
Lo de la calle Héctor Gutiérrez Ruiz se replica en muchos otros puntos de Montevideo. En cinco años aumentó 10,3% la gente que vive en situación de calle, según las estadísticas del Mides publicadas el 4 de noviembre por El País. En 2006 había 320 personas viviendo en la calle y en 2011 eran 353. Casi la mitad (el 45%) vive en el Centro, Cordón, Parque Rodó y Ciudad Vieja. Hay una alta incidencia del consumo de pasta base y, por eso, el presidente José Mujica envió a mediados de año un proyecto de ley de internación compulsiva de adictos.
El proyecto, que autorizaba a internar a cualquier sospechoso de haber consumido drogas en la calle, fue trancado inicialmente por la bancada oficialista, que se oponía a votar una ley así. Pero ahora se afirma que una nueva versión será sancionada antes de fin de año. Uno de los borradores que manejaba el Ejecutivo, según publicó El País, habilita a trasladar a "centros de desintoxicación" a los adictos que se encuentren "en riesgo vital para sí o para terceros".
El alcalde de la zona, Carlos Varela, está convencido que el Parlamento debe aprobar una ley. "Llamale internación compulsiva, llamale internación sanitaria o lo que sea", dice Varela, "pero sí hay que tomar alguna medida que defienda los intereses de todos cuando hay problemas siquiátricos o de drogadicción, porque allí no se puede esperar una decisión voluntaria de la persona". Varela, de Asamblea Uruguay, dice que "no hay que poner por encima el derecho individual de quien decide vivir y drogarse en la calle" sobre el derecho colectivo.
"Como responsable del territorio recibo las demandas ciudadanas y creo que es imprescindible que se apruebe una ley", dice el alcalde. "Porque, si no, no tenemos herramientas para actuar". Varela admite que el tema de la gente en situación de la calle es una de las preocupaciones que más recibe de los vecinos del municipio B y que, en particular, la zona de la calle Héctor Gutiérrez Ruiz "es un punto muy céntrico que en términos estético-sanitarios está feo".
Cuando recibe denuncias, lo que hace el municipio es elevarlas a la Inspección General de la Intendencia o, directamente, enviar funcionarios al lugar, quienes levantan a las personas, les sacan "los trastes" y limpian el sitio. "Generalmente hacemos de mucamos de hotel: limpiamos y se vuelven a instalar", relata Varela. Y entonces plantea una interrogante: "Si no actuás, profundizás el daño sanitario. Pero, si actuás, les limpiás el rancho circunstancial que armaron para que lo vuelvan a hacer".
"LA PIPITA". La peluquería Eduardo está en Gutiérrez Ruiz desde hace cinco años, casi al lado de este improvisado hotel callejero que existe al menos desde que ellos están ahí. "Los ves con su pipita de pasta base, tirados en un colchón o en el piso, o haciendo un fueguito", dice un encargado. ¿Son violentos? Él hace que no con la cabeza. "Pero entre ellos sí se pelean", apunta una empleada desde el fondo, mientras le hace un brushing a una clienta.
Pegado a la peluquería está el edificio de Gutiérrez Ruiz 1289. La reja que pusieron en el frente hace unos años dejó el portero eléctrico del lado de adentro y hay que hacer malabares para tocar el timbre.
Adriana Trinidad recibe a Qué Pasa en su apartamento y cuenta que hace más de un año había una sola persona que vivía en la vereda. Era tranquilo, leía el diario y la revista Caras. Pero luego empezó a venir más gente a vivir y esa persona huyó. "Ahora de noche está poblado, a veces son cuatro o cinco", dice Trinidad.
Ella sabe que de tarde y de noche fuman con sus pipas y que generalmente de mañana duermen. "¿Pero qué pasa si un día llego de noche y uno de ellos está fisurado y me la da?", pregunta. A mediados de año se cansó y empezó una tanda de gestiones infructuosas. Llamó a la Intendencia y allí le dijeron que no podían hacer nada porque estas personas están en la puerta de locales comerciales vacíos, por lo que se considera que no viven en la vía pública.
