Pilar Bonet, El País de Madrid
Los canales estatales de televisión, que vetan de sus pantallas a los líderes de la oposición liberal, dan al líder populista Vladimir Zhirinovski la oportunidad de propagar sus ideas nacionalistas y antisemitas a lo largo y ancho de la geografía rusa.
Quienes lo invitan a sus programas son periodistas de prestigio, que apelan a los principios democráticos para dar tribuna al fascismo puro y duro en las horas de máxima audiencia.
En Rusia existen hoy bandas de cabezas rapadas que siembran el terror entre ciudadanos y extranjeros de aspecto no eslavo. Pese a ello, hay todavía quien festeja a este esperpéntico personaje, que además es vicepresidente de la Duma, la cámara baja del Parlamento. Rusia Unida, el partido gubernamental, que tiene mayoría en el Legislativo, le considera incluso un interlocutor válido y respetable hasta el punto de haber llegado a firmar un "pacto antifascista" con el partido de Zhirinovski en febrero. Y eso no es nada, Días atrás, en vísperas de su cumpleaños 60, Zhirinovski fue condecorado por el presidente ruso, Vladímir Putin, con la orden "Al mérito ante la Patria".
El último escándalo protagonizado por Zhirinovski tiene que ver con una de sus recientes obras, de carácter pretendidamente pedagógico, titulada Iván, oculta tu alma. En ella, Zhirinovski denuncia una supuesta conjura hebreo-estadounidense contra Rusia con tonos dignos de la propaganda hitleriana. Los judíos, según él, tienen "huesos delgados en el sentido literal de la palabra", "no han cavado trincheras ni han construido ciudades". Siempre han trabajado con la mente. Además, han acumulado "odio a distintos Estados y deseo de vengarse". Los judíos, prosigue Zhirinovski, "siempre tienen dinero", controlan "casi todos los periódicos del mundo" e "intentan imponer su ideología, que está en contra de los intereses de los demás", y "especialmente" de Rusia. Los judíos "son la nación que más se degrada", afirma Zhirinovski, y agrega: "Son pequeños y delgados. Todos malos. Calvos. Con gafas. Con mirada huidiza. Con manos temblorosas. Gastan la talla 48-50 y no más. Y en calzado, la 41-42. Tienen un montón de enfermedades. Son morenos".
Por si no bastara, el autor de este texto sostiene que, tras haber crucificado a Jesús, los judíos se transformaron en los más aguerridos luchadores contra el cristianismo, especialmente contra la fe ortodoxa, y mantienen una amplia ofensiva contra ésta, después de haber sometido ya al catolicismo y al protestantismo.
Recientemente, Zhirinovski aireó los puntos de vista expresados en Iván, oculta tu alma en el programa de debate del veterano periodista Vladimir Pozner, una de las figuras estrella de la televisión rusa. "Si en Alemania el jefe del Bundestag escribiera lo que usted ha escrito, no aguantaría ni un solo día en el Parlamento, ni uno", le espetó Ludmila Nárusova, la viuda del alcalde de San Petersburgo Anatoli Sobchak. "Alemania es un país ocupado, un país de Estados Unidos, donde todo el poder está en manos de los judíos", afirmó Zhirinovski.
Mientras Zhirinovski cosechaba aplausos y sonrisas, los noticiarios informaban de los últimos actos racistas en Rusia: en Moscú, el cantante Zaúr Tútov, que además es ministro de Cultura de la autónoma república norcaucásica de Kabardino-Balkaria, fue salvajemente golpeado por una banda de cabezas rapadas cuando aguardaba a que su hija concluyera unas clases de baile. La horda que le agredió gritaba: "¡Rusia para los rusos!"
Tútov, que es morocho, tuvo que ser operado de urgencia. Después, también en la capital, le tocó el turno al periodista de televisión Elján Mirzóyev, otro ciudadano de aspecto no eslavo, que fue golpeado en el metro. Sus agresores, calzados con botas altas, vertieron sus botellas de cerveza sobre la cabeza del periodista, mientras le explicaban que la gente como él "no debe vivir en Moscú". Luego, le golpearon con las botellas.
Según los defensores de derechos humanos, más de 40 delitos de carácter racista se han cometido en Rusia en 2006, en los cuales han resultado heridas 79 personas y seis han muerto (cinco en Moscú y una en San Petersburgo). En 2005 hubo más de 400 agresiones de este carácter. Sin embargo, a menudo estos delitos son tipificados como agresiones comunes o violencia juvenil, sin tener en cuenta su carácter racista. Así ha sucedido en el juicio contra los adolescentes acusados de haber matado a cuchilladas a una niña tayika de 9 años en 2004 en San Petersburgo. En estos días se juzga en Voronezh a los cabezas rapadas que en 2005 asesinaron al estudiante peruano Enrique Ángeles Hurtado en una agresión en la que también resultó herido un español.
Los problemas económicos y sociales, así como la emigración, constituyen un caldo de cultivo para las tendencias xenófobas y nacionalistas en Rusia. El 4 de noviembre, el país celebraba por primera vez el Día de la Unidad Popular, una fiesta con la que el Kremlin ha querido sustituir la conmemoración de la Revolución de Octubre. Con este motivo, varios miles de personas marcharon por las calles de Moscú coreando eslóganes nacionalistas y contra los forasteros y emigrantes.
El acto sorprendió a muchos por su organización y carácter masivo, habida cuenta de que los sectores liberales apenas si logran sacar a la calle a varios centenares de personas. De ahí que algunos ocurrentes politólogos rusos consideren que es más fácil encauzar el nacionalismo existente hacia personajes-payaso como Zhirinovski que arriesgarse a combatir en serio una creciente y alarmante tendencia social.