También llamó al 0800 8798, teléfono del Mides para denunciar casos de personas en situación de calle, donde dejó un mensaje en un contestador. Pero no recibió respuesta. La última gestión fue ante la comisaría del barrio. "Yo la entiendo y le puedo tomar la denuncia", le dijo el comisario. "Pero nosotros no podemos hacer nada, esa es la orden que tenemos. Ellos no están cometiendo un delito. Si yo los saco, se van a otro lado", argumentó el policía.
Eso sí, los vecinos y comerciantes del barrio no están muy contentos con los de la Iglesia Pentecostal Dios es Amor, porque presumen que ayuda a esta gente. Una señora de pelo blanco y pocas palabras, encargada de la librería de la iglesia, dice que sí, que ellos les dan botellas de agua y los dejan pasar al baño hasta las 21.30, cuando cierran. "No nos gusta dejarlos pasar porque ensucian mucho", responde, "pero no podemos decirles que no".
Un comerciante que tiene un local a la venta en la ex Ibicuy, y que pide no ser identificado, dice que esta gente que vive en la vereda lo ha afectado a la hora de conseguir un comprador. "¿Sabés cómo hacen caca?", pregunta. Y responde: "Se meten adentro del contenedor y ya está. Los vi". Una vez filmó a tres muchachos pasándose "la pipa" de pasta base a pleno día. El video se ve en youtube si uno pone "Drogadictos a metros de la Corte Suprema Uruguay".
Javier no aparece en ese video. Igual él no lo vio ni le molesta que esté circulando. Lo que le preocupa ahora es que anoche llovió bastante y sus pocas pertenencias quedaron bajo el agua. Es uno de los tantos riesgos de vivir en la calle.
EL DETERIORO DEL PARQUE BATLLE
Territorio charrúa
Un vecino del Parque Batlle, quien prefirió no dar su nombre, se comunicó con Qué Pasa
para denunciar el estado deplorable del lugar. Allí, al igual que en varios espacios públicos de la ciudad, la indigencia sigue siendo un problema.
Según el indignado vecino, varias personas viven en el parque y lo destrozan. A veces se los expulsa, pero a los días están de nuevo. Incluso existe un grupo emblemático, conocido en el barrio como "Los Charrúas". Se ganaron este apodo porque literalmente "viven de la caza, la pesca y la recolección", dice el vecino. El grupo acampa durante la noche, fogata incluida, en uno de los canteros de la calle Ricaldoni y Brito del Pino, frente a la sede del municipio CH.
El lunes, Qué Pasa recorrió el parque y, si bien no encontró a Los Charrúas, encontró sus tolderías. Hay al menos 10 refugios precarios en el parque, la mayoría debajo de árboles. Allí se ven cartones, mantas, bolsas o cualquier otro material que pueda dar cobijo de las inclemencias de la noche.
Eleonora Bianchi, directora del departamento de Acondicionamiento Urbano de la Intendencia, dice que está prohibido dormir en los espacios públicos de la ciudad y que, en caso de detectarse algún caso, debe denunciarse ante la Inspección General de la intendencia, que retirará a la persona y la llevará a un refugio. Pero esto no siempre se cumple.
Los indigentes no son el único problema del Parque Batlle y tampoco los culpables de su abandono. Hay basura, sobretodo en las zonas del estadio y el velódromo, y muchas papeleras están rotas o desaparecieron. Con el último temporal se cayeron varios árboles, cuyos restos aún no fueron retirados. La iluminación es otro problema: muchos focos no funcionan y otros fueron removidos, pero nunca repuestos. Según el vecino del parque, este desamparo lleva a que de noche se convierta en una zona roja, con delincuentes y prostitución. (Francisco Marques